Vistas a la página totales

jueves, noviembre 08, 2012

ENRIQUE VILLARROEL, EL "TAL CHOMPA



por Rudy Orlando Carrasco

En los albores de la colonización alemana surgió un conflicto de tierras en el territorio de Melipulli. Cuando Vicente Pérez Rosales, en su calidad de Agente de la Colonización,  daba instrucciones para la formación de la  futura ciudad de Puerto Montt, se hizo presente ante él un lugareño llamado Enrique Villarroel, quien le expresó un formal reclamo porque el terreno donde se estaban realizando los trabajos para emplazar el futuro pueblo era de su propiedad, según el título que exhibió a don Vicente.

Para el Agente Pérez Rosales este tipo de problemas no eran del todo nuevo, ya en Valdivia había tenido serios contratiempos porque él no reconocía la legitimidad de los títulos que exhibían algunos valdivianos. A su juicio esto era simple apropiación de terrenos fiscales con el fin de especular en la nueva situación que se presentaba con la llegada de los colonos alemanes; de tal manera que no titubeó en  denunciar ante sus superiores que el “fantasma de los terrenos fiscales (también) alzó en Llanquihue su inoportuna y descarada cabeza”.

Pero Enrique Villarroel no se amedrentó ante la postura rotunda de don Vicente. No aceptó lo que consideraba un simple atropello y una ilegalidad, por lo que “siguió adelante y con mayor entusiasmo su obra de poseedor primitivo, bajo el amparo de la Carta Fundamental de nuestro país, y de las leyes y demás disposiciones supremas vigentes, que regían en aquel tiempo”, según nos cuenta Belisario Goycolea.

Pero, ¿qué decían los  títulos en cuestión?

Lamentablemente no hemos podido, hasta ahora, encontrar dichos documentos. Pero contamos con la interpretación de don Vicente, quien asegura que “los títulos del tal Chomba, que bien analizados adjudicaban a su feliz poseedor el derecho de una ancha faja de terrenos, que partiendo de las aguas del seno del Reloncaví, terminaba, por modestía, en el desierto de Atacama”. Es decir, una extensión que equivalía a casi todo el territorio de Chile. Recuérdese que el límite Norte del país estaba situado en el Desierto de Atacama.

¿Exagera don Vicente en sus “bien analizados” juicios sobre el caso? ¿Cómo fue posible que la autoridad competente extendiera semejantes títulos?

Recordemos que en Chile regía el Estado de Derecho y que fue el estado chileno quien se comprometió formalmente a respetar todas las propiedades del sur de Chile, mediante la firma del Tratado de Tantauco, en 1826. Por lo tanto habría que respetar todos los títulos.

Este conflicto, que en esos años fue bien conocido, también mereció un espacio en las crónicas de Belisario Goycolea, como ya hemos visto.  Y aún cuando el cronista asume la tesis de Pérez Rosales sobre el no reconocimiento de los derechos de Villarroel, consigna lo siguiente: “pero el tal título, como todos los antiguos tenía por linderos de sur a norte todo lo que la vista podía abarcar, desde las orillas riberanas hasta las más altas cumbres…”

Detengámonos en este punto del relato. Está claro que el límite de la propiedad por el lado Norte no estaba señalado, por cercos, como se supone que debiera ser; sólo dice que abarcaba “desde las orillas riberanas hasta las más altas cumbres”. ¿Y dónde estaban situadas las “más altas cumbres” cuando el lugar era observado desde “las orillas riberanas”? Al tenor del relato de Belisario Goycolea, la respuesta es clara, el terreno abarcaba desde la playa hasta el borde de la Tercera Terraza del actual Puerto Montt, lo que nos permite deducir que se trata de una distancia de un poco más de un kilómetro y medio. Pero también podría tratarse del borde de la Segunda Terraza, en ese caso la distancia hasta ese punto desde la antigua playa –sin considerar los actuales rellenos- equivale a unos setecientos metros aproximadamente. Esa sería la extensión de la propiedad en el sentido Norte-Sur.

Siguiendo con el testimonio de Goycolea , nos enteramos que la distancia del terreno en dirección Este-Oeste, comprendía, “desde el río tal a la punta más saliente…”

¿Cuáles eran esos puntos, realmente? Goycolea no lo dice, pero bien pudiera tratarse del río o estero Cayenel por el Oeste y “la punta más saliente” que estaba en el estero Pichi Pelluco, que en esos años no tenía relleno. Y eso significa una distancia de unos mil setecientos metros.

Hecho estos cálculos volvamos al relato, porque allí se nos informa que el título de Enrique Villarroel “rezaba solamente 20 cuadras”, lo que equivale a unas 30 hectáreas. Y resulta que los deslindes antes descritos, considerados hasta el borde de la Tercera Terraza, representarían unas 100 hectáreas, pero si se mide sólo hasta el borde de la Segunda Terraza, el resultado nos indica una superficie de algo más de 30 hectáreas. Dicho más claramente, nos dà las 20 cuadras que reclamaba el famoso “Chompa Villarroel.”

Respecto a la forma en que han sido descritos los deslindes de la disputada propiedad,  hay que decir que en esos tiempos aquello era una práctica habitual y que siguió utilizándose durante mucho tiempo aún. Medio siglo después de la fundación de Puerto Montt en la Capilla de Melipulli, todavía, los terrenos a orillas del mar se marcaban de esa forma. Los sitios de la calle Melipulli -nombre que en el siglo siguiente se cambió por Rosselot- tienen escrituras que indican “la playa” por límite Sur y “hasta la parte más alta del cerro”, por el lado Norte. Los títulos de propiedades adquiridas en lugares tan privilegiados como las orillas del Canal de Tenglo, señalaban límites como “un árbol grande”, en un lugar que todavía estaba lleno de árboles; o “un terreno fiscal”, donde se supone que casi todo era fiscal, salvo las propiedades de algunos chilotes que ya estaban establecidos en el lugar.

Grandes extensiones de terrenos de esta provincia fueron demarcados por “una boltea de palos”, en tiempo que voltear palos era una faena de todos los días, o por “una quema”, que también era una actividad que se practicaba a diario apenas las lluvias lo permitían. La primera propiedad vendida por los Mansilla en la Isla de Tenglo al colono Hoffman en 1859, abarcaba por el Norte, “desde la marina”, o sea la playa, “hasta el centro de la isla”.

Es decir, los límites señalados en el título del terreno en disputa, entre el fisco y Villarroel, se presentaban de acuerdo a los procedimientos y costumbres de la época, cuando en la zona no había topógrafos y era del todo imposible levantar cercos.

En el relato de Goycolea nos enteramos que “el Chompa” era “leguleyo” y que era un hombre “ducho y amigo de conservar sus papeles (los) que tenía en una caja de sus antepasados”. Esto, naturalmente no tiene nada de criticable. Pero revisando otros antecedentes nos encontramos que en septiembre de 1851 Villarroel se dirigió al Gobernador de Calbuco, reclamando por la entrada de hacheros en sus terrenos ubicados en Melipulli, en Chamiza y en Polincay. El Gobernador se declaró incompetente para tomar medidas en el asunto y evacuó el reclamo al Intendente de Chiloé, la autoridad máxima de esos tiempos, el 16 de septiembre de 1851, un año antes que aparezcan los colonos alemanes por estas tierras.

En 1855 sucede algo que tiene que ver con esta historia. En esa oportunidad la Intendencia de Chiloé, como lo hacía cada año, envía el listado oficial de propietarios de tierras del Departamento de Calbuco, a cuya jurisdicción habían pertenecido los terrenos de Melipulli y el noreste del Seno de Reloncaví, para el pago de impuestos –“el Catastro” como se le llamaba-. Y el Gobernador responde en esa oportunidad, que ahora los terrenos de Villarroel ya no pertenecen a su Departamento y deben pagar impuestos en Puerto Montt.

Pero en el pueblo recién fundado, el Agente Pérez Rosales no reconoce la legitimidad de la propiedad  del “Chompa”, al menos en lo que respecta al territorio donde se instaló el pueblo. Sin embargo Villarroel no se amedrentó “por este percance o gran desengaño, con el que veía frustradas sus ambiciones, se dirigió a Santiago, contrariando los consejos del Gobernador y Alcalde de Calbuco don José Ramírez y don Manuel Silvestre Ricardes”, según Goycolea, quien cuenta que dos meses después de lo anterior, “el Presidente don Manuel Montt y en presencia de su ministro don Antonio Varas, recibía en audiencia privada al propietario Villarroel y después de oírlo y ver sus títulos de dominio, le dijo que no tenía más derecho que a las veinte cuadras cuadradas, pero que si cuidaba y ayudaba al Agente Pérez Rosales y a los colonos, le daría una hijuela de terrenos sobrantes para cada uno de sus hijos varones, oferta que más tarde fue cumplida al pie de la letra”.

¿Qué sucedió después de esta entrevista? 

El padre José Harter, otro cronista de la colonización, nos informa que en 1857 Enrique Villarroel entabló un “pleito contra el fisco, sobre los terrenos entregados a los colonos”. Nada conocemos de los detalles de ese pleito, sólo sabemos que el 31 de marzo de 1868 –once años después- el Intendente de la provincia de Llanquihue, Felipe del Solar, hermanastro de Vicente Pérez Rosales, informaba al gobierno lo siguiente: “ Se concluyó el juicio promovido por Enrique Villarroel sobre propiedad de terrenos que componen la parte sur del departamento de Llanquihue, los cuales han sido declarado propiedad del fisco”. Habían transcurrido quince años desde el desencuentro del “Chompa” con don Vicente Pérez Rosales.

Siguiendo con la historia, un apunte del padre Harter dice que,  “en 1872 Enrique Villarroel, recibió dos retazos de terreno. El primero colindante al O. con el río Chamiza y por el N. con el río Bota Piedras; el otro colindante al E. con el río Chamiza y por el S. con el río Las Animas”.

¿Se cumplían así las promesas del Presidente Montt? ¿Eran estas las hijuelas asignados a los hijos de Villarroel? ¿O se trata de una compensación por el terreno “expropiado” en Melipulli? No lo sabemos, pero Belisario Goycolea afirma que las promesas del que a estas alturas era ya ex presidente de Chile, se cumplieron al pie de la letra.

La constitución de la propiedad de la tierra en la provincia generó conflictos que fueron advertidos a tiempo por hombres como Muñoz Gamero, Frick, Bernardo Philippi y Domeyko, este último planteó al gobierno que antes de iniciar la colonización, “la medida más esencial y urgente es la mensura”, porque no había claridad sobre los límites y sobre la extensión de las tierras fiscales que se suponían en gran abundancia. Dijo que “cualquiera sea el lugar donde se trate de establecer una colonia, hemos de topar necesariamente con propiedades ya ocupadas, con habitantes pertenecientes en cuerpo y alma a la familia chilena”. Y para ser más claro agregó: “por todo el territorio hallará el inmigrado, sino caminos, a lo menos senderos trajinados desde la conquista, y trechos de suelo desmontado”. 
 ______
N. R. Cuadernos de Caicaen sostiene la tesis que el sector donde se instalò la Colonia por Perez Rosales, estaba humanizado desde hacìa una veintena de años. En Tenglo residìa un inspector, hacia 1843 se estaba implementando la escuela de niños de Tenglo, Algunos presos fugitivos  eran despachados desde Angelmò a San Carlos, (ya por esa fecha aparece este topònimo documentalmente). En la dècada del 30, un hachero calbucano que acompañò a Muñoz Gamero en su excursion a los lagos partiò desde el lago a las 6 de la mañana, llegò a Melipulli, recogiò las vitaullas y ya estaba de regreso en el lago antes de las 8 de la noche, habiendo transitado -segun Gamero- por el camino entre estos puntos.
¿De cual habrà fumado don Vicho que viò (perdòn), escribio que solo habia selva verde impenetrable.?

miércoles, junio 01, 2011

CAROLINA TAPIA MANSILLA: PASÓ POR CALBUCO UN DIA…

Hace un año, que más de un millar de personas, familiares, amigos, compañeros, colegas, personal de la USACH; de la Mutual, de la ACHS, asistimos a la capilla del Colegio Saint John’s Villa Academy, para rendirle nuestro homenaje y adiós a CAROLINA FABIOLA TAPIA MANSILLA, ingeniero Agrónomo, egresada de la Universidad Austral de Chile, Valdivia.

Carolina falleció la mañana del 2 de junio de 2010 cerca de la ciudad de Punta Arenas, al desbarrancarse (producto de la escarcha del camino) el vehículo que conducía camino al trabajo en el humedal del Río San Juan de la reserva Laguna Parrillas, lugar de turberas y lengas de la península de Brunswick.

Carolina era funcionaria del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA Kampenaike, y estaba a cargo del Programa “Turba en Magallanes”, financiado por el Fondema en conjunto con la Universidad de Magallanes.

Su deceso, cuando todavía no frisaba los 29 años, causó una profunda consternación entre sus familiares, amigos y el mundo académico, porque Carolina, “Tawi” para sus amigos, era considerado “un angel”, por quienes la conocimos.

María de los Angeles, una de sus hermanas expresó durante el velatorio que se hizo en el Santuario Maria Auxiliadora Don Bosco en Punta Arenas: Carolina era “la mujer más bonita del mundo”, clara en sus ideales y metas, incansable espíritu de trabajo, bella como persona y su profundo amor y guía como hermana mayor.

En el responso también hablaron sus padres Alejandro Tapia y Natacha Mansilla para recordar a Carolina y agradecer la presencia de centenares de personas que acompañaron a la familia. Frases de emoción tuvo José Retamales, director del Instituto Antártico Chileno (Inach) padrino de Carolina y en cuyo hogar se hospedada en Punta Arenas.

Tal vez como mejor se conoce a una persona, es lo que de ella se dice. Sus compañeros y amigos la han recordado por su consecuencia ya que, desde muy niña, asumió una valiente actitud ecologista:

“…ejemplo de entrega y pasión por su trabajo, siempre amiga de la naturaleza”. Claudia Álvarez.

“…era una excelente persona, cálida, acogedora, gran profesional”. Fernando

“…Fue mi compañera de curso del colegio SJVA desde que éramos niñas… tengo los mejores recuerdos de su generosidad” Ximena Contreras

“…La Tawi me entregó siempre lo mejor de sí, con ternura y transparencia mágica”. Francisca Torres.

“…La Tawi…una persona tan buena, noble, transparente, sencilla y alegre…mi amiga del alma; compañera de vida, música, de aventura, de risas y penas, confidente…siempre estará en mi corazón”. Loreto Contador.

“…Amiga…se cumple un año desde tu partida y no existe día que no me acuerde de ti”. Viviana Maturana.

“…como no recordar a la Caro en nuestro colegio, caminando por los pasillos ,buscando a alguna de las profes o dejando trabajos de Arte que eran su pasión. Fuí su inspectora por mucho tiempo y compartí momentos muy lindos”. Alicia Álvarez.

…Conocí a Carolina siendo una estudiante, realizamos trabajos de educación ambiental, con estudiantes de escuelas de Valdivia...Impregnaba todo con esa enorme energía, felicidad que irradiaba con su amplia sonrisa dulce y acogedora”. Marta Cerda

Son algunas de las sencillas, pero profundas palabras que asoman cuando la conmoción nos remece.

La Corporación UTE-USACH también expresó su pesar:

“Quienes la conocimos desde niña guardaremos para siempre el recuerdo de una persona mágica y angelical, hermosa, inteligente, entusiasta y siempre activa. Vaya nuestro afecto y nuestras condolencias para Natacha, sus hijas Valeria y Maria de los Angeles y a Alejandro, padre de Carolina, también ex-estudiante de la UTE”.

Esta científica en ciernes se especializaba en el estudio de las turberas. Su memoria de titulación es referida al tema: “Crecimiento y productividad del musgo Sphagnum magellanicum Brid. en turberas secundarias de la provincia de Llanquihue”. Es co-autora además del artículo “Caracterización florística e hidrología de turberas de la Isla Grande de Chiloé, Chile” y que fue publicada en la Revista Chilena de Historia Natural.

Los profesionales y científicos que la formaron y con los cuales colaboró destacan su profesionalismo y entrega a la ciencia:

Beatriz Varela, Directora de la Carrera de Agronomía de la UACH dijo: “tremendamente afectados y tristes con lo ocurrido con nuestra querida ex alumna”.

Juan Nissen, docente del Instituto de Ingeniería Agraria y Suelos patrocinante de su tesis de grado la recordó: “Una joven excepcional como persona, alegre y apasionada de su trabajo. Ecologista y defensora incansable de los recursos naturales. Carolina disfrutaba de su trabajo, aún cuando éste se desarrollaba bajo las más adversas condiciones. Falleció haciendo lo que más le gustaba hacer, estudiar y defender el recurso de las turberas en Chile. Es así como la recordaré, … es una pérdida a la cual costará encontrar sentido y consuelo”

Según el investigador Raúl Lira ella era una persona tremendamente dedicada a su trabajo y comprometida. Al cumplirse un año de su partida, la comunidad de Punta Arenas le rendirá un homenaje a Carolina.

Carolina Tapia Mansilla estuvo ligada profundamente a Calbuco. Descendía por el lado materno de Olegario Mansilla –nuestro abuelo-, que tuvo su solar, hoy extrañamente desaparecido, en la avenida Brasil de La Vega, cerca de la Punta Aichu. Olegario casado era con Florinda, tuvieron 6 hijos: Germán profesor y notable futbolista de la Universidad de Chile; Mila, profesora, radicada en Rancagua; Susana; Santiago, profesor de Electrónica en la UTE casado con Eliana Fuentes, padres de Santiago, Natacha y Carlos. Los otros hijos de Olegario fueron Erasmo, padre de José y Norma; y Gabriel.

Santiago Mansilla y Eliana Fuentes fueron amigos entrañables del ciudadano calbucano Eduardo Mayorga y Carmen Soto. Durante la elaboración de su proyecto título, Carolina estuvo viviendo en la casa de Carmen.

La futura Agrónoma, en su trabajo cotidiano, estableció contacto con las comunidades rurales de la Provincia de Llanquihue y Chiloé. La huella de su acción está improntada en estos recuerdos de Luis Varent: “Estimada Carolina(Q.E.P.D), contribuiste a la difusión y estudio del musgo Sphagnum, las personas ligadas al agro y al musgo ponpon, te recordaremos como una persona dispuesta a colaborar y contribuir al desarrollo sustentable de esta actividad que ha ido tomando importancia sobre todo a nivel de extracción de pequeños propietarios agrícolas, un abrazo para la familia y fuerza en este difícil momento, con cariño desde Chiloé”.

Y tal vez Carolina quiso quedarse para siempre como hada de los bosques, del rio y del mar del profundo sur, aquí donde desde siglos ha caminado nuestra raza vieja; ya que su deseo fue que sus cenizas fueran esparcidas por los campos y aguas de Chiloé, por Calbuco.

Esa tarde de junio, con Jani salimos de la capilla del SJVA, caminando por los vericuetos de los jardines contemplando con otra mirada esos prados, que ella cuando niña expresaba: “me duele el pasto cuando lo cortan”. Apenas una semana atrás habíamos estado compartiendo en el cumpleaños de Natacha. Pero hoy llevábamos el corazón apretado, compartiendo una cuota de dolor con Natacha, con Eliana, la abuela eterna, con Carlos que es la roca dura y fortaleza de la familia, con Valeria y María de los Ángeles, con tíos y primos; con la dignidad y entereza que ante la adversidad siempre ha tenido la familia Mansilla/Fuentes.

Resonaban en nuestros pechos las palabras dirigidas a Natacha por su compañera en la UTE, doña Iris Aceiton:

“…Si te sirviera de consuelo decirte que fuiste para nosotros la mejor madre del mundo, que formaste las tres más hermosas princesas. Y una de ellas, la mayor, quiso navegar hacia otras galaxias. ¿Por qué tan pronto? ¡Quizás a colonizar y a sembrar de verde a otros planetas! ¡Tal vez a ofrendar su belleza, su juventud y su bondad e inteligencia a seres de otras dimensiones!

¡A lo mejor se fue detrás de la utopía inconclusa dejada por su madre y su pandilla!

Querida Natacha, ¡Cómo nos duele quererte tanto! ¡Aquí estamos! ¡Siempre, siempre estaremos!”

Por José D. Mansilla

jueves, marzo 17, 2011

OSCAR GONZÁLEZ Y EL PATRIMONIO FOTOGRAFICO DE CALBUCO

Oscar González y el patrimonio fotografico de calbuco

por JOSE D. MANSILLA A.

Mientras revisitábamos Calbuco tuvimos la fortuna de ver la muestra de Fotografía Patrimonial “IMÁGENES DE CALBUCO PARA EL BICENTENARIO”, que presentó en el Auditórium del Servicio de Salud, (allí justo frente a la más que bicentenaria Plaza de Armas) Don OSCAR GONZÁLEZ ALMONACID.

Hemos sabido desde hace tiempo del interés de este joven Ingeniero por la Historia Local, de su trabajo de recopilación y conservación de las imágenes fotográficas de nuestro terrimaritorio calbucano.

Más de tres años ha, que Oscar ha estado reuniendo pacientemente estas fotografías patrimoniales de los paisajes y gentes del profundo Calbuco. Interesante esfuerzo del compilador que no solamente hace acopio –en otras ocasiones mezquino- de estas desteñidas imágenes; sino que las rescata y devuelve a la comunidad.

La comunidad isleña a su vez ha comprendido el noble afán de Oscar González y le ha apoyado generosamente facilitándole y poniendo a su alcance sus privadas historias familiares contenidas en estos retratos. Valorable respaldo de la comunidad que confió en el uso que de estas imágenes hizo este gestor cultural. Destacamos a Mónica Araya, Alejandra Cárdenas, Sergio Vargas, Héctor González, Ramón Soto, Antonieta Torres, Renato Klenner, Patricio Vargas, Luis Cárcamo, 3ª Cía. de Bomberos, porque con su aporte se enriquece el Patrimonio Cultural Calbucano.

Oscar ha contado con el apoyo de la Agrupación ciudadana SURACTIVO, La Ilustre Municipalidad de Calbuco y el Gobierno Regional. Invaluable y valorable apoyo que creemos corresponde, especialmente que los recursos económicos para cultura de la I. Municipalidad de Calbuco apoyen las iniciativas que privilegien la difusión de Calbuco intrínseco y no las de otras latitudes, [1]

Parte de este valioso trabajo quedó improntado en la edición de un hermoso libro, donde se puede disfrutar, evocar, investigar el Calbuco que se fue. Son 64 páginas de remembranzas y añoranzas.

Nos alegramos por Oscar González. Saludamos con alegría estas venturosas propuestas . Los que deliramos por Calbuco, más que por el billete, saludamos estas felices iniciativas de los jóvenes, especialmente porque son voces, miradas nuevas, las que abren más espacios de cultura para Calbuco.


[i] No me imagino la "municipalidad de Tierra Roja" apoyando la publicación del texto “Importancia de los Chistes de Honolulú”, por mucho lobby que el honolulense haya hecho.

jueves, enero 20, 2011

OSCAR VILLEGAS BRANDAU Y LA ARAÑA GRIS DE CALBUCO

OSCAR VILLEGAS BRANDAU Y LA ARAÑA GRIS DE CALBUCO

El nombre de Oscar Orlando Villegas Brandau está asociado al deporte y especialmente la difusión y desarrollo de la cultura de Calbuco. Junto a Nievas, Vargas, Barruel, Catalán, Serrano y otros, promovieron –a través de la Agrupación Araña Gris- gran parte del quehacer cultural de los 1980’s y parte de los 1990’s.

Oscar Villegas nació en Maullín, la ciudad del río, el 22 de febrero de 1943. Su padre D. Luis Villegas fue un Practicante Médico. En 1950, don Luis se trasladó a Calbuco con su familia para trabajar en el Hospital de esta ciudad. La señora madre de Oscar es doña Cotty Brandau, “hija de colonos alemanes”, como él expresa. La familia Villegas Brandau la forman además otros seis hermanos, entre ellos Luis Villegas, quien fuera por años Secretario de la Ilustre Municipalidad de Calbuco.

Las primeras letras las aprendió Oscar en la Escuela Balmaceda y luego en el Grupo Escolar (la actual Escuela Eulogio Goycolea). Recuerda que sus profesores de Educación Básica fueron Carlos Morales Cubillos y Dagoberto Guerrero Huilquiruca.

El mismo nos dice que “deambuló por varios Liceos”: Asistió al Seminario Conciliar de Ancud, el Colegio San Francisco Javier de Puerto Montt. Años después estudió Orientación Familiar en la Universidad de Los Lagos y obtuvo un Diplomado de la misma materia en la Universidad Católica del Norte.

En su vida laboral fue Gerente de la Cooperativa de Pescadores de Calbuco hasta la extinción de esta organización en 1978. Posteriormente y hasta el presente se ha hecho cargo de una consultora que trabaja con el Ministerio de Bienes Nacionales en el saneamiento de propiedades.

Su habilidad para escribir -dice- le nació desde muy temprano. En los colegios fue siempre la persona que tomaba acta de los acuerdos y reuniones.

Cuando en 1983 surge el Boletín Literario Araña Gris –al amparo del padre Van Kessel- lo invitaron a participar como socio. Fue designado Secretario del cuerpo directivo de esa publicación. Con el tiempo llegó a ser Director de la revista por más de una década, cargo que actualmente ocupa, aunque la publicación actualmente -nos dice- se encuentra actualmente un poco “remolona”.

Araña Gris –nos comenta- nació en 1983 como un Boletín Literario mimeografiado y desde allí fue evolucionando”. El iniciador e impulsor de la revista fue Esteban Barruel. Luego Barruel se marchó de la organización, también Barruel fue el creador de la revista El Chucao. Regreso en 1991 con la propuesta de que quienes escribieran en Araña Gris fueran solo Calbucanos (sic); posteriormente volvió a marcharse. “Araña Gris ha sido la cuna de casi todos los escritores Calbucanos”, nos relata Villegas. Los integrantes de la Agrupación organizaron La Semana del Arte, La Semana Estival, Encuentros de Poesía en Puerto Montt. Participaron junto con el Arco Iris de la Poesía. Han sido invitados a la Feria del Libro Regional que organiza la Universidad de Los Lagos. Organizaron ciclos de charlas; gracias a ellos estuvieron en Calbuco los historiadores Rodolfo Urbina Burgos e Isidoro Vásquez de Acuña.

No solamente abrieron espacios para los cultores del Arte, la Pintura, la Fotografía; a artistas y escritores “consagrados”; sino que incentivaron la creación literaria en los jóvenes alumnos de las escuelas y liceos de Calbuco. Organizaron Concursos de Cuento y Poesía, crearon Talleres Literarios y publicaron esas creaciones en el Boletín. Araña Gris cumplirá en 2013, 30 años desde su aparición. Es de esperar que despierte de su letargo y comience a tejer de nuevo la trama de la cultura calbucana como en sus inicios, incorporando los creadores calbucanos de la diáspora.

Oscar Villegas incursionó en la escritura, desde la revista; escribió sobre hechos cotidianos, artículos costumbristas, nos declara. En su afán de desentrañar otras disciplinas estudió Grafología y publicó una serie de artículos e interpretaciones sobre el tema. Se atrevió a estudiar la grafía de grandes personajes; su artículo publicado en el Nº 1 de la Revista Cuadernos de Caicaén. Historia y Folklore desde las Islas: Análisis Grafológico de Violeta Parra es una notable pieza de estudio del carácter de la señora poetisa y folclorista.

De Araña Gris Oscar pasó a escribir esporádicamente como columnista en los diarios de la capital regional sobre temas de reflexión y también de contingencia diaria. Oscar participó además en el Primer Seminario de Historia de Calbuco con un excelente trabajo sobre la fauna doméstica de la isla de Calbuco.

También se destacó como un excelente deportista. Jugador de fútbol del club deportivo José Miguel Carrera. En febrero de 1989, con motivo del encuentro del Club Deportivo Rangers con la Selección Laboral de Fútbol de Calbuco que participaba en el Campeonato Nacional de esa rama, la comunidad deportiva de Calbuco lo homenajeó a estadio lleno junto a Carlos Paredes por “su corrección y caballerosidad en el campo deportivo”.

También ha incursionado en el género narrativo. Su cuento “La Vieja Tonina” fue premiado con la 1ª Mención Honrosa en el Concurso ESSAL de 1990.

JOSE D. MANSILLA ALMONACID

_______

LA VIEJA TONINA

OSCAR VILLEGAS BRANDAU

La amanecida despuntaba en el vasto horizonte, con una claridad que nada hacía presagiar, el mar agitado en esa zona no era preocupante, ya que los contrastes climáticos eran evidentes, los que se manifiestan y se hacen sentir más aún en plena mar, los son acompañados de vientos fuertes y lluvias intensas, los que hacen de las embarcaciones livianas cáscaras que son sacudidas con inusitada violencia.

La vieja barca Tonina se deslizaba sobre las crestas de las olas avanzando rumbo al puerto. En el gobierno de la embarcación, Manuel, viejo pescador crecido a la vera del mar, curtido por el aire salino y la experiencia de vivir toda una vida en el mar. La fiel embarcación, la Tonina, nombre con el cual Manuel bautizó a su vieja embarcación, simpático cetáceo delfín chileno abundante en la zona sur, como un homenaje a una vida dedicada a las faenas de pesca. Este simpático cetáceo acompaña a las embarcaciones atravesándose por la proa, en singular carrera para terminar con saltos impresionantes, verdaderas proezas de estos simpáticos y voluminosos peces, causando la admiración de quienes por primera vez observan este espectáculo de estos contorsionistas acuáticos.

La vieja Tonina, endeble barca de madera, había soportado varios años los embates de la naturaleza, sus roídos maderos tanto de la depredación de la larva, depredador de mar conocido vulgarmente en jerga marinera como la broma, carcome los maderos hasta horadarlos y traspasarlos por más volumen y espesor que esta tenga. Tenía cabina en la popa, donde se alojaba el motor propulsor, pequeña máquina con varios desperfectos en su reparación, la que a veces se negaba andar, siendo sometida a incontables reparaciones, pero siempre fiel arrastraba a la Tonina por el mar, aunque su velocidad no era de las mejores. En la proa, también tenía una pequeña cabina, que servía de abrigo para protegerse de noches de tormenta. Era notorio que la vieja y fiel embarcación necesitaba una prolija reparación para seguir prestando servicio en la dura faena de pesca.

Después de algunas horas de navegación, Manuel comenzó a sentir cansancio, el largo trajinar y los años ya hacían mella en su físico, aunque de vigorosa contextura, 1.80 de estatura, gruesas espaldas y manos callosas, vigor que ostentan todos los que trabajan en pleno contacto con la naturaleza, con sus casi 70 años los que dejaban de manifiesto en su curtido rostro y espaldas aunque poderosas, ya denunciaban una cierta inclinación. Su recia estampa contradecía con su trato hasta considerado humilde, reflejando su escasa escolaridad, ya que apenas firmaba su nombre, pero en el mar era un luchador incansable.

-Mario, ve tú al timón- Yo voy a dormir un rato, mientras llegamos a tierra. Mario acudió presuroso a tomar la caña para dirigir la embarcación, mientras fumaba su infaltable cigarrillo. Eran varias horas de navegación. La pesca de la noche había sido generosa y la bodega de la embarcación guardaba la casi tonelada de peces. Mario prendido a la caña pensaba en lo bueno de la pesca, tenía para buenos botellones, bebedor empedernido. Un hombre de físico delgado, pero firme, sus rasgos de ascendencia germana eran notorios, de voz profunda y tez rubicunda que cubría con una espesa y tupida barba, la que dejaba crecer en épocas de invierno, ya que decía: me protege del húmedo y penetrante frío sureño. Bueno para el trabajo, el que siempre cumplía a pesar de que a veces las condiciones físicas, producto de la farra,. No eran las mejores. Al borde de los cincuenta y cinco años, Mario había sido de familia acomodada hasta que el progenitor deja este mundo y el resto de los hermanos no puede continuar los negocios del padre y todo el capital invertido sucumbe y la quiebra de la empresa es inminente. Posteriormente vienen los años malos para toda la familia y muchos de estos tienen que emigrar hacia otras ciudades del país.

El tercer tripulante era Pedro, un muchacho dedicado desde temprana edad a la pesca, era amigo inseparable de Mario, ya que los dos acostumbraban a beber copiosamente, juntos habían compartido tantas jornadas de pesca, teniendo por techo el amplio cielo y la inmensidad del mar, cobijado solo por las estrellas lo que en su bajo intelecto no le daba para reflexionar sobre las constelaciones de astros que asomaban en noches estrelladas, solo ellas eran sus compañeras, como también en otras el rugido del viento y las olas los acompañaron en interminables noches de tormenta donde sus vidas fueron juguetes del destino sin conocer cuál sería el final de esta azarosa experiencia.

Mario, siempre al gobierno de la embarcación, después del séptimo cigarrillo empezó a notar que el viento comenzaba a soplar con fuerza, pero no era para preocuparse, ya que esos mares los habían navegado infinidades de veces. Pero a medida que la vieja barca avanzaba se hacía más difícil gobernarla. Se dio cuenta que el viento sorpresivo comenzaba a soplar cada vez más y más, hasta que la intensidad del ventarrón se hizo insoportable. Dos fuertes olas sacudieron a la embarcación enterrándolas en medio de ellas. Aferrándose fuerte a la caña, Mario trataba de afirmarse y enderezar su embarcación. Hasta que de pronto un sacudón estremeció los viejos maderos abriendo un forado a la altura de la quilla, comenzando a entrar agua, seguido de fuertes olas.

Un segundo sacudón sumió toda la proa de la lancha, tirando a Mario desde su posición, quién cayó al costado del puente, gritando a todo pulmón -¡Manuel, Manuel, nos hundimos! – El que dormía plácidamente, despertó sobresaltado acudiendo al puente y al asomar a cubierta se encontró con un temporal desatado y su barca a merced de las olas la que se debatía tratando de mantenerse a flote. Entre los tres hombres trataron de luchar contra la furia del temporal, mientras el rugido del viento y las olas tapaban la vieja y sufrida Tonina, hasta que pudo más el huracán, dando vueltas de campana la barca, perdiendo toda la pesca, siendo los hombres lanzados al agua, los que lucharon aferrándose a la embarcación que flotaba.

Largo rato permanecieron cogidos de los maderos de la Tonina, hasta que por fin comenzaba amainar y aquietarse las aguas, arrastrados por la corriente, horas después a la deriva llegaron a la playa completamente extenuados, después de haber permanecido aferrados por más de cinco horas a si vieja embarcación aunque herida en su vientre llegó también con ellos a tierra. El frio, cansancio y hambres se apoderaban con intensidad de cada uno. En tierra firme procedieron amarrar a la tonina, donde se encontraron con don Antonio y doña Juana, matrimonio de ancianos residentes en la isla, los que miraban con asombro la odisea vivida por los náufragos acudiendo a la orilla de la playa a recibirlos.

¡Dios mí, que suerte tuvieron!, ¿Con tan malo que estuvo el tiempo!, dijo don Antonio, mientras doña Juana también se compadecía de la suerte corrida por los pescadores: -¿Pasen, pasen, para adentro!. La cocina está encendida- .

Adentro el cálido ambiente de la cocina a leña irradiaba una atmosfera grata. Don Antonio dijo a su vieja compañera –Ya mujer, prepara algo de comer, esta gente viene muerta de hambre-. La paciente esposa preparó una rica cazuela de ave, mientras los anfitriones le prestaban ropa y secaban la que traían puesta. Esa noche fue grata y los náufragos revivieron con las exquisiteces preparadas por este humilde matrimonio.

Largas horas charlaron. Don Antonio recordó su juventud, cuando él fue sorprendido varias veces por las tormentas, quien gracias a su arrojo y valentía y más la ayuda de Dios, como decía, logró salir con vida.

-¡Ustedes vieran como soplaba el viento! - .

-¡Y las olas eran del porte de esta casa!-.

La chicha de manzana refrescaba, pero los grados de alcohol empezaban a hacer efecto en los comensales, hasta que el cansancio pudo más que la odisea vivida durante el día y agotados se fueron a la cama. Afuera la quietud de la noche estrellada contrastaba con la furia del temporal desatado en el día. El canto de un gallo anunciaba que la noche avanzaba para dar paso a los primeros rayos del alba. El suelo de los náufragos fue profundo.

Don Antonio y Doña Juana, como buenos campesinos, a las 6:30 horas de la mañana comenzaron con los primeros ajetreos del día. La tibieza del astro rey despertó a Manuel, mientras Mario y pedro aún no lo hacían de ese profundo y reparador sueño.

-Vamos muchachos, ya aclaró-

La voz de Manuel resonó en los oídos de sus compañeros que se desperezaron y levantaron.

-¡Hola, buenos días!- ¿Cómo amanecieron?. Saludó con cortesía Doña Juana, lo mismo hacia su compañero, quien llegaba desde el patio con leña entre los brazos.

-Bien, bien- Replicó Manuel, quien era el que siempre llevaba la voz en todo, ya sea para vender y vocear su mercadería, mientras Mario y Pedro solo asentían y confirmaban con un movimiento de cabeza, balbuceando en monosílabos su agradecimiento hacia este humilde matrimonio.

Después de un suculento desayuno fueron a la playa. Allí descansaba la vieja Tonina. Don Antonio proporcionó algunos materiales, los que sirvieron para que durante el día pudieran efectuar la reparación de la embarcación, la que por suerte no había sufrido un daño tan grande, quedando apta para hacerse de nuevo a la mar.

Don Antonio no quería que sus ocasionales emprendieran la marcha. Fue asi tanto su insistencia que los náufragos tuvieron que acceder a los requerimientos de esta noble familia. Ese día aprovecharon para reparar la avería de la Tonina, y el resto de la tarde para compartir hasta que los sorprendió la noche. La cena igual que la noche anterior había sido frugal, rieron gozaron de buena gana. Junto a la desgracia había nacido una hermosa amistad entre los pescadores y el matrimonio de senescentes. Esa noche se acostaron muy tarde.

Temprano a la amanecida tuvieron, una vez más, la oportunidad de compartir por última vez antes de hacerse a la mar. Debían hacerlo temprano, ya que las condiciones climáticas eran buenas y la Tonina debía navegar sin el motor propulsor, solo con el aparejo, descoloridas velas que don Antonio guardaba como un apreciado tesoro, recuerdo de su época de pescador, cuando en su bote se hacía a la mar ayudado sólo por la fuerza del viento, que inflaba las velas, y a veces los remos impulsando su bote a buen puerto para capear lo malo. De eso solo quedaba su aparejo, ya que hacía mucho tiempo que no disponían de su bote, solo aprovechaba las bajas mareas para junto a su compañera “mariscar”, dádiva generosa que la naturaleza prodigaba con abundancia en esas costas. Alimento que consumían y ahumaban, vieja costumbre ancestral, como una manera de preservar el alimento por tiempo, disponiendo así de un buen aprovisionamiento cuando las condiciones climáticas no permitían hacerlo.

Así llego la hora de emprender la marcha. Un dejo de amargura afloró en los rostros de los ancianos, mientras una lágrima escurrió por el curtido rostro de doña Juana, quizás recordando en esos instantes, la despedida de sus hijos ausentes, todos tras la largos años de permanencia en la Patagonia Argentina, ausencia que era rota de muy en tarde,

Cuando una carta traía noticias de ellos. La emoción del momento traspasó la sensibilidad de los pescadores, quienes, aunque la rudeza de su trabajo a veces no da para sentimientos, pero la grata convivencia surgida ante un drama, que afortunadamente no cobró víctimas humanas, caló muy hondo y en esos días como ellos decían, habían sentido cosas extrañas en sus cuerpos, como lo manifestaran más adelante todo el grupo.

Era la emoción vivida en los momentos de dramática experiencia, la que había tocado las fibras sentimentales y afloradas desde su interior, para darse cuenta de la magnitud de un drama que pudo tener un desenlace fatal. La sensibilidad de sus corazones fue tocada al haber visto tan cerca la muerte y que en esos momentos de hondo dramatismo cuando aferrados a su vieja embarcación, la furia de los elementos cesó para traer consigo la calma y desde la playa aparecer estos ancianos como dos hadas madrinas que venían a salvar sus vidas. Un fuerte abrazo con cada dos hadas que venían a salvar sus vidas. Un fuerte abrazo con cada uno de ellos hizo estremecer lo más hondo de sus corazones, mientras doña Juana sin poder contener las lágrimas decía:

-¡Que les vaya bien hijitos!, si alguna vez vuelven por estos lados pasen a vernos.-

Mientras don Antonio con el rostro compungido por la emoción y los pescadores trataban de hacerse los duros.

Ya en el trayecto de la navegación, después de una hora, ante un viento generoso para la navegación a vela, el sol radiante se reflejaba en el azul del mar, sólo a veces se perdía por una nube cubriendo por segundos su luminosidad. A lo lejos en el agua asomaban las cabezas de dos lobos tomando el aire necesario para luego sumergirse en busca del alimento, a su alrededor una bandada de aves acuáticas surgen después de haber ingerido su alimento.

Como siempre Manuel sacó el habla: -Verdaderamente Don Antonio Y Doña Juana se pasaron!, ¿Qué habría sido de no estar ellos?. Mario y Pedro, como siempre parcos, solo asintieron con la cabeza, pero era evidente que los momentos de emoción los había sacudido a todos, en lo más profundo.

El viaje transcurrió sin novedad, el viento favorable inflaba la vieja vela que firme al aparejo se inclinaba impulsando a la Tonina sobre el mar. Así después de navegar alrededor de siete horas, ante sus ojos asomó la puntilla del puerto. Una alegría, como nunca invadió los corazones de los pescadores. Estaban próximos a arribar. Quizás en tierra firme lo esperarían la esposa de Manuel y sus familiares de todos, pensando en que ellos traerían el sustento, dinero de la venta de la pesca, tan escaso en estos días. Llegaron a la playa. Manuel dijo –Saquemos la vela- ya que no habían salvado nada. –Mañana veremos el motor- Porque era lo más delicado del naufragio, dado que este con el volcamiento de la embarcación permaneció sumergido bajo el agua por largas horas debiendo efectuar una prolija reparación.

Descendieron todos juntos, no vivían lejos os unos de los otros. El cansancio se hacía notar y aun las huellas de la emoción se reflejaban en cada uno de ellos. En sus casas tendrían harto que contar. Como siempre, se escuchó solo la voz de Manuel al despedirse:

-¡Mañana nos vemos muchachos!-

viernes, diciembre 17, 2010

PIEDRA SOBRE PIEDRA DOCUMENTAL SOBRE CALBUCO


Foto: Manuel Lopez

Algunos años atrás el bien querido sacerdote don Antonio van Kessel, nos contaba que cuando arribó a Calbuco, traía entre sus vituallas una pequeña filmadora de cine de 8 mm., con la cual hizo algunas tomas del pueblo y sus alrededores; también algunas ocasiones festivas. El trabajo de las obreras en las fábricas de conservas, etc. La película, nos dijo el padre Antonio la envió a su congregación en Holanda donde es posible que este film se encuentre. También algunos antiguos vecinos recuerdan que el sacerdote “Hermano Canisio” filmaba escenas en la calle y alguna vez por lo menos exhibió sus películas mudas en el Cuartel de Bombas de la 1ª Compañía de Bomberos de La Vega.

Estos serían los primeros documentales sobre Calbuco del cual tenemos noticias ciertas y marcarían el inicio de los fotogramas de la memoria audiovisual de Calbuco. También es posible que existan algunos cortometrajes tomados por viajeros y turistas que pasaban por Calbuco en los buques de la carrera entre Ancud y Puerto Montt.

Los primeros trabajos audiovisuales sobre Calbuco y hechos por calbucanos están asociados a la aparición de filmadoras de vídeo a partir de los años 1980s. Algunos noveles e intuitivos realizadores como Orlando Márquez y Alejandro Vivar incursionaron en el tema de las fiestas religiosas de Calbuco. Existen trabajos realizados por Manuel López y otros de índole periodística; y un enorme repositorio en TVCal. Los temas y tomas realizados por Alberto Vásquez y J. Octavio Soto son un material digno de revisarse y aprovecharse para cualquier edición sobre Calbuco; dejando en claro que es un material de propiedad privada.

Todos estos filmes y videografías deberían ser catastrados, catalogados, conservados y depositados en algún lugar de fácil acceso, consulta y exhibición; porque ya es tiempo que los objetos y documentos que son la memoria del pueblo dejen de estar secuestrados en algunos depósitos a veces para lucro personal. Y esto no significa no reconocer autoría y derechos legales, pero hay quienes se han apropiado del patrimonio de Calbucanos incautos .

Estos esbozos, fragmentos de memoria audiovisual tienen su culminación, o mejor dicho, su inicio con la laureada obra PIEDRA SOBRE PIEDRA realizada por el documentalista PAULO VARGAS ALMONACID, que ha alcanzado renombre internacional con este importante documental.

PAULO VARGAS EL REALIZADOR

Paulo Vargas Almonacid, nace en Calbuco en 1975 –época marcada por la fanfarria cuartelera- cuando la libertad iba de huerta en huerta, escondida por los canales de este vasto paisaje entonces prisionero, con el aplauso de tanto cómplice bastardo.

Paulo habitó su infancia y primera adolescencia de juegos, silencios y esperanzas en la caleta La Vega, mítico lugar calbucano, desde donde han surgido hombres de propicioso destinar. Sus primeros balbuceos de letras, cifras e historias las realizó en la sesquicentenaria Escuela llamada hoy Eulogio Goycolea en homenaje al primer poeta calbucano y mártir de la Guerra del Pacífico.

Se empinaba en los 14 años cuando atravesó las puertas del Liceo C-37 Holanda para cursar allí sus estudios secundarios. Los años pasan, egresa del Liceo, se traslada a Valdivia para concretar su vocación: Estudiar Periodismo. Es aceptado en la Universidad Austral de Chile. Desde allí egresa el año2001 y vuelve a la isla, donde estuvo radicado, junto a Yenny Álvarez su esposa y Rayen, la hija de ambos.

En lo personal tengo una deuda muy ìntima para siempre con Paulo. Su señora madre le cerró los ojos a una pariente mía, muerta en el tiempo que yo errabundaba en otro país.

SU OBRA

Tempranamente Paulo Vargas descubre que la Historia es también ver más que leer/ escribir y comienza a utilizar el lenguaje audiovisual en sus creaciones. Su primer documental “23 de agosto de 1984” realizado en Valdivia rescata el caso de 3 ejecutados políticos ocurrido en esa ciudad a manos de la CNI, ese organismo de represión del pueblo trabajador creado por el Estado, cuyos esbirros eran pagados con el producto de nuestro trabajo durante la dictadura de generales, almirantes y empresarios. La obra obtuvo mención honrosa en el 8º Festival de Valdivia de 2001.

En el año 2002, produjo y dirigió el documental “La Ruta de San Miguel de los Indios Caciques”, donde incursionaba en una de las tradiciones estamentales religiosas más arraigadas de la identidad del archipiélago calbucano. La obra obtiene Mención del Jurado en el 3er Festival Nacional del Cortometraje en San Fernando 2002.

Integró la Comisión Municipal de Celebración del Cuarto Centenario de la ciudad de Calbuco. Allí le cupo una activa participación junto al periodista M. A. Calderón en la redacción y edición del texto: “Calbuco. Una Historia de 400 Años”.

Hombre de acción, en el año 2003, Paulo crea el mensuario “El Archipiélago”, un medio periodístico de factura pequeña, pero que se atrevió a instalar transversalmente en el seno de la sociedad calbucana los grandes temas que enfrenta la ciudad y su entorno producto de la depredación de los recursos naturales –que son propiedad de todos- y la expansión habitacional e industrial. Recordamos las ediciones dedicadas al tema de la basura residual y el impacto de la instalación de las salmoneras, con su secuela de explotación de la mano de obra, depredación y degradación ambiental resaltando “el lado oscuro del éxito” empresarial exportador.

El Archipiélago se mantuvo hasta diciembre de 2005. Fue el 2º periódico calbucano desde que desapareciera la imprenta de “El Imparcial” en 1943. Su historia, sus páginas, sus editores y colaboradores bien ameritan una monografía local.

De estos avatares Paulo Vargas se inmersa en la investigación para esta ópera magna: PIEDRA SOBRE PIEDRA.

El documental fue presentado en el Festival Interamericano de Cine de Valparaíso 2006

Obtuvo el Premio al Mejor Documental en el XVI Festival de Cine de Valdivia 2006

Seleccionado para el Festival de Cine de Viña del Mar 2006

Exhibido en la Feria Cultural de Chile en la Universidad Autónoma de Barcelona en octubre de 2006

EL DOCUMENTAL

El documental PIEDRA SOBRE PIEDRA muestra lo que fue la unión de la isla de Calbuco con el continente a través de la construcción de un pretil pedraplenado que permitió una mejor conectividad con el país continental desde la ciudad de Calbuco.

A través de testimonios de los propios agentes locales, autoridades, vecinos, lancheros, balseros; filmados en lugares reales y basado en una historia real, Paulo Vargas va desbrozando con los narradores, las dificultades de la vida isleña, los riesgos de la navegación por los golfos para conducir los alimentos y los insumos a la isla; el sueño de los Calbucanos para tener un puente sobre el estrecho canalizo de Caicaèn y que los uniera al continente para mejorar su calidad de vida y como entre gestión y gestión el Gobierno central impuso una verdadera rendición a las autoridades locales de Calbuco, en la ciudad de Santiago, planteando el señor Ministro de la época que sólo podían construir un pretil de piedras, porque Calbuco era un pueblo chico y el Gobierno no iba a invertir platas cuantiosas en este lugar.

Así comenzó la construcción de una faraónica empresa: Durante años cientos de Calbucanos recorrían las playas de bolones de Calbuco y sus costas aledañas cargando sus botes con piedras, las que iban arrojando una sobre otras en el canal, hasta que un día este pretil emergió de las aguas y pudieron pasar caminando o en vehículo desde Calbuco al continente y viceversa.

Detrás quedaron los balseros cesantes, los largos viajes a Puerto Montt en lancha, el comercio abarató sus costos, la ciudad se llenó de nuevos ruidos, ya no hubo control sobre los visitantes, que antes podían ser escrutados mientras se balseaban a la ciudad.

Sin embargo, producto que se interrumpe el trasvase de las aguas del canal por el flujo de las mareas que traían agua del Golfo oxígeno y nutrientes, las aguas cercanas al pedraplen se contaminan. Esto muestra también el Documental –esta memoria construìda a través del tiempo- que Vargas reconstruye cada vez que se proyecta. Esta representación de la realidad nos relata sin ambigüedades este episodio de “progreso” de Calbuco. Hay también una mirada de nostalgia, pero también de denuncia, de agobio, porque después de casi medio siglo de construido el pedraplen no haya una solución a la contaminación del sector y a una posibilidad de apertura del canal a través de un puente para la navegación de embarcaciones menores.

PAULO VARGAS, no descansa, este fin de semana 19.12.2010, presentará su nueva realización: “NI TODA LA LLUVIA DEL SUR”; un documental basado en una investigación de los sucesos de la masacre de pobladores en la Pampa Irigoin de Puerto Montt, ocurrido durante el gobierno demócrata cristiano de Eduardo Frei Montalva. La cita es a las 19:00 horas en la Casa del Arte Diego Rivera de la ciudad de Puerto Montt.

JOSE D. MANSILLA ALMONACID

miércoles, diciembre 01, 2010