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sábado, noviembre 22, 2008

CENTROS DE DEVOCION Y SANTEROS DE CALBUCO EN 1858

CENTROS DE DEVOCION Y SANTEROS DE CALBUCO. 1858


JOSE D. MANSILLA ALMONACID

Foto: Imagen de Maria Guia. Capilla de San Rafael.
Fotografía de D. I. Vázquez de Acuña

Por orden superior, los subdelegados del Departamento de Carelmapu [Calbuco] – entre ellos Don Pedro Aguilar- oficiaron a los Inspectores de su jurisdicción para que le remitieran noticias sobre el estado de las capillas de sus distritos.

De estas comunicaciones dirigidas a Aguilar que se conservan, encontramos noticias de los edificios destinados al culto, los cementerios, las imágenes que adornaban las capillas y como valioso aporte el nombre de un imagenero local o escultor de santos del archipiélago. El catastro, muy incompleto por cierto, es interesante pues exceptuando el nombre de Antonio Toro, nombrado por Isabel Cruz de Amenábar en el prólogo de Santería de Chiloé de D. Isidoro Vasquez de Acuña1 se desconoce las identidades de la gran mayoría de estos anónimos escultores santeros en Chiloé histórico.

Centros de Devocion (Preliminar) 1858

La situación de las capillas encuestadas es como sigue:

1.- Capilla de Abtao:
Construida en 1826. Advocación: Imagen de Nuestra Señora del Rosario. El edificio tenia 24 metros de largo por 12 metros de ancho. En 1858 el Inspector del Distrito consideraba que se encontraba en buen estado, Tenía un pequeño cementerio de 25 por 20 metros.

2.- Capilla del Rosario:
La capilla tenía 25 metros de largo por 10,9 metros de ancho. Una sacristía de 3,3 por 2,5 . Poseía 4 santos. Todos tallados en madera, ignorándose su origen y quien los había tallado, El informe dice que se encontraban en buen estado: Una Nuestra Señora del Rosario, una Santa Rosa en bulto, una Nuestra Señora de las Candelarias y un San Miguel en buen estado de rostro 2.
El cementerio tenía 34 metros por 19,2 de ancho y no estaba concluido porque continuamente le estaban robando todas las estacas. Tampoco estaba bendecido. El Inspector del distrito que levantó la información fue don Bentura Bargas.

3.- Capilla de San Agustín:
La capilla tenía 21,7 metros de largo y 5.metros de ancho, a su largo habia que sumarle los 3,8.metros que ocupaba la sacristía. Tenía 5 santos: Una virgen que estaba en el altar. Una imagen de Nuestra Señora del Carmen, un Santo Cristo, un San Francisco y un San Miguel. Estas cuatro imágenes había sido fabricadas en 1840 por Don Mariano Arrisaga y se encontraban en buen estado, según lo informado por el Inspector don Bentura Villanueva.

4.-Capilla de Guar [¿Alfaro?]:
La iglesia tenía 36 metros de largo, 16 metros de ancho y 7,5 metros de alto. La sacristía 7,5 metros por 3,3 .metros. El cementerio era un cuadrado de 21 metros por 21 metros, cercado con un vallado de 3,3 metros de alto. Tenia 9 santos. La imagen mas antigua: La de nuestra señora. Se recordaba su existencia desde 1788, tenía a saber 70 años. También se reconoce la antigüedad de los santos San Francisco, 40 años; San Antonio, 40 años; San Miguel, 30 años; Nuestra Señora del Carmen 30 años; Nuestra Señora de Dolores, 13 años; Nuestra Señora del Pilar, 12 años. El informe fue del Inspector don Basilio Alvarado

5.-Capilla de Quetrulauquen:
La capilla tenía 24,2.metros de largo, 10 metros de ancho. La sacristía media 5,8 por 2,5 En su interior tenía 4 altares: El Mayor y tres en el cuerpo de la capilla. Poseía 12 imágenes: 6 vírgenes y 6 santos:
Las Vírgenes eran todas de madera: Dos fabricadas en Santiago y las otras cuatro en Ancud, de la escuela de santería chilota.
-Una nuestra Señora del Tránsito traída por D. Tomás Godoy en 1840
-Una Nuestra Señora de Purísima traída en 1838 por José Antonio Olavarría
Procedentes de Ancud eran:
-Nuestra Señora de la Candelaria, traída por Bernardo Maldonado en 1834
-Otra Imagen de Nuestra Señora de la Candelaria traída por Miguel Olavarría en 1838
-Nuestra Señora de Mercedes Traída por D. José Maria Soto.
-Nuestra Señora de Dolores traída por Agustín Almonacid en 1842
Los santos traídos desde Santiago fueron:
-Un Santo Cristo, traído por Eleuterio Maldonado en 1844
-Un San Juan traído por José María Olavarría en 1841
-Un San José traído por Maria Maldonado en 1842
Procedentes de la Santería de Ancud:
-Un San Antonio, traído por Santiago Olavarría en 1835
-Un San Juan traído por Francisco González en 1842
-Un San José traído por José Chávez en 1839.
El completo informe fue elaborado por el Inspector don Pedro Ma Olavarría.

Esta imágenes alimentaron la devoción de los fieles por siglos, presidiendo las eucaristías, los novenarios, las procesiones, las fiestas patronales.

Se constata que varias de estas imágenes pertenecían a la manifestación artística que el historiador D. Isidoro Vasquez de Acuña ha señalado como Escuela Hispano-Chilota de Santería, porque fueron realizadas por artífices chilotes.

Según el notable historiador citado, esta escuela de santería se desarrolló hasta mediados del siglo XIX cuando “los prelados emprendieron drásticas campañas” para terminar con las imágenes chilotes y reemplazarlos por la estatuaria de yeso conocida como Saint Sulpice, de factura seriada, poses almibaradas y más baratas.

La arremetida contra las imágenes de factura local se comprueba también porque en el Sínodo Diocesano de 1851 celebrado en Ancud se reglamenta sobre la vestimenta de imágenes y se ordena a los párrocos que no expongan al culto público “imágenes indecentes, imperfectas o defectuosas y que en adelante se sustituyen por otros”.

Francisco Cavada, el autor de Chiloé y los Chilotes describe que existían numerosos santeros que surtían a las capillas rurales con imágenes deformes y risibles. Y agregaba, que los obispos habán emprendido campañas para terminar con los iconos sagrados de procedencia chilote y “reemplazarlas por imágenes piadosas”

El obispo D. Ramón Angel Jara fué uno de los propiciadores del reemplazo de estas imágenes.
De igual modo ocurrió en el archipiélago calbucano cuando se creó el Obispado de Puerto Montt en 1939. Para el obispo D. Ramón Munita estas imágenes no eran de su gusto; en mas de una ocasión manifestó “que feos eran estos santos”3, y procedió a cambiarlas por rubias imágenes de yeso. También se reemplazaron los centenarios objetos utilizados para la liturgia por hojalatería más vistosa que los oscuros copones de plata.

Gracias a la tenacidad de los isleños que defendieron “la posesión de estas imágenes que, como herencia de sus antepasados” fueron preservadas en buen número y nos permiten visualizar este valioso aspecto de la cultura chiloense.

El texto de D. Isidoro Vázquez de Acuña Santería de Chiloé contiene un catastro de las imágenes que se conservan en el área de Chiloé Histórico.

Las imágenes catastradas por el autor en las capillas del archipiélago de Calbuco son:

Capilla de Alfaro: 1 crucifijo, Altura (A) 50 ctms, imagen de bulto; 1 Nuestra Señora del Rosario A: 92 cmts, imagen de vestir de candelero, cabeza de madera policromada; 1 Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, imagen de bulto, talla completa de ciprés.
Capilla de Chidhuapi: 1 crucifijo A: 32 ctms, imagen de bulto; 1 Nuestra Señora del Carmen A: 71 cmts, imagen de vestir de candelero; 1 Nuestra Señora del Rosario, imagen de vestir de cadelero con cabeza de madera policromada.
Capilla de Llaicha: 1 Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, imagen de talla
esquemática.
Capilla de Máchil:
1 Nuestra Señora de los Dolores A: 121 cmts, imagen de vestir de candelero con cabeza de madera policromada.
Capilla de San Antonio: 1 San Antonio de Padua, imagen de vestir de candelero con cabeza y manos policromadas
Capilla de San José: 1 crucifijo, imagen de bulto de talla completa encarnada y policromada; 1 Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción A: 75 cmts, imagen de vestir con cabeza de madera policromada; 1 santa no identificada de talla completa.
Capilla de San Rafael: Maria Guía A: 76 cmts, imagen de talla completa,; Nuestra Señora del Pilar, imagen de vestir con cabeza y manos encarnadas policromadas; 1 San Rafael Arcángel a: 63 cmts, imagen de bulto y talla completa con cabeza y manos de madera encarnadas y policromadas.
Capilla San Ramón: sin catastrar.
Capilla Tres Torres (Quetrulauquen): 1 nuestra Señora del Tránsito, imagen vestida semiyacente de candelero
4.

Según el completo informe de Pedro Maria Olavarría de 1858, esta imagen fué traída desde Santiago en 1840 por D. Tomás Godoy. Por lo tanto no pertenecería a la escuela chilote de santería. D. Isidoro Vasquez de Acuña manifiesta que “la cabeza y las manos son encarnadas y barnizadas al estilo de Quito”. Por lo que es posible que haya sido fabricada en la Capital de Chile por los santeros procedentes de Quito que se instalaron en Santiago en la primera mitad del siglo XIX.

La Parroquia San Miguel de Calbuco. Notas

La Parroquia San Miguel fué erigida probablemente en 1620, durante la visita pastoral del obispo D. Jerónimo de Oré con la advocación de San Miguel Arcángel, nombre con el cual se había fundado el fuerte en mayo de 1603 por Francisco Hernández Ortiz-Pizarro.

En 1793 la iglesia era “una casa que hace de iglesia, con dos puertas y cuatro ventanas, y en el cuerpo de ella; dos pilas, una bautismal y otra de agua bendita, dos confesionarios servibles.... una torre, vieja de cuatro palos, techada con paja, con dos campanas, una nueva y otra vieja, y un agujero de donde pende el badajo. Una casa de alerce de mas de cien años para guardar vela y otros instrumentos”...

...”Las imágenes que estaban en el Altar Mayor en 1793: Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora del Rosario, un San Francisco, Nuestra Señora de Guía; en el centro del Altar un Santo Cristo, un Jesús Nazareno de una vara de alto y en un nicho grande de madera la imagen de El Principe de San Miguel con su alfange y peso de balanza de plata”5.

En 1837 las imagenes que poseía para el culto eran:

-Nuestra Señora de Guía, con su corona de plata dorada. Hoy se puede ver esta imagen en la Capilla de San Rafael.
-Un niño [Dios] con su corona de plata dorada
-Una imagen de Nuestra Señora de Mercedes
-Una imagen de Nuestra Señora del Rosario
-Dos Santos Cristos de bulto
-Un Santo Cristo mediano
-Un Jesus Nazareno de una vara de alto

-Con relación al santo titular de la parroquia se constata que en 1837 tiene una espada de puño de plata. La espada actual tiene la inscripción Ejército de Chile, por lo cual estimamos que este anacronismo fué colocado entre 1826-1836 o más probablemente en 1866, cuando la iglesia fué utilizada como cuartel para los batallones venidos del norte durante la Guerra contra España.
La antigua iglesia que se encontraba en ruinas, en 1850 se estaba levantando una nueva “desde los cimientos, pero aún le faltaban los forros de la parte interior. Tenía tres naves y la suficiente capacidad para los fieles que concurrían en los dias de mayor solemnidad.”6

Mariano Arrisaga, un santero calbucano

Decíamos atrás que se desconocen las identidades de los escultores santeros de Chiloé histórico. Ya djimos más atrás que la historiadora del Arte doña Isabel Cruz de Amenábar en el prólogo del libro Santeria de Chiloé cita el nombre de Antonio Toro, único imaginero que se conocía hasta ahora. En el documento que hemos tenido en vista se señala que cuatro imágenes de la Capilla de San Agustín fueron fabricadas por Mariano Arrisaga. El calbucano Arrisaga, es entonces, uno de esos últimos imagineros que como testimonio de fé vívida y en forma netamente artesanal, quizás autodidacta, a mediados del siglo XIX aún desbastan la madera del ciprés, el notro, el avellano, para dar forma, con rústicas herramientas: cuchillos, cortaplumas, modestas gubias y usando técnicas tradicionales heredadas de sus antepasados, tallaron narices, manos, pintaron ojos y sonrisas sin edad para dar forma a esas imágenes a quienes nuestros antepasados prodigaron su fé y sus esperanzas.

Estas imágenes, hoy patrimonio cultural invaluable, -porque fueron hechas por personas imbuidas de una gran devoción- fueron eficaces instrumentos para el adoctrinamiento cristiano.
Algunas de estas imágenes de candelero se pueden encontrar en el Museo Municipal de Calbuco. En el año 2001, el Director de dicho museo obtuvo del cura párroco calbucano el préstamo en comodato de estas imágenes que estaban arrumbadas en la iglesia, las cuales hizo restaurar y que pude observar en casa del director con motivo de una citación a reunión de la inoperante Filial San Miguel de Calbuco de la Sociedad de Historia y Geografía de Chile7.

Las pocas imágenes que aún quedan en los modestos altares de las parroquias calbucanas; similares a las que se exhiben en el Museo Municipal, acompañaron a los fieles en las súplicas, en las procesiones. Son testimonios de actos de fé y también sinceras obras de arte.
***
NOTAS

1Isidoro Vázquez de Acuña: Santería de Chiloé 1994 pp. 11

2 Se constata que la capilla, la advocación a la Virgen del Rosario y el nombre del lugar existen mucho antes que la llegada de la familia de origen francés Solminiach al lugar, a quienes se le han atribuido erróneamente estos creacionismos; no considerando el nombre que deriva del bajío cercano topografiado por el piloto don José de Moraleda en el siglo XVIII.

3Testimonio de un antiguo sacerdote de la Parroquia San Miguel de Calbuco. Conversación privada.

4 I. Vázquez de Acuña: Santería de Chiloé pp. 87-151 (Extractado)

5 Cuadernos de Caicaén Nº4 Calbuco 1995 pp. 53 y ss.
6Vázquez de Acuña. Op. Cit. pp. 72

7 Digo inoperante por cuanto en dos ocasiones viajé con mi esposa más de 2800 kilómetros para asistir a las reuniones de esa organización, por el cariño y respeto que tengo por Calbuco y su gente -la Patria Verde de mi Infancia-; en las cuales a la primera reunión constitutiva me citaron a las 17:00 horas, pero la reunión empezó a las 16:00; la segunda citación era a las 13:00 de un sábado, pero se efectuó a las 11:00 porque uno de los integrantes tenía un almuerzo en La Vega al mediodía (a cuatro cuadras de distancia contra los casi 3.000 kilómetros que debí recorrer). La tercera se hizo un día viernes a las 17:00 horas y desistí asistir y marginarme por mi propio respeto.

domingo, noviembre 16, 2008

HUELLAS DE LA EVANGELIZACION JESUITA EN CALBUCO



HUELLAS DE LA EVANGELIZACION JESUITA EN CALBUCO

Muy tempranamente, -luego de autorizados a pasar a Chile en el siglo XVI–encontramos a los sacerdotes jesuitas actuar como misioneros en el archipiélago de Calbuco.

Dieciocho años después que el rey Felipe II, dispusiera el 12 de septiembre de 1590, que se dejase venir a las provincias de Chile a Religiosos de la Compañía [de Jesús] que venían “a entender de la conversión y doctrina de los indios”
[1]; arribaron a Calbuco el padre Melchor Venegas y Juan Bautista Ferrufino.

Recordemos que la avanzada jesuíta, proveniente del Callao, arribó a Chile el 11 de abril de 1593. Fundaron una casa en Santiago y desde allí, salieron a misionar por distintos lugares del territorio. Para el año 1595 el padre Luis de Valdivia llegó a la Isla Grande, hasta el caserío de Castro, entonces una docena de casas techadas de pajizo encontrando una iglesia, un convento de la Merced y dos sacerdotes.

En su afán de extender su labor misionera el Provincial Diego de Torres Bollo “decidió intentar la conquista espiritual de Chile, comenzando por las dos zona mas dificultosas, una por su sempiterno estado de guerra: Arauco, la que cometió bajo la presión de la Corona Española, el P. Luis de Valdivia, y la otra, más alejada, la Isla de Chiloé”
[2].

En octubre de 1508 se embarcaron en Concepción rumbo a Chiloé el padre Melchor Venegas, natural de Santiago y Juan Bautista Ferrufino, quien aún no terminaba sus estudios regulares.

Luego de una detención en la isla Mocha llegaron a Carelmapu en diciembre de 1608 “donde el gobernador de Chiloé D. Tomás de Olavarria, noble vascongado, y los ciento treinta soldados de aquel presidio los recibieron con salvas de artillería y mosquetería, repique de campanas y otras demostraciones de regocijo”
[3].

Un mes permanecieron los jesuitas en el fuerte San Antonio de Carelmapu y luego misionaron en la Isla Grande. En julio de 1608 expedicionaron en las otras islas incluido el Archipiélago de Calbuco

Los jesuitas Melchor Venegas y Juan Bautista Ferrufino abandonaron Chiloé en la víspera de la Navidad de 1609.

Existe testimonio de sus acciones misioneras en el archipiélago calbucano, por las cartas anuas de 1629, 1630, cuyo extracto se encuentra en la Histórica Relación del Reino de Chile de Alonso de Ovalle y que publicamos a continuación:

DE LA ANUA 1629 Y 30
(...)
Dice el superior de aquella misión en un capítulo de una carta, que hablando con un cacique del partido y fuerte de Calbuco y reprendiéndole el poco cuidado que tenían en aprender las cosas de Dios, le respondió con gran sentimiento: "Padre, no te espantes que olvidemos los misterios de la fé, pues entre tanta gente apenas nos cabe oir una sola vez la doctrina cristiana en cincuenta años, y si los españoles las oyen tantas veces y apenas la saben, o a lo menos hacen muchas cosas contrarias a lo que nos enseñas, ¿qué mucho que nosotros, oyéndolas tan a deseo, no las sepamos bien y faltemos muchas veces?. En esta misma carta concluye el padre pidiendo ahincadamente le socorra con sujetos a propósito para llevar tan grande carga: "Plu(g) uiese, dice, a la divina bondad, por la preciosa sangre de Jesucristo, nos aumentes los obreros inconfusibles de la Compañia en esta tierra triste, donde tan extrema necesidad hay de su fervorosa ayuda y en especial en este partido de Calbuco, que es excelente asiento y está en comedio para acudir a los españoles y en especial a los indios, tan faltos de quien se duele de sus pobres almas, enderezándolas al cielo". Confío en la divina providencia ha de socorrer el desamparo desta miserable gente, enviándol(e)s los obreros que les ayuden a conseguir su salvación.

pp. 416a
(...)
En la misión que los padres hicieron a los indios de Calbuco y sus islas, inmediatamente después de aquel espantoso temblor de que ya se ha dado noticia a vuestra paternidad, hallaron a estos indios muy temerosos, sin saber que habían de hacer y en había de parar tanto enojo como a su parecer mostraba Nuestro Señor, y preguntaba (n) a los padres, como a quien lo sabría, si había de salir el mar o abrirse la tierra para tragarlos. Fueles esta buena disposición de notable consuelo y fundaron en ella la (s) esperanzas de muy colmado fruto. Y así, tomando ocasión de lo que ellos decían, se les díó a entender que era castigo de Dios, que justamente estaba enojado por sus pecados y que si no los confesaban los castigaría sin duda con mayor rigor, echando sus almas al infierno. Fue Dios servido que por este medio se cogiese más fruto de esta misión que de muchas que se les han hechos de algunos años a esta parte; porque siendo así que su mayor pecado; y más frecuente, es el común de la torpe comunicación con las mujeres, muchos las dejaron, y los más, casándose con sus amigas, quedaron en buen estado. Todos prometieron de hacer iglesias, en cada isla de suya, y rogaron a los padres que les visitasen frecuentemente, porque sola su vista los consolaba; prometiéronlo así y, por estar ya los indios para salir a una maloca, los despidieron con su bendición.
(...)
Antes que saliesen de Calbuco tuvieron aviso los padres que un indio se moría en la isla más remota, y pedía confesión; fueron allá y halláronle con mala disposición, por tener mal trato con dos mujeres; mas, movido de Dios y de los consejos de los padres, las mandó a llamar y con un despego cristiano las ordenó que luego saliesen de su casa, y suplicó al padre lo ejecutasé; hízose así y con grandes ansias se confesó, y alentándole el padre para morir, paso a su misión dejando en su compañia un capitán español que no se hartaba de contar los fervoroso actos que hizo después que se partieron, pidiendo a Dios misericordia y su amparo a la Virgen Nuestra Señora, y así murió".

pp.426- 427

TOMADO DE: HISTORICA RELACION DEL REINO DE CHILE
por Alonso de Ovalle Roma MDCXVI Publicada por el Instituto de Literatura Chilena 1969




[1] Eduardo Tampe S.J. : La Compañía de Jesús 1993. pp.5
[2] Julio Olavarria Ávila: El primer Gobernador Vasco en Chiloé y los Jesuitas. EN: Cuadernos de Caicaén Nº 4 Calbuco 1995 pp. 39-52
[3] Pedro Lozano: Historia de la Provincia del Paraguay Libro V Capitulo IV Nº 5
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JOSE D. MANSILLA ALMONACID

martes, noviembre 11, 2008

Don JOSE RONDIZZONI: DE WATERLOO A CALBUCO



Don JOSE RONDIZZONI: DE WATERLOO A CALBUCO
En sus más de cuatrocientos años de historia, la ciudad de Calbuco ha sido visitada por exploradores, científicos, viajeros, soldados, religiosos, etc. que han dejado testimonios de su visita a través de cartas, relaciones, memorias, diarios, Estos valiosos datos son parte de las claves esenciales para conocer su historia, interpretarlas para hacer el constructo histórico de la ciudad centenaria. En esta ocasión entregamos un extracto de la Memoria Anual que el General José Rondizzoni envió al Ministerio del Interior en 1854, donde encontramos algunas notas sobre la villa de Calbuco en esa época.
General Jose Rondizzoni
pintura de Gil de Castro

Don JOSE RONDIZZONI: DE WATERLOO A CALBUCO.

En el verano de 1854 desembarca en las playas de La Vega, en Calbuco, un veterano de las guerras europeas: El General de Brigada don José Rondizzoni Cánepa quién participó bajo las órdenes de Napoleón Bonaparte en las principales batallas del gran capitán.

Italiano, nacido en Parma en 1788, ingresó muy joven al ejército francés y se encontró en la batalla de Waterloo entre los vencidos que sucumbieron después de 12 horas de lucha en Haie Sainte, lugar donde se enfrentaron 340.000 hombres, y más de 1.000 cañones en esa cruenta batalla que tuvo un saldo de 62.000 muertos. Funesta noche que significó el ocaso de Napoleón en Europa.

El soldado Rondizzoni emigró a Estados Unidos. Allí conoció a don J. M. Carrera quién lo contrató para servir en Chile con el grado Mayor. Llegó a Chile en 1817. Estuvo en Cancha Rayada, luego en Concepción, y en la Campaña para Liberar al Perú. Vuelto a Chile participó en la Campaña a Chiloé en 1826. Seguidor de Freire fue uno de los perdedores en Lircay y expulsado del ejército.

Emigró a Bolivia, Perú y El Salvador. Regresó a Chile en 1839, siendo reincorporado al ejército y ocupando diferentes cargos militares y administrativos.

En 1853 fue designado Intendente de Chiloé hasta 1855. Es en esa condición que arriba a Calbuco durante la revista general que efectuaba en la provincia a su cargo. Formaba parte del séquito que acompañó al Intendente, el gran educador don José Abelardo Núñez quien por encargo de don Faustino Sarmiento oficiaba de Visitador General de Escuelas en la provincia.

Del resultado de su visita José Rondizzoni elevó una memoria al Ministerio de lo Interior de cuya lectura hemos extraído algunas observaciones referentes a Calbuco en 1854.

NOTAS DE LA VISITA DEL INTENDENTE DE CHILOE A CALBUCO EN 1854
...
Límites, División Política, Extensión i Número de Habitantes.
....
La Provincia de Chiloé [...] Esta dividida en diez departamentos, a saber:
Ancud, Chacao, Dalcahue, Castro; Chonchi, Lemui, Achao, Quenac, Calbuco i Carelmapu.
....
Calbuco: Este departamento puede decirse que forma por sí solo un archipiélago por las muchas islas de que es compuesto. Creada con parte de su territorio la colonia de Llanquihue, ha quedado reducida a una parte de la costa firme i a las islas siguientes: Antao, Tabón, Chidhuapi, Poluque, Quenu, el Fuerte o Calbuco, Guar, San José, Jentil, Lagartija i Queullin. Linda este departamento por el Norte con el territorio de Llanquihue, por el Sur con el golfo de Ancud, por el Este con el Reloncaví i por el Oeste con el departamento de Carelmapu.
Está dividido en cuatro subdelegaciones i veinte distritos, i cuenta 8.482 habitantes correspondiéndole 411 a su cabecera o capital llamada Fuerte de Calbuco.

[Sanidad]
En general puede decirse que en Chiloé no existen enfermedades epidémicas estacionarias ni que tengan un carácter peculiar: solo existen aquellas que son naturales a la especie humana i que si toman un aspecto alarmante a la vez, es debido a la falta de recursos de la mayor parte de los habitantes i a las preocupaciones que los impelen muchas veces a atentar contra su propia existencia, creyendo encontrar en los brebajes que les preparan los machis o curanderos un alivio seguro a sus dolencias cuando solo reciben un veneno que si no les priva de la existencia alguna vez, en muchas ocasiones les acarrea dolores y padecimientos que antes no tuvieron.
Las enfermedades más reinantes son: afecciones al pecho, dolores reumáticos, asma, escrófulas i pulmonía, i en el bajo pueblo la sífilis.
Los malos alimentos, la mala disposición de las habitaciones, los trabajos penosos a que se dedican, lo mucho que se mojan, la escasez de ropa para abrigarse, la falta de medios para curarse, i mas que todo la falta de higiene en todo jénero son, a mi juicio, las causas que motivan las enfermedades de la provincia

Poblaciones
No hai mas que cuatro que son: Ancud, Calbuco, Castro i Maullín.
...
La segunda población que es Calbuco pertenece al departamento de su nombre, ha sufrido también ahora ocho meses los efectos de tan formidable elemento [el fuego, el incendio]; pero ya se han repuesto muchas de sus casas reducidas a cenizas i se tiene la consoladora idea que en uno o dos años más, habrán desaparecido enteramente los vestigios de esta calamidad. A la fecha consta esta población de 100 a 150 casas.
Sensible sobremanera es que las personas que han edificado no hubiesen preferido hacerlo en el lugar llamado La Vega, punto mas adecuado para establecer una población perfectamente delineada sin separarse de una población perfectamente delineada sin separarse de una planicie hermosa que se estiende como seis a ocho cuadras a la orilla del mar. Nada hai que sea desventajoso en este lugar para el fin indicado, i tanto por esto cuanto por que esta a mui corta distancia de la actual población es de esperar que en pocos años se formará en el un caserío que al fin venga a ser el punto principal de la población.

Industria:
La agricultura, el trabajo de la madera i la construcción de embarcaciones forman por ahora la principal industria de esta parte de Chile, i debiendo hablar de cada uno de estos ramos por separado daré principio por el primero.
Puede asentarse sin incurrir en la nota de exagerado que la agricultura en Chiloé está aún en la infancia, que no ha dado un solo paso adelante, i que por consiguiente existen los mismos usos, la misma rutina i los mismos imperfectos instrumentos de los tiempos más remotos.
El conocimiento que es necesario tener para dar impulso i vida a un trabajo en que debe fundarse casi el todo de la riqueza i bienestar futuros de estos lugares está mui lejos de estos pobres moradores que siguiendo, como se ha dicho, una mera rutina no pueden dejar hasta ahora el gualato i las lumas para emplear el arado; de cuyo instrumento, ventajas que reporta i facilidad para manejarlo serán mui pocos i aun raros los que tengan una exacta i verdadera idea.
Sin admirarse i sin compadecerse al mismo tiempo del hijo de Chiloé, nadie puede verlo rompiendo la tierra con sus propias fuerzas i levantando pedazos de ella de tres i cuatro cuartas de largo i una tercia de ancho.
Esta operación que es una de las que entran en el método de su labranza se hace para la siembra de papas, despues de haber horadado con el gualato todo el terreno en donde estas son colocadas: es dura i peligrosa a la vez por cuanto para ejecutarla se valen los hombres de las enunciadas lumas, que son de dos i media varas de largo i de seis a ocho pulgadas de grueso, apoyándolas en el estómago i dándoles con esta parte del cuerpo un violento empuje hasta hacerlos penetrar lo bastante para arrancar el césped del tamaño indicado. Llámense así porque se trabajan de la madera de este nombre.
...
[Producción Maderera]
El trabajo de la madera es el ramo que da vida i altas esperanzas de engrandecimiento al comercio de Chiloé, i sin él este sería pobre e insignificante.
Cada día va siendo mayor el número de brazos que se emplean en él i hai departamento, Calbuco por ejemplo, en que la concurrencia a las cordilleras por dos o tres veces al año es un precepto para sus habitantes que abandonan sus hogares i encargan sus pocos rurales a manos femeniles para no infringirlo, llevando consigo a sus pequeños hijos para sacar provecho de sus débiles fuerzas i para que se vayan acostumbrando a trepar las cordilleras i a mirar sin espanto i sin ningún temor los riesgos i dificultades que hai que vencer para labrar el alerce i el ciprés i conducirlo después a las playas.
General es, a no dudarlo, en la provincia el trabajo de la madera, pero se nota que hai departamentos en donde descuella más esta ocupación. En primera línea está Calbuco i le siguen Quenac, Carelmapu, Chonchi i Lemui, señalándose el primero por dar la preferencia a las tablas de alerce, el segundo por los tablones de id.; el tercero por las viguetas de id., i el cuarto i quinto por las madrinas de ciprés i tablones de ral ral.

Construcción de Embarcaciones
Este ramo de industria hace rápidos progresos: 8 o 10 años atrás no se conocían otras embarcaciones que las llamadas piraguas, cosidas con un Yerba semejante al esparto, nombrada quilineja o cuando más clavadas con clavos de madera. Su forma era igual a la de las chalupas i su tamaño algo más grande que estos. Su velamen se componía de cuatro o seis frazadas de todos colores que se unían por medio de agujas de quila al tiempo de navegar, i por amarras una soga de la misma quilineja i una piedra colocada entre dos palos semicirculares i cruzados a que dan el nombre de sacho.
En el día han desaparecido tales piraguas i en su lugar solo se ven surcar los canales de la provincia por hermosas lanchas balandras i goletas de segura i buena construcción. Sus útiles y amarras no discrepan en nada a las que usan las naves de grande calado; i si todavía existen en los departamentos del interior embarcaciones inferiores a las mencionadas, ellas con todo son incomparablemente mejores que las extinguidas piraguas.
...
Municipalidades
Hai diez en la provincia a lo que es lo mismo una en cada departamento, pero exceptuando la de Ancud, todos los demás son nominales, porque están lejos todavía d ejercer la acción benéfica que la lei les da en razón de no contar con otras entradas que las pequeñas i eventuales multas de policía que hacen exhibir los funcionarios públicos.
A esta causa, sin duda, débese atribuir el abandono que noté en la mayor parte de ellas en el acto de la visita, abandono que por algunas se llevaba hasta el estremo de no asentar sus acuerdos ni conservar un solo papel, ni menos llevar un libro de entradas i gastos.
Admirado de este estado de cosas, proveniente de la poca idoneidad de la mayor parte de sus miembros, principié porque cada ayuntamiento nombrase un secretario i tesorero i porque formase los libros necesarios para dejar constancia de sus deliberaciones i para apuntar las entradas i salidas aunque fuesen de un solo real, dándole instrucciones claras i terminantes sobre el modo de proceder i algunas reglas jenerales sobre sus importantes atribuciones i dejando al Gobernador al tiempo de separarme una orden por escrito para que de tres en tres meses pase el tesorero una razón de ingresos i egresos a fin de que se verse en este trabajo tan ensicillo i quede en aptitud de rendir la cuenta jeneral al fin del año, como está ordenado por disposiciones supremas.
Me complazco del efecto que ha surtido dicha orden, pues ya se han recibido de casi todos los departamentos la primera razón, correspondiente al primer trimestre del corriente año.
Los fondos disponibles con que cuenta en el día cada una de las municipalidades del interior son:
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Calbuco 232 pesos 37½ cts.
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En Calbuco existe de algunos años a esta parte la contribución de serenos sin que está aprobado por el Supremo ni sujeta a ningún reglamento: produce doce o quince pesos mensuales i se invierten en el pago de un sereno con tres o cuatro pesos de diferencia a favor de los fondos; i como no puede subsistir así dicha contribución, he dado ya instrucciones claras i terminantes al respectivo Gobernador para que a la mayor brevedad posible, acuerde la Municipalidad el Reglamento que convenga, según las circunstancias especiales de dicho lugar i lo remita a esta Intendencia para elevarla a ese Ministerio i recabar la sanción que corresponde.
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Cárcel de Calbuco
Es de 40 varas de largo i 9 de ancho, tiene cuatro departamentos, uno para la guardia, otro para la cárcel de hombres, otro para prisión de mujeres i otro para el despacho del Juez de primera instancia.
Todos los mencionados edificios que llevan el nombre de cárcel, han sido trabajados a espesas de los mismos habitantes, con excepción del de Chaco, que, como se ha dicho, lo ha costeado el Supremo Gobierno, invirtiendo solo trescientos pesos, bien entendido que los vecinos prestaron su cooperación, pues de otro modo no habría sido suficiente tan reducida suma.
Los reos permanecen en ellos por solo el tiempo que dura la secuela de sus causas, i una vez sentenciados estos vienen a la de esta ciudad en donde no es fácil su evasión i en donde no hai cantidad limitada, como sucede en los demás departamentos, para los gastos de su mantención.
Mientras permanecen en la de su respectivo departamento, se les asiste con tres cuartillos de real al día para su sostén, cuyo abono se les hace de tres años a esta parte para evitar que, como sucedía jeneralmente salgan fuera a trabajar como individuos particulares i obtener así el alimento que no pueden recibir de sus familias por la excesiva distancia o por la mucha pobreza. El Supremo Gobierno decreta parcialmente cantidades para este fin, cuyo gasto al año no excede de cuatrocientos pesos. Es de advertir que cuando la condena de los reos no pasa de un mes, quedan en la cárcel de su departamento hasta cumplir su término.
Esta medida ha sido tomada para no dar lugar de fuga a los criminales, la que podrían efectuar a toda hora i sin dificultad ninguna; para que alcance la suma detenida a su mantención i para que no pasen su tiempo de condena en la ociosidad, como sucedía en casi todos los departamentos por no haber trabajos públicos en que ocuparlos. El número de presos, término medio en cada cárcel, es de tres a cuatro diario.
No teniendo las Municipalidades como atender a la mejora i reparación de las precitadas cárceles, i no siendo justo que estos trabajos sigan gravitando sobre los pobres habitantes de las mismas localidades, veo que es necesario se destine del tesoro público una suma para este objeto.
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Culto
La administración eclesiástica de la provincia corre a cargo de un obispado i diez curatos. La estención i nombre de éstos es igual a los de los departamentos.
El número de capillas que tiene cada curato, a mas de la iglesia parroquial se manifiesta en el cuadro siguiente:

Curatos i capillas
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Calbuco: San Rafael, El Rosario; San Agustín, Guar; San Ramón, Máchil, Chope, Llaicha; Chidhuapi, Quenu, Tabón, Autao, Penque, San Antonio, San José, Caicaén, Challagüé, Quetrolauquén.
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Tan crecido número de iglesias levantadas por los mismos fieles revela, no obstante su construcción humilde i miserable la piedad de ellos i el grande interés que toman por los usos i prácticas de nuestra religión. En este orden reina en el corazón de todos ellos el jermen de una semilla preciosa que cultivada con esmero i cerca del obrero daría frutos los más abundantes ; pero como por desgracia existen todavía inconvenientes graves que se oponen a que se difunda la instrucción religiosa por todos los ámbitos de la provincia, resulta que la mayor parte de sus habitantes están sumidos en la ignorancia i en la posesión de creencias absurdas i supersticiosas, groseras y bárbaras, propias de la jentilidad antigua.
Para ninguna de las iglesias de que he hecho mérito, ha habido ni hay planos, presupesto ni ningún trabajo preparatorio para la construcción de ellas.
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Cementerios
Los hai, con una sola excepción, en todas las parroquias i capillas, i aun cuando los de estos últimos no pasa de ser un corral propiamente dicho, sin embargo, son de bastante conveniencia e importancia porque llenan perfectamente su objeto.
La construcción de cada uno se reduce a un cerco de madrinas, lumas o guiones, i tanto este material como la obra corre de cuenta de los vecinos, que con la mayor voluntad del mundo contribuyen, lo mismo que para la fábrica de sus capillas, unos con el contijente de maderas o especies que puedan servir para el mismo fin i otros con su trabajo personal.
Los cementerios de las parroquias contienen un espacio de terreno mucho mayor que el de los que acabo de mencionar i se conserva siempre en mejor estado. Algunos están rodeados de un tabique de tres varas de alto, pero es más jeneral el cerco que queda ya espresado.
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Puerto, astilleros i otros datos análogos.
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Estado de los puertos subalternos
El estado de los puertos de Calbuco, Castro i Chacao, que son los tres únicos habilitados para el comercio esterior, es digno de todo elogio i de cuanta recomendación se puede dar. En estos puertos sería conveniente se nombrasen subdelegados marítimos para que llevasen la estadística del movimiento i cuidasen del buen orden i arreglo.
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Importancia de cada Puerto
El puerto de Ancud es el más importante de la provincia, habiendo siempre en la bahía por término medio: diez buques cargando maderas, treinta barquichuelos ocupados en el tráfico i una multitud de embarcaciones menores. Después siguense los puertos de Calbuco, Castro, Chonchi, Maullìn, Lemui, Dalcahue, Achao, Quenac i Chacao. Siendo el primero el que esporta toda la tabla de alerce i el segundo una gran cantidad de papas, jamones, tisa i la mui apreciable i lucida madera de ral ral.
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Ramo de Fábrica
De todas las parroquias no se me ha pasado todavía dicha razón, pero como la tengo de la mayor parte de ellas i es corta la diferencia que hai entre las entradas de unas y otras, creo a propósito manifestar el valor de los recibidos en 1853
Departamentos Parroquias Valores
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Calbuco Calbuco 351
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Sorprendente es, a primera vista, la pequeñez de la entrada de dicho ramo, pero si se entiende a que una gran parte de los habitantes de Chiloé son agraciados por su conocida pobreza con la exención del derecho, se vendrá en conocimiento que no hai motivo para tal sorpresa.

Instrucción Primaria
Las escuelas fiscales están desempeñadas por preceptores que a su buena capacidad reúnen moralidad i buenas costumbres. Cuatro de estos son alumnos examinados de la Normal, i los demás son jóvenes aprovechados que han hecho sus estudios en las escuelas fiscales de Ancud. Los progresos que he notado en estas escuelas en los ramos de escritura i contabilidad son dignos de particulares elogios. No me imaginaba que en una provincia tan distante i sobre la cual hai ideas poco favorables en la capital respecto de su instrucción hubiese escuelas como las que he encontrado. En la mayor parte de ellas se llevan rejistros en que se matriculan los alumnos i se apuntan diariamente las faltas de asistencia a la escuela. Los locales en que funcionan son costeados i refaccionados periódicamente por los vecinos de las localidades respectivas; ellos también proporcionan los útiles, poniendo unos la madera i otros el trabajo personal para construirlas.
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El departamento de Calbuco que es el que tiene mas escuelas particulares es el único que menos obra en este sentido, porque todo él, sin exceptuar niños de doce años para arriba, está entregado al trabajo de las tablas de alerce i otras piezas, de suerte que sus escuelas quedan desiertas por lo menos dos veces al año.

La falta de escuelas en algunos lugares de grande población, la de ayudantes para varias de las existentes i el pequeño sueldo que gozan la mayor parte de los preceptores, son las necesidades que más se hacen sentir en el día i los que por consiguiente exigen con preferencia la atención de la supremacía. Sin dejar de dirijirme al Ministro respectivo sobre el particular, creo del caso proponer aquí los lugares, escuelas i preceptores que se hallan en el caso indicado a fin de que tenga V.S. el debido conocimiento e influya por su parte en el ánimo del Supremo Gobierno a que aplique el remedio que exijen dichas necesidades.
No he hecho mención en el capítulo que precede de la escuela de niñas establecida en el departamento de Calbuco por hablar de ella por separado. En el día se tiene cerrada i sin esperanza de volverla a abrir por no haber ninguna persona competente que quiera ponerse a su frente por el reducido sueldo de 444 pesos; i aún cuando la Municipalidad se había obligado a contribuir de sus escasos fondos con 3 a 4 pesos al mes, han sido infructuosas las diligencias que se han hecho para encontrarla. Es pues indispensable dotar esta escuela con la misma renta que la de los hombres, esto es, con 150 pesos al año, i solo así podré haber quien se resuelva a desempeñarla. U.S. sabe que Calbuco es después de Ancud la primera población de Chiloé i esto es bastante para inferir cuan necesaria es la referida escuela.
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Policía.
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En los demás departamentos de la provincia se desconoce la importante institución de serenos i vijilantes i salvo en el de Calbuco hai uno de los primeros que pronto dejara de ser único, pues reglamentándose como se debe la contribución de serenos que hai en dicho punto, producirá lo bastante para costear uno o dos mas. En los otros departamentos no hai mas policía que la que pueden ejercer los subdelegados e inspectores con arreglo a sus atribuciones, valiéndose para hacerse respetar i hacer cumplir las disposiciones i decretos anexos a este ramo de los soldados cívicos que entran de guardia.
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Alumbrado Publico
Existían faroles que se encendía en las noches "que no son de luna". Se apagaban por los fuertes y tenaces vientos que reinaban, los que penetrando por los intercisios de los faroles los apagaban. "Los vecinos colocan uno en la puerta principal de sus casas con la misma interrupción de las noches ventosas"

Caminos
A fines de 1852 se habían compuesto todos los caminos que servían de comunicación de los departamentos.
A mas de la reparación del Caicumeo i de los otros caminos vecinales i departamentales se ha compuesto por los individuos de Calbuco el de Melipulli, que conduce al territorio de Llanquihue, construyéndose puentes en todos los lugares donde había necesidad de ellos.

Guardia Cívica.
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La fuerza de los batallones de Calbuco es calculada porque parte de sus individuos han pasado a ser residentes del territorio de Llanquihue, i como esta circunstancia ha traído el desarreglo de dichos cuerpos, el Supremo Gobierno ha tenido a bien ordenar su disolución i nueva organización, para lo cual se ha nombrado ya un oficial del ejército bastante conocedor de estos lugares
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Guardias departamentales:
En cada departamento hai una guardia compuesta de un cabo i tres soldados cívicos que sirven para custodiar los presos de la cárcel, para correos, ajentes de policía i otros muchas y frecuentes ocupaciones públicas que reciben de los funcionarios respectivos, quienes para espedirse i hacer cumplir sus determinaciones tienen precisamente que valerse de ellos por falta de jendarmes u otro empleado equivalente. Siendo pues tan variadas las obligaciones que pesan sobre los individuos que cubren dichas guardias, los cuales se relevan de ocho en ocho días por no ser posible hacerlo cada veinticuatro horas, U.S. conocerá que es insuficiente su número para tantas exijencias del servicio; i en esta virtud creo de absoluta necesidad que por lo menos se compongan de cuatro soldados i un cabo, debiendo hacer presente que esta dotación es la que les dio el decreto de creación en 1843 o 1844, i que de dos años a esta parte se les ha suprimido un individuo.
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Recopilación: JOSE D. MANSILLA ALMONACID

domingo, octubre 26, 2008

VISION DE CALBUCO POR VICENTE PEREZ ROSALES


A nuestra antología de artículos sobre la ciudad de Calbuco, agregamos estas páginas extractadas del texto del Agente de la Colonización don Vicente Pérez Rosales.

Contrasta la opaca visión que el autor tuvo y escribió de Calbuco, con la acogida que los calbucanos recibieron a los primeros colonos. En su paso hacia Melipulli el transporte recaló en Calbuco. Allí las damas calbucanos ofrecieron comida y refrigerios a los futuros colonos.

Posteriormente, en pleno invierno, fueron mocetones calbucanos los que llevaron los alimentos a la instalada colonia. Pérez Rosales incluso amenazó con cárcel a los calbucanos si no conducían estos alimentos a los colonos, sin decirles incluso si se les pagaría por servicio.

Escribe D. Vicente Pérez Rosales sobre Calbuco:

Vicente Pérez Rosales: Recuerdos del Pasado
(Fragmentos)

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Nada más hermosa, fácil y segura que la navegación de los canales que median entre San Carlos de Chiloé y las tranquilas aguas del Callenel: anchura grande, fondo sobrado para toda clase de embarcaciones, ma­reas arregladas, puertos a cada paso o más bien dicho, un solo puerto continuado donde no hay más que sol­tar el ancla para estar seguro. Sólo se encuentra en el canal de Chacao una sola roca amenazadora en el paso Junta Remolinos; pero como está a la vista, y media entre ella y la costa un espacio de doce cuadras, no ofrece peligro alguno.

Quien navega por primera vez en estos canales y sus adyacentes, no puede persuadirse de que aquellas an­gostas y tranquilas vías de agua sean brazos de mar, sino profundos ríos navegables sujetos á la influencia directa de las mareas. Las pintorescas islas que estre­chan, ensanchan o prolongan esos canales, se aseme­jan a colosales copas de árboles sumergidas hasta la mi­tad en las profundidades de las aguas. Altos y apiña­dos son los bosques que las cobijan, y sólo descubre el viajero, en el perímetro de todas ellas, aisladas chozas, tal cual imperfecto sembrado y una que otra embarcación menor para facilitar él contacto entre los isleños de aquellos húmedos lugares.

Admira la situación de la aldea de Calbuco, capital del departamento del mismo nombre. Los españoles que nunca buscaron para la fundación de sus ciudades lugares accesibles al comercio y a la industria, sino lugares fortalecidos la naturaleza, eligieron para fundar a Calbuco una mezquina islita separada del continente por un brazo de mar, que más parece foso otra cosa.

Este lugarejo, lleno de desgreño y de pobreza, era lo primero que, después de pasar la peligrosa garganta de Puruñún, ofrecía la mano del hombre a la vista del viajero, asombrado de encontrar tanta miseria en medio de tan rica naturaleza. Dejando atrás este pueblo que sólo prolongaba su existencia por residir en él los subagentes de los expeditores de maderas de madera de San Carlos, los cuales recibían y acopiaban a toda intemperie en él las tablas que producían los alerces de la costa oriental del seno de Reloncaví, se entra en la hermosa bahía del mismo nombre, tan semejante a una laguna sin salida por la configuración del terreno que la rodea al norte, al oriente y al poniente, y por las pintorescas is­las que parecen cerrar al lado del sur el paso a las aguas del océano.

(Páginas 527/528)
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Llamáronme asuntos del servicio a la capital y al ausentarme, después de darle a reconocer a las autoridades chilotas, dejé haciendo mis veces en la colo­nia a don Santiago Foltz, inmigrado idóneo, prudente y entusiasta por el adelanto de lo que él llamaba con encanto su nueva patria. Júzguese de mi sorpresa, cuan­do a mi regreso, me encuentro con la colonia abando­nada; con los míseros colonos desenterrando las papas que habían sembrado para no perecer de hambre, y con mi representante detenido preso como un criminal en la inmunda cárcel de Calbuco!

He aquí lo que había ocurrido: el Gobernador de esa aldea, que especulaba en tablas como tantos otros, había ordenado al agente interino que le remitiese pre­sos a los tableros que por trabajar en los caminos de la colonia, no cumplían con los contratos que habían ce­lebrado en Calbuco. Foltz, contestó que en la colonia había jueces, y que sin el fallo de estos no consentiría que se atropellase a unos camineros contratados por mí y que tantísima falta hacían donde estaban. Furioso el Gobernador con esta negativa, señaló al mismo Foltz un plazo perentorio para ponerse en su presencia, y como ni esto pudo conseguir, le mandó arrestar con soldados y le encerró en la cárcel de Calbuco. Seme­jante atentada no sería creíble si no tuviese yo en mi poder, como tengo para atestiguar cosas increíbles, un documento parecido a este que al pie de la letra copio:

Calbuco, setiembre 1° de 1853.
El inspector Toribio Pozo en el momento que reciba es­ta orden, le ordenará al alemán Santiago Foltz que se em­barque en la balandra que al efecto mando para traerlo, y si no quisiere obedecer o tratare de resistirle, léale usted esta orden a presencia de testigos y amonéstelo a que obe­dezca, pero si persistiese en no obedecer, entonces con la gente que mando y usted mismo procedan a tomarlo por fuerza y embarcarlo amarrado. Agale saber allí que el gasto de traerlo tiene que pagarlo aquí.
RICARDES

(Paginas 538/539)
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Media entre Puerto Montt y la laguna de Llanquihue, en cuyas pintorescas márgenes tiene la colonia su prin­cipal asiento, poco trecho más de cuatro leguas, andado de sur a norte. Un costoso y bien sostenido camino ca­rretero atraviesa aquel espacio ocupando el lugar de la fangosa y primitiva senda donde perecieron los des­venturados Wehle y Lincke. Las primeras dos leguas de este trayecto, ya firmemente consolidado, tienen por base una zona de médanos y de tupidas raíces que allí llaman el Tepual. En toda esa extensión, inútil, por ahora, para los trabajos agrícolas, sólo llaman la aten­ción del viajero el aspecto lejano de la sombría selva empujada por el hacha y el fuego a más o menos dis­tancia del camino; los muchos fantasmones de troncos carbonizados que apenas se sostienen sobre sus descar­nadas raíces; los restos esqueletados de los coihues; las gigantescas bases de los alerces derribados, cuyas poderosas cepas ni el hacha ni el fuego han logrado aún destruir, y tal cual choza solitaria, punto de acopio de las maderas trabajadas en el interior del bosque y lle­vadas a hombro hasta ese cargadero. Diciembre, enero, febrero y marzo, época del corte y beneficio de las ma­deras, llaman también la atención por la multitud de gente que acude a este lugar desde las islas más lejanas del archipiélago; todos trabajan a un tiempo, todos des­calzos, y todos, mujeres, viejos y niños, cargan a hom­bro tablas, durmientes y pesadas vigas al lado de las ca­rretas alemanas de cuatro ruedas, que hacen el mismo servicio.

Termina el Tepual en el extremo de una larga e impro­visada calle de matorrales llamada Arrayán y abierta entre las corpulentas cepas de una antigua mancha de alerces. Componen el Arrayán dos largas hileras de ca­suchas cual más incómoda y de peor aspecto, pobladas por los dependientes de las casas del pueblo y por los numerosas agentes del comercio de Calbuco y de Ancud, que concurren al cambio de maderas con abundantes mercaderías y sostienen una feria activísima de cambio durante aquellos meses y en aquel singular aduar co­locado en medio de una selva. A las primeras aguas del invierno la gente se dispersa, y queda convertido aquel lugar de bullicio en un despoblado con casas durante ocho meses.

(Páginas 545/546)
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Puede decirse que no existía, antes de la fundación de la colonia más vida mercantil en las solitarias caletas del seno de Reloncaví, que aquella que le daba en los veranos la venta del alerce que se trabajaba en los bosques más inmediatos a la marina; y aún esa venta comenzaba a hacerse menos activa por falta de caminos que facilitasen la extracción de los alerces in­teriores, estando ya los de la costa enteramente ago­tados.

Llevábanse estas maderas en bongos, botes y lancho­nes en cuya construcción se empleaban costuras de es­parto en vez de clavos, al antiguo y conocido fuerte de Calbuco; este poblachón constituido en factoría de ven­tas y compras de madera por encontrarse a medio ca­mino entre el lugar de la producción y el de la expor­tación, que lo era entonces San Carlos de Ancud, arras­traba una existencia muy precaria.

En Calbuco se encontraban los dependientes y las tiendas sucursales de los almaceneros de Ancud, y co­mo el dinero no se conocía en aquellos afortunados lu­gares, habían inventado para facilitar las transacciones y las ventas al menudeo, la moneda tabla, que era entre ellos la unidad y tenía el valor nominal de un real de la antigua moneda.

En cambio de los centenares de reales-tablas que entregaba el vendedor, recibía harina, sal, ají, mucho licor, y los muy necesarios artículos ultramarinos para satisfacer las pocas necesidades de hombres que, por constitución, andaban descalzos, y que llevaban una vida muy semejante a la de los indígenas.

Con la fundación de la colonia en el mismo centro de donde se exportaban aquellas maderas que se iban a vender a Calbuco, hubo un trastorno general. Las sucursales de Ancud estacionadas en Calbuco, aban­donaron aquel lugar innecesario para venirse a esta­blecer a Puerto Montt; muchos cortadores de oficio de maderas, halagados por la presencia de un pueblo que desde sus primeros pasos ostentaba vida propia, abandonaron sus aduares por vida más civilizada, y poco a poco fueron desapareciendo los bongos y lanchones de costura, para dar lugar a hermosas balandras y en seguida a grandes embarcaciones, tanto extranje­ras como nacionales, que llegan de varios puntos a la carga de maderas a Puerto Montt.

Hasta el año 1855 necesitó la colonia, como lo hemos dicho, hasta suplementos de substancias alimenticias; y el colono, demasiado ocupado en los afanes de su trabajoso establecimiento, había olvidado el recurso de las maderas, explotadas exclusivamente por el chilote.

(Páginas 550/551/552)
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Espanto causaba el estado de abyección en que yacían sumidas las pocas familias casi perdidas en el aisla­miento, que existían en aquellos lugares, antes que el bullicio y la actividad del inmigrado llegase a turbar la modorra que las consumía. Constaba, en general, la choza de cada familia, de un solo rancho, hollinado y sucio, en cuyo centro, al ras del suelo, figuraba el hogar. Cuando el acaso había hecho brotar algunos manzanos silvestres en las inmediaciones, entonces al antiguo rancho que, como se ve, era cocina, comedor y dormito­rio al mismo tiempo, se agregaba otro, donde, al lado de algunos barriles, se veían maderos ahuecados para machacar la manzana y hacer chicha. A espaldas de es­tas habitaciones se encontraba siempre un pequeño re­tazo de terreno en estada de cultivo, en el cual, palos endurecidos al fuego y manejados siempre por la mu­jer, servían de azada y de reja para sembrar papas y habas, únicas legumbres que, llamaban la atención en­tonces. Contado era el dueño de casa que se dedicase a sembrar trigo. En la puerta del rancho, mirando a la marina, se observaban corralitos de piedra y rama, a medio sumergir, para que en las altas mareas quedase cautivo en ellos el pescado que el acaso conducía a esos lugares. Este alimento y los inagotables bancos de to­da clase de exquisitos mariscos que dejan a descubierto las aguas vivas, eran, junto con las papas y habas, la provista despensa que los sustentaba. Hasta el modo de preparar esos manjares era puramente indio, de los tiempos de la conquista. En un agujero practicado en el suelo y lleno de piedras caldeadas allí mismo por el fuego, se apilaba el marisco, el pescado, la carne (si la había), el queso y las papas, y sin más espera, tapa­do todo aquello con monstruosas hojas de pangui, lo acababan de cubrir con adobes de champas y tierra, para impedir el escape del vapor. Un cuarto de hora después, se veía a toda la familia, con su acompaña­miento obligado de perros y cerdos, rodear aquel hu­meante cuerno de abundancia, en el cual cada uno, por su parte, metía la mano y comía, soplándose los dedos, hasta saciarse.

Llegada la noche, padre, madre, hermanos, hermanas, alojados, perros y cerdos, formando un grupo compacto al amor del fuego del hogar y a raíz del suelo, dormían hasta el día siguiente, en el que se repetían los actos del anterior.

Para llenar las escasísimas necesidades del vestido, mate y cigarro, y la muy apremiante de la bebida, ocu­rrían provistos de sus hachas a los bosques de la costa, y en ellos permanecían el tiempo estrictamente necesa­rio para pagar una pequeña parte del compromiso que habían contraído con los tenderos de Calbuco, en cam­bio de las mercaderías que estos le participaban. No había, pues, un solo labrador de madera que no estu­viese por mucho tiempo adeudado, ni comprador sin quebranto, ni grandes deudas por cobrar. Consignemos por último el siguiente hecho: en aquellos lugares sólo se casaba por la iglesia aquel que ya cansado de estarlo de otro modo, quería legitimar sus hijos. Bastaba que el novio díjese a los padres de su querida que él que­ría tenerla por patrona y que ella declarase que acep­taba por patrón al pretendiente, para que en el acto se tuviesen por legítimos esposos. Este era el modo de ser y esta la cultura del chilote del seno de Reloncaví, cuya poca grata descripción acabo de hacer.

(Páginas 564/565/566)
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¿Qué mucho es que a la llegada de los emigrados a Valdivia no se encontrase en 1850, a muchas leguas de aquel pueblo, ni un solo retazo de suelo de mediano valor que podérseles ofrecer? Desgracia que estuvo a punto de repetirse en la colonia de Llanquihue y que sólo pudo precaverse en parte, pues antes de tomar posesión de los terrenos donde ahora se alza Puerto Montt, ya estaban desembarcados en aquel apartado rincón multitud de detentadores para especular con la venta de propiedades que ni en esa época les perte­necían ni nunca habían sido suyas.

No fue, pues, corta mi disgustada sorpresa cuando creyéndome, por la distancia, libre de roedores, me en­contré con una carta del Gobernador de Calbuco don José Ramírez, en la cual me decía que si quería fundar colonias en Callenel era preciso que comenzase por comprar aquel territorio, pues todo él tenía legítimos dueños. En el estado en que las cosas se encontraban, titubear era peligroso; ocurrir al Gobierno por facul­tades para comprar, moroso y de incierto resultado, y promover lítis reivindicadoras, la vida perdurable. Comencé, pues, por comprar resignado y de mi propio bolsillo, el asiento del futuro pueblo y sus más inme­diatos contornos, y adiestrado con el ejemplo y con las lecciones de la experiencia, opuse a los detentadores sus propias armas, simulando compras a los indios, supuestos propietarios del vasto territorio del Chanchan con las cuales y mediante otra contribución de seiscientos duros impuesta a mi escuálido haber, pude conjurar la tempestad.
[1]

Del propio modo se ha enajenado de tiempo atrás también, y sin que nadie lo supiese, las dilatadas playas del seno de Reloncaví con sus antojadizos ignorados fondos
[2] En la puerta de la casa del Gobernador del fuerte de Calbuco había con frecuencia cartelones que debían ser leídos por personas que sabían leer o que no llegaban ni tenían para qué llegar a ese pueblo, en los cuales se decía[3] que el terreno tal, comprendido entre los dos puntos accesibles de la costa tal y cual, con sus respectivos fondas hasta la cordillera nevada o hasta los montes altos, propiedad de don fulano de tal, iba a venderse, y para que llegue a noticia de todos, etc.

Desde el año de 1850 para adelante, las autoridades, sin tener para ello la suficiente autorización, comenzaron a suscitar embarazos a la adquisición de propiedades cuyos vendedores no exhibían títulos escritos y atendibles; y éste fue uno de los más poderosos motivos de aquella cruda guerra que se declaró por muchos vecinos a la inmigración. Sin ella, los terrenos fiscal les correspondían sin disputa; con ella, se les tiraba despojar de lo que ya juzgaban suyo.

(Paginas 569/570)

TOMADO DE:
VICENTE PEREZ ROSALES:
RECUERDOS DEL PASADO (1814-1860).
Editorial Francisco de Aguirre. Buenos Aires-Santiago 1971 32+650 pp.


[1] Véase carta del gobernador de Calbuco don José Ramírez, fecha 24 de setiembre de 1852, y también en el archivo de Osorno Ia escritura a que aludo extendida el siguiente año.

[2] Fondos, son todos los terrenos comprendidos entre las dos rectas paralelas y sin término conocido que parten de cada uno de los extremos de la línea que forman algún costado accesible de la propiedad, costado que se medía ya sobre la margen accesible de un río, ya sobre las playas del mar

[3] Muchos anuncios hay así. y nunca dicen de quién hubo el terreno aquel que se titula dueño, y cuando llegan a indicar algo, es para hacer mas patente el despojo.

miércoles, octubre 08, 2008

ESCUELA INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT



ESCUELA INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT

-El pasado tres de octubre de 2008 una veintena de casi legendarios ex alumnos de la Escuela Industrial de Puerto Montt, egresados hasta 1968, se reunieron en el barrio Lintz convocados para organizar la creación del Centro de Ex Alumnos de la Escuela.

-Al calor del alud de recuerdos, anécdotas, las historias de vida que se entreveraron, se establecieron los objetivos para esta convocatoria:

1º.- Propender la solidaridad entre todos sus integrantes
2º.- Establecer estrechos vínculos con los directivos, profesorado y alumnos de nuestra alma mater con el fin de coordinar tareas de apoyo, etc.
3º.- Rescatar la Historia de la Escuela Industrial (ídem del Liceo I.), las historias de vida de quienes han habitado sus aulas y talleres.
4º.- Rescatar el anecdotario de esta realidad educacional que pronto cumplirá 70 años, forjando miles de voluntades en el amor al trabajo humano, la clave de toda la cuestión social,

-Se eligió una directiva que irá plasmando los pasos a seguir: RUDY ORLANDO CARRASCO, Preside la Organización, y JOSE DOLORINDO MANSILLA, TOMAS PACHECO y HERNAN TRIVIÑO fueron designados Directores.

- Por lo pronto la Convocatoria está abierta para que los ex alumnos se integren al Centro:
-
- Contactos en este e-mail:
caicaen@ymail.com
- Categorías: a) Egresados desde 1941 a 1966; b) Egresados desde 1967 a 1992 c) Egresados desde 1993 hasta hoy.
- A esta pagina pueden enviar una pequeña biografía de 200 palabras, fotos de alumnos, cursos, de la época etc.; indicando fecha, autor de la foto, comentarios, anécdotas, noticias de otros compañeros, mensajes de búsqueda, alertas, etc. ¡BIENVENIDOS!

LA DIRECTIVA DEL CENTRO DE EX ALUMNOS DE LA ESCUELA INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT.

------------------
LA ESCUELA INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT
1941-1978
[1]

José Dolorindo Mansilla Almonacid

Industriales brindemos un himno
A esta escuela peñón de inquietud
Con sus lluvias su mar y sus vientos
Y el enigma de la Cruz del Sur

(Diego Barros Ortiz:
Himno de la Escuela Industrial de Puerto Montt)


Los rudimentos de la enseñanza de oficios industriales tienen un lejano antecedente en la transmisión de las técnicas que los sacerdotes jesuitas hicieron a aprendices criollos en las estancias y misiones que administraron hasta 1767.

En los albores de la Republica, Juan Egaña elaboró un proyecto de industrialización del país que incluía la creación de un instituto con talleres y maestros de las artes principales.

De 1822 es la data de la primera Escuela Industrial del país, que impartía estudios de química, mecánica, geografía descriptiva, industria agrícola, manufactura y aritmética mercantil. En 1849, durante el gobierno de D. Manuel Bulnes –ese gran militar que gobernó rodeado de intelectuales progresistas- se creó la Escuela de Artes y Oficios (EAO), establecimiento que prestó los más grandes servicios al desarrollo tecnológico de la incipiente industria de nuestro país. De allí surgió una pléyade de profesionales en los oficios que eran necesarios para el desarrollo y crecimiento de las actividades fabriles del Chile de la segunda mitad del siglo XIX.

Prontamente se fundaron: La Escuela Agronómica en 1851, la Escuela de Ensayadores y Mineralogía, esta última como un anexo al Liceo de la ciudad de La Serena. En santiago abrieron sus puertas los Talleres de San Vicente en el barrio Yungay, (donde hoy funciona la Universidad ARCIS), Los Salesianos de Don Bosco abrieron Escuelas Profesionales en Concepción 1887, Talca 1888 y la Gratitud Nacional en 1891.

En 1898, el Ministerio de Industria y Obras Públicas abría y organizaba las Escuelas de Artes y Oficios en Antofagasta, Copiapó, La Serena, Concepción, Linares y Temuco. La EAO y la Escuela de Ingenieros Industriales derivaron en 1952 en la Universidad Técnica del Estado (Hoy USACH), la que creó sedes regionales en las principales ciudades.

En 1937 se organiza en Chile el Frente Popular, agrupación formada por socialistas, comunistas, democráticos y la Confederación de Trabajadores de Chile, a la que después se les unió el Partido Radical. Al año siguiente esta coalición llega al poder al elegir a D. Pedro Aguirre Cerda Presidente de la República. Aguirre Cerda inició sus estudios en una pequeña escuela rural, posteriormente en el liceo de San Felpe y egresó luego del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile donde se tituló de profesor de castellano y filosofía en 1900. Cuatro años después se tituló de Abogado en la misma Universidad de Chile “La Estrella de Chile” como la cantaba D. Pablo Neruda.

Aguirre Cerda subió al poder con el lema “Gobernar es Educar”. Su pensamiento pedagógico estaba expuesto en su programa de gobierno (se comprometían los Hombres de Antes) y su discurso del 21.05.1939: “Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social con toda amplitud es necesario que sea: gratuita, única, obligatoria y laica. Gratuita, a fin de que todos los niños puedan beneficiarse de la cultura, sin otras restricciones que las que se deriven de su propia naturaleza; única, en el sentido de que todas las clases chilenas unifiquen su pensamiento y su acción dentro de las mismas aulas escolares; obligatoria, pues es deber del Estado dar a todos los miembros de la sociedad el mínimum de preparación requerido por la comunidad para la vida cívica y social…” por otro lado su programa prometía estas actualidades; “3°) En el orden educacional:

Reforma educacional en armonía con los intereses de la sociedad, incluida la educación del adulto y las escuelas complementarias; Continuidad en la educación hasta la Universidad; Gratuidad de la enseñanza en todos sus grados; La educación primaria, secundaria y técnica debe ser función del Estado; Creación de institutos y universidades del trabajo; Protección del Estado y de los municipios a los escolares indigentes, alimentación, vestuario, útiles y atención sanitaria; El maestro no puede ser perseguido por sus ideas políticas”. (Un ejemplo para los candidatos pendejos políticos de hoy)

Aguirre Cerda asciende al poder cuando el mundo esta en conflagración. Una de esas guerras mundiales a que nos desacostumbran los capitalistas, cuando se apropian con mano ajena lo que no pueden adquirir con sus propios modos de mercachilflear. Además conoció la adversidad de la naturaleza con el violento terremoto ocurrido en Chillán. En estas condiciones: Parte del país destruido por las fuerzas telúricas y los campeones del progreso del mundo tirándose bombas, exterminando judíos, cambiando las fronteras, Aguirre Cerda y el Frente Popular formado por socialistas, comunistas, radicales y democráticos idearon un vasto plan de reconstrucción que incluyó la creación de la CORFO el 29.04.1939, piedra angular del desarrollo chileno en las décadas siguientes y que duarnate la dictadura militar-empresarial iniciada en 1973, los angurrientos emprendedores de siempre se llevaron para la caja.

La CORFO fue la encargada de desarrollar y fomentar la industria nacional, en un plan de electrificación nacional, plantas refinadoras de combustible, desarrollo de la industria siderúrgica, azucarera, etc. y fue artífice en la creación por iniciativa propia o su participación en la constitución de varias otras industrias de diversos rubros, como metalúrgico, textil, distribución y generación de electricidad; farmacéutico, químico, forestal, pesquero y hotelero, ente otros.
Para hacer frente a estos desafíos se necesitaban técnicos y personal idóneo fue así como en 1941 se crearon “Escuelas de Artesanos” y “Escuelas Industriales” que tuvieron la misión de formar generaciones de trabajadores con formación técnica, el tejido social necesario para alcanzar un mejor desarrollo en el sector productivo, especialmente en el sector industrial. En fin trabajar para Chile y su gente.

La Escuela Industrial de Puerto Montt – actual Liceo Industrial- se creó el 22 de marzo de 1941 por Decreto Supremo Nº 1001 como Escuela de Artesanos de Segunda Clase. Eso significaba que los alumnos estudiaban tres años en el establecimiento. El 06 de abril de 1963 por Decreto Nº 3957 se eleva a Escuela Industrial de Primera Categoría, ampliándose los estudios a 5 años e incorporando más ramos humanistas. En 1978 es clasificado como Liceo Industrial A-27 y el Decreto 10.186 del 15.12.1981 traspasa la administración del establecimiento a la I. Municipalidad de Puerto Montt.

Su primer Director fue Don Horacio Echegoyen –nortino con presencia en Freirina, autor de un artículo sobre aprovechamiento de las aguas de los ríos nortinos que se publicó la RCHHYG. Bombero desde 1939 en la 5ª Cia de Bomberos de Santiago, donde aparece muerto en 1972.
Echegoyen fue el encargado de organizar el funcionamiento de la Escuela de Artesanos. Para ello adquirió la propiedad de Don Carlos Descouvieres –caudillo y cacique de la región- ubicada en calle Juan Egaña. La mansión de estilo clásico ocupaba toda una extensa cuadra, no muy bien delimitada por el suroeste.

La casona llamada “Palacio de las Lágrimas”, por la forma de los corta goteras, y porque allí residía un despojador de tierras, comentaban por 1959 otros en Puerto Montt, fue imagen tutelar de Puerto Montt enclavada en lo alto de una de las “Terrazas” de Puerto Montt, según la concepción urbanística de D. Juan Leonhard. La Escuela de Artesanos comenzó a funcionar efectivamente el 1º de octubre de 1943. Todos los años la Industrial se engalanaba para regalar a la ciudad su presencia de jóvenes dignos educándose en ella.

Este es el comienzo de la Historia que aquí escribiremos. Adelante. Adelante.
…………..
[1] A CONTAR DE ESA FECHA LA QUERIDA ESCUELA PASA A DENOMINARSE LICEO INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT

sábado, septiembre 27, 2008

ELIAS LAFFERTE RELEGADO EN CALBUCO EN 1930

ELIAS LAFFERTE RELEGADO EN CALBUCO EN 1930
Los compañeros terminaron en fila,
con los ojos bajos. Sus remos muestran
el sitio donde duermen en la playa.
Nadie los recuerda. Justicia.
Yorgos Seferis: Mithistórima
FOTO: Lafferte, Aguirre, Breton y Recabarren

Recuerdo una lejana tarde cuando mi abuela Victoria separó un par de esas ricas tortillas al rescoldo que preparaba—era nuestro pan diario-, las envolvió junto con otras minucias en un blanco paño hecho de saco harinero y fuimos juntos a entregarlo a un hombre que afirmado en un bote tumbado en la playa contemplaba el Mar de La Vega.

-Es un relegado comunista- , me dijo

Un relegado. Por entonces no sabía lo que eso significaba. Eran días extraños esos tiempos: Íbamos a la plaza del pueblo donde se congregaba un montón de gente, porque había un Cabildo Abierto. Después de largas colas en la Municipalidad recibíamos unos cupones que nos permitían comprar harina o azúcar en el negocio de Delfín Soto o doña Chalbita. Otro día en el mismo lugar, en brazos de mi tía Delfina o doña Olfa Soto, gran luchadora social, escuchábamos unos encendidos discursos de María de La Cruz; también veía gente con escobas en la mano que iban a esperar la llegada del candidato a presidente, Carlos Ibáñez Del Campo.

Un cuarto de siglo después, cuando se habían esfumado los años alegres de mi vida feliz, volví a encontrarme con el estigma: El Relegado. Esta vez eran los amigos José Santos, Adrián Fuentes, del Sindicato de la Construcción que eran enviados a Putre, Toconao, San Pedro.

DE EXILIOS Y RELEGACIONES

Pero ¿Quién es un relegado?

Desde al alba de la civilización, en los caso de confrontación bélica, la mayor victoria de los vencedores, consistía en expulsar de su territorio a los vencidos. Cuando el hombre se asienta en las urbes, -cuando nace la propiedad privada, se diferencian las funciones de los individuos y se regula el uso del poder- una forma de conservar ese poder, mantener el orden establecido y evitar la rebelión, lo constituyó el exilio con sus diferentes matices: el exilio forzoso (que es ineludible), el forzado (obligado), la proscripción, la deportación, el ostracismo, el confinamiento, el destierro, el transtierro, la relegación; todos estos conceptos definen el alejamiento forzado de su ciudad, de su patria por razones políticas, religiosas o sociales, etc.

Estos desplazamientos forzosos son ejecutados selectivamente a individuos y/o grupos de personas, pero no se debe confundir con los éxodos masivos de personas por razones de seguridad o conveniencia voluntaria o involuntaria como las migraciones internas o externas o los grandes desplazamientos colonizadores.

Este instrumento represivo ha sido usado masivamente en todas las sociedades y en algunos casos como el Chile reciente ha tenido efectos desintegradores desde el punto de vista social al dividir y dispersar la familia chilena.

EL EXTRAÑAMIENTO EN LA HISTORIA

Históricamente se sabe que en el siglo VIII AC. El rey asiático Tiglapileser III -que había ascendido al trono por medio de un golpe de estado-, deportaba a sus adversarios enviándolos como colonos a los límites del reino. En Grecia, esta imposición penal se conoció como ostracismo y consistía en un destierro de 10 años, sin privación de bienes y afectaba a las personas políticamente sospechosas o peligrosas para la seguridad de las ciudades-estado. Herodoto de Halicarnaso, el padre de la Historia, fue desterrado a la isla de Lemos en 499 AC por tramar una revuelta contra el tirano local Ligdanis.

En la antigua Roma la pena de extrañamiento tenía diferentes niveles. La deportación era un destierro perpetuo con ocupación de los bienes y privación de los derechos civiles. En un grado menor existía la relegación, destierro que privaba al ciudadano de sus derechos. En sus orígenes el exilio forzoso era una alternativa a la negación del agua y el fuego (aqua et ignis interdictio) símbolo de la comunión civil y se imponían por crímenes políticos y prácticas religiosas no permitidas.

A esta pena se terminó por designarla con la palabra exsilium (de exsul = desterrado). La práctica de la deportación se extendió a los pueblos romanizados. Todos los pueblos conquistadores y los gobiernos totalitarios la han practicado: Hay expulsión de judíos, moriscos, hugonotes, puritanos. En caso de cambios políticos a comunistas, anticomunistas, palestinos, etc.

En la América antigua, los incas deportaban a los pueblos que se oponían a su dominio. Estos eran enviados a los confines del imperio como colonizadores. Se conocen como mitimaes.

En la jurisprudencia hispana la relegación se cumplía en Ultramar y los relegados podían seguir ejerciendo sus profesiones bajo la vigilancia de la autoridad.

En el período hispano, en América la pena de algunos delitos era conmutada por el servicio militar en las plazas fuertes de frontera. Las plazas de Valdivia y Chiloé eran conocidas como presidios por tener soldados confinados. En el fuerte San Miguel de Calbuco en el siglo XVIII, hubo algunos extrañados provenientes de Quito y El Callao que sirven plazas de soldados. En este siglo se produce la expulsión de la orden jesuita de los dominios hispanos, hecho que produjo un notorio retraso cultural en los reinos españoles.

Durante las guerras de emancipación de la corona española, los patriotas chilenos tuvieron que refugiarse en Mendoza, donde fueron acogidos por el gran General D. José de San Martín, el cual puso en pie a la provincia mendocina, preparó un ejército de miles de hombres los que junto a los exiliados finalmente expulsaron a los realistas españoles de Chile.

La región sur, aislada, distante del centro del poder, ha sido un lugar favorito de confinamiento y relegación. Ya a mediados del siglo XIX la villa de Castro recibía una partida de opositores al gobierno de Manuel Bulnes. José Zapiola, el autor de la Canción de Yungay narra así la experiencia en su Recuerdos de Treinta Años: “Cuando en 1850, sin ser nosotros naturalistas, geógrafos, marinos, astrónomos ni ingenieros, se le ocurrió a ese gobierno hacernos emprender un viaje al interior de Chiloé, fuimos a parar a Castro...”. Zapiola, quien participó en el Combate de Bellavista –bajo las órdenes de Freire- durante la anexión de Chiloé a la República, estuvo acompañado por Eusebio Lillo, autor de la letra del Himno Nacional, quien tambien andaba “de paseo” por Chiloé.

También después de la Guerra Civil de 1891, partidarios del Presidente Balmaceda fueron enviados a la zona: El ex Ministro de Marina y pintor de las hazañas navales chilenas D. Álvaro Casanova Zenteno, sorprendido de noche gritando consignas a favor del Presidente muerto fue relegado a Puerto Montt por el presidente y contraalmirante Montt. Casanova Zenteno adquirió una goleta, la que convirtió en su hogar, navegando con su familia por las prístinas aguas del Reloncaví. Uno de sus biógrafos dice que más de alguna gota de agua salada está impregnada en sus famosas marinas. Si el pintor navegara hoy, es probable que sus pinturas estuvieran contaminadas de residuos fecales de salmones, el ordinario legado acuícola que nos han dejado los emprendedores salmoneros.

EXILIO Y RELEGACIÓN EN EL SIGLO XX

Podemos leer que en nuestro país, el exilio, la relegación han sido una constante; producto de las determinaciones arbitrarias –apoyadas en una éticamente dudosa legalidad- tomada por el administrador político de turno.

Durante el siglo XX hay tres períodos marcados por profundas crisis políticas que han enfrentado desigualmente a la sociedad chilena:

a) Entre 1927 y 1931, el general Carlos Ibáñez del Campo se ensañó por igual contra comunistas y conservadores relegándolos a remotos lugares.

b) Gabriel González Videla, quien en 1945 subió al poder en brazos del pueblo trabajador, una vez instalado en La Moneda –al igual que unos y otros- le muestra las nalgas al pueblo legalizando la relegación y el exilio con la Ley de Defensa de la Democracia, mejor conocida como La Ley Maldita
[1]. Pablo Neruda en El Canto General le dedicó estos versos con los que debe ser recordado el felón:

“…sobre la tierra mía que vendió. Cada día
Saca de sus bolsillos las monedas robadas
Y piensa si mañana venderá territorio
o sangre.
Todo lo ha traicionado.
[2]

c) Sin embargo fue durante la dictadura militar-empresarial de 1973-1989(¿?) –tan aplaudida por quienes hoy visten de demócratas y pacifistas ciudadanos- donde se produce el mayor numero de exiliados y confinados de la historia chilena.
El Golpe de Estado de los generales y almirantes, la traición de Pinochet y secuaces: sus seguidores civiles, es uno de los hechos más traumáticos que nuestro país ha vivido y la profunda división, las heridas que de tiempo en tiempo afloran en la sociedad chilena es porque no hemos sabido recabar y conocer el verdadero peso del complejo proceso del cual se ha escamoteado la justicia y se ha pretendido tender un manto de olvido para convertirnos en un país sin memoria, de zombies que “miren hacia delante”, como si detrás de nosotros no existiera Historia, traición, hipocresías, latrocinios, sufrimientos, muertes; y donde los funcionarios y seguidores del la ex UP terminan abrazados con los golpistas de ayer.

EL RELEGADO ELIAS LAFFERTE GAVINO

De nuestras lecturas por la Historia Social de Chile, emerge la figura de Don Elías Lafferte y leemos que estuvo relegado en Calbuco desde mayo de 1930 hasta agosto de 1931.

D. Elías Lafferte está improntado en la Historia de Chile, en el imaginario popular como una de esos grandes luchadores que han tratado de humanizar el mundo, que han navegado en las gruesas olas del conflicto social del lado de los desposeídos de siempre, de los trabajadores, como Recabarren, Clotario Blest, Gladys Marín.

Según Boizard, Lafferte “ante todo y sobre todo es un trabajador, un obrero legítimo, por tanto un hombre que se mueve en dos dimensiones concretas: la realidad y el profundo sentimiento humano...”
[3]

Elías Lafferte nació en Salamanca, a orillas del rio Choapa, el 19.12.1886. Antes de los 17 años ya estaba trabajando en el Ferrocarril Salitrero de Iquique; después en las oficinas salitreras, la Municipalidad de Pisagua. Activo dirigente de la clase obrera, administró el diario El Despertar de los Trabajadores en Iquique. Fundador del glorioso Partido Comunista de Chile en 1922. Senador de la República, candidato a Presidente de Chile, testigo de la Matanza en la Escuela Santa Maria de Iquique. Encarcelado, relegado, deportado en innumerables ocasiones por haber “vaciado entera su capacidad de vivir en la función revolucionaria”
[4]. Un hombre del pueblo para quien “la lucha no es un sueño dorado, ni una aspiración abstracta; es simplemente una manera de resolver los propios problemas y los de los demás”[5]

CHILE EN LOS AÑOS 1927 – 1931

La llegada a la Presidencia de la República del general Carlos Ibáñez entre 1927 hasta 1931 se enmarca dentro de los movimientos militares de 1924 y 1925 que se caracterizan por el intento de crear lo que se denominó el “Chile Nuevo”. Las preocupaciones fueron de los militares al poder político, a través de ácidas críticas a los partidos políticos tradicionales que se tradujeron en un reformismo social, laboral y económico.

En estas situaciones los militares y el mismo Ibáñez presionaron para que fuera incluido en el gabinete de D. Emiliano Figueroa, como Ministro del Interior. En abril Figueroa renunció a la presidencia, convocándose a elecciones de Presidente, resultando elegido Ibáñez, ahora ascendido a general con el 98% de los votos.

Básicamente el objetivo era “obtener un clima de orden público, es decir, condiciones que hicieran imposible la revolución social o cualquier alteración en las instituciones y valores considerados permanentes de la nación”
[6]. Se comenzó a reprimir aisladamente a los trabajadores, después la represión se fue generalizando y subiendo de grado hasta convertirse en un estado policíaco. Ibáñez suprime algunas garantías ciudadanas y comienza a perseguir, deportar y relegar ciudadanos.

Ya para este tiempo el exilio, la relegación se ha institucionalizado en el sistema legal chileno, consagrando esta práctica regresiva a estadios jurídicos primitivos, ya que va contra el derecho del individuo de fijar libremente su residencia. El Diccionario Jurídico Chileno define la Relegación como: “Es la traslación del condenado a un punto habitado del territorio de la Republica con prohibición de salir de él, pero permaneciendo en libertad”. Los grados en que esta pena se sanciona (siempre arbitraria) son 1º.- Relegación perpetua, 2º.- Relegación Mayor en su grado máximo 3º.- Relegación Mayor en su grado medio 4.- Relegación Mayor en su grado mínimo 5º.- Relegación Menor en su grado máximo 6º.- Relegación Menor en su grado medio 7º.- Relegación Menor en su grado mínimo.

ELIAS LAFFERTE RELEGADO EN CALBUCO

A fines de la década del 20, Lafferte, curtido en las luchas junto al pueblo, ocupa el cargo de Secretario General Ejecutivo de la Federación Obrera de Chile (FOCH). La represión de Ibáñez lo envió relegado a la isla de Pascua. A comienzos de enero de 1930 estaba de vuelta en el continente. Al arribo descubre que su compañera no lo ha esperado y a desertado con un mercenario de las filas enemigas.

Hay cesantía en esos días en Chile. Aprovechando que por el tiempo relegado han olvidado su nombre, regresa a trabajar a la FOCH. Lafferte con 44 años consigue un empleo en los almacenes Grace que dura pocas semanas pues lo despiden por “ser muy viejo”. Vive en casa de su madre, siendo vigilado a tiempo completo por los esbirros de Ibáñez.

En abril de 1930 es nuevamente detenido y encerrado en un calabozo de investigaciones. El mismo recordará después que conserva de aquellos días el más tenebroso de los recuerdos.

En el mes de mayo lo embarcaron para Puerto Montt.
[7] Arribó al puerto, “bajo una lluvia atroz”. Desde allí al calabozo y al día siguiente enviado a Calbuco – su lugar de relegación- en el vaporcito “Atlas”. Calbuco era entonces, según la propia descripción que hizo años más tarde: “...un puertecillo de las islas de Chiloé (sic) donde no llegan sino pequeños barcos de tarde en tarde. Casas bajas de mal unida enmaderación, veredas sin pavimento y calles golpeadas por la lluvia y por la noche, calles de barro y penumbra que meten sus pies en el mar, gente descalza con sacos de ostras y centollas, fábricas de conserva que no racionan el mal olor, mundo tímido y bovino, campesinos de agua salada; tal es Calbuco”[8]

Llovía implacablemente en las islas, Lafferte dormía en el cuartel en un camastro de corcho que le habían prestado, “comía de pensión en la casa de la mujer del cabo Furriel”. En ese lugar conoció a Valdebenito, practicante del hospital, antiguo navegante que después volvió al mar y pereció en un naufragio en el estrecho de Magallanes. Valdebenito le tendió su mano solidaria y le auxilió. Cuando Lafferte recibió su cama desde Santiago se fue a vivir en casa de una dama calbucana cuyo marido estaba preso por abigeato. Pronto se le unieron otros relegados: Salvador Ocampo, Jorge Grove, Pedro Rivas Vicuña.

Poco a poco los relegados se fueron relacionando con los aldeanos. La desconfianza se fue replegando, la gente de Calbuco comenzó a saludar a los relegados, conversar con ellos e invitarlos a sus casas de vez en cuando.

Un día el teniente de Carabineros les propuso que ayudaran a los campesinos a llenar los formularios para el primer censo agrícola que se hacia en el país
[9]. Cobraban un peso por formulario hasta que les salió como competencia un señor Alvarado que cobraba 60 centavos.

Lafferte consiguió trabajo como peón en el hospital, donde hacia de todo: “desde lavar los vidrios, hasta componer cercas y murallas caídas”. Ya por entonces los relegados gozaban de cierta consideración en el pueblo. Eran invitados a fiestas y curantos y los calbucanos no pudieron ocultar su asombro que “los feroces comunistas”, fueran personas tranquilas, bien educadas, que cantaban a la vida como ellos.
[10]

Lafferte recuerda que los isleños del pequeño caserío calbucano son hospitalarios y afectuosos. Muchos años después todavía hablaba con afecto de D. Ramón Ricardo Alvarado, caudillo conservador, quien se convierte en el mejor amigo del comunista; lo aloja en su casa varios días y lo sienta en su mesa. También visita al relegado ese chilote moreno y fuerte, D. Maximiliano Oyarzún cura del pueblo, con quien prepara Lafferte veladas y beneficios para las obras católicas.
[11]

Por acuerdo municipal, el tesorero comunal D. Julio Contreras, le dio un empleo en la Tesorería. Alguien le paso el soplo al tesorero provincial de Puerto Montt, quien se indigno porque un relegado estaba en la ventanilla atendiendo publico.

En octubre de 1930 se comenzó a preparar la celebración de la Fiesta de la Primavera, cuyo producto económico se repartía entre la Iglesia y los bomberos. Los organizadores le solicitaron ayuda a los relegados que aceptaron gustosos. Lafferte organizo un ballet humorístico y Ocampo interpreto varias piezas en su violín. Hemos encontrado una huella de la participación de Lafferte en estas actividades: En un diario El Llanquihue de 1930 leemos que para estas fiestas está integrando la Comisión de Corsos.

Los caballeros de las conferencias de San Vicente, las señoras catequistas y los miembros de la Acción Católica se sienten a sus anchas con este comunista con cara de padre mercedario, con palabra de misionero y pobreza de franciscano. Le oyen hablar tantas cosas prácticas sobre los pobres, tantas cosas dulces sobre la solidaridad, que descubren en el comunista de marras inesperadas analogías”
[12]. Cuando Teresa Ossandón, dirigente de la Juventud Católica Femenina, visita Puerto Montt y –como era su costumbre- comenzó a lanzar diatribas contra los comunistas se encontró sorprendida que las damas católicas calbucanas defendían con energía el sentido de sociabilidad de los relegados comunistas.

Los autores Barruel y Cárdenas narran una anécdota ocurrida durante la vista del Presidente Carlos Ibáñez a Calbuco en esos días: “…llega en horas previas un grupo de agentes de investigaciones para conducir a Caicaén a los relegados y mantenerlos todo el día en ese lugar mientras dure la visita de Ibáñez”, los agentes allanaron la casa donde se alojaba Lafferte y registraron sus pertenencias no encontrando elementos comprometedores, como seguramente esperaban Y agregan los autores citados: “Lo que había sucedido, era que don Elías había guardado todos sus papeles y literatura comunista detrás de un cuadro religioso, de un Sagrado Corazón, y jamás los agentes imaginaron que allí tras la imagen de Jesús estaban los documentos del relegado político”
[13].

Ibáñez arribó a Calbuco a las 10:45 de la mañana del 15.03.1931 en El Araucano procedente de Ancud. En el muelle de Calbuco –dice el diario- lo esperaba todo el pueblo: bomberos, escuelas, obreros, etc., La comitiva presidencial visitó la Escuela de Mujeres, donde una niña recitó una poesía alusiva a la llegada de S. E. Enseguida fueron al cuartel del Cuerpo de Bomberos en uno de cuyos salones se ofreció un champañazo. Pronunció el discurso de bienvenida el Alcalde D. Roberto Ditzel, saludando y congratulándose a nombre del pueblo por la visita de S. E. Finalizó su alocución enumerando las diversas necesidades que tenía la comuna. Después el Presidente visitó el hospital. Desde allí la comitiva volvió embarcarse en El Araucano donde la Marina de Chile representada por el contralmirante D. Alejandro García Castilblanco ofreció un cóctel y almuerzo a S. E. Ibáñez abordó luego el Sargento Aldea y se dirigió a Cochamó. Volvería a Calbuco en 1952 durante la campaña presidencial que lo llevó nuevamente a la Presidencia. Los chilenos, que vivimos en el país sin memoria, siempre tropezamos dos veces.

En julio de 1931, se produjeron importantes cambios en la política nacional. El pueblo estaba cansado de la dictadura y la crisis económica. La cesantía vaciaba en Santiago masas de trabajadores hambrientos con sus mujeres y sus hijos. Ibáñez viendo que tambaleaba su gobierno, volvió las cosas a un régimen constitucional. Se dictó la amnistía y los relegados fueron notificados que podían ir y venir por Chile como cualquier ciudadano.

Por la isla comenzaron a pasar los deportados de Aysén y Chiloé que regresaban a Santiago. Los calbucanos acudieron a felicitar a Grove y Lafferte, porque podían volver a sus hogares. Pero Lafferte no tenia medios con que partir. ¿Le falta dinero? El pueblo de Calbuco se lo reúne con multitudinaria generosidad... y hubiera dado el doble para que se quedara. Jorge Ditzel, propietario de los barcos que hacían el servicio entre los canales, le ofreció pasaje gratis hasta Puerto Montt. Lafferte pudo partir después de despedirse de la gente isleña, a la que había aprendido a conocer y a querer. Así cargado de esperanzas volvió a la lucha, a nuevos peligros, a nuevas deportaciones. Porque Lafferte era de esos hombres que luchan toda la vida, esos hombres que son imprescindibles.

Decíamos al comienzo de este relato que Elías Lafferte fue testigo de la Matanza en la Escuela Santa María de Iquique. El Premio Nacional de Literatura D. Miguel Varas cuenta que la primera vez que supo de la masacre fue a través de Volodia Teitelboim. En efecto Teitelboim –también Premio Nacional- es el autor de la novela Hijo del Salitre inspirada en la vida de Elías Lafferte. A través de cuatro grandes capítulos: La áspera mañana; Vamos al puerto; Sábado negro y El canto de la pampa el narrador nos introduce en las vicisitudes de la pobreza, la forja del temple acerado del luchador social en las calcinantes oficinas salitreras, para continuar en la marcha a Iquique que desemboca en la matanza, donde Elías, deambula en la multitud que será atravesada por la muerte colectiva. En esta ultima etapa del aprendizaje, el protagonista se integra a la lucha social y “se encuentra con el forjador del movimiento revolucionario y fundador del glorioso Partido Comunista D. Luis Emilio Recabarren”.

¿En algún momento de su residencia en la tierra calbucana, al calor de la lumbre en las húmedas noches isleñas, D. Elías Lafferte habrá narrado, que allá lejos en un patio escolar de Iquique, hubo dos mil quinientas miradas que fueron apagadas por la refriega?

Años después de su paso por la isla los obreros de las fábricas conserveras fundaron la primera filial de la CUTCH en Calbuco; motivados también, como Lafferte, en la búsqueda de un mejor destino colectivo.

JOSE D. MANSILLA ALMONACID.

NOTAS

[1] En este nefasto período también llegaron relegados a Calbuco. Uno de ellos D. Cruz Nievas, padre del escritor Eduardo Nievas, se enamoró de la tierra y quedose a vivir en las islas de las aguas azules.
[2] Pablo Neruda: Canto General: González Videla el traidor de Chile
[3] Ricardo Boizard: Cuatro Retratos en Profundidad. 1950 pp. 160
[4] Ricardo Boizard: op. cit. pp. 85
[5] Ricardo Boizard: op. cit. pp. 160-161
[6] Jorge Rojas F.: Ibáñez y los sindicatos 1927-1931. 1993 pp.23
[7] Elías Lafferte: Vida de un comunista pp. 219
[8] R. Boizard op. cit. pp. 131
[9] E. Lafferte op. cit. pp 219
[10] E. Lafferte op. cit. pp 220
[11] R. Boizard op. cit. pp. 132
[12] R. Boizard op. cit pp. 133
[13] Esteban Barruel y Floridor Cárdenas: Historia Cotidiana y Contemporánea del pueblo de Calbuco en el siglo XX. 2002 pp. 145