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Monday, May 09, 2016

IMÁGENES DEL ARTE VIRREINAL HISPANOAMERICANO I



Matrimonio de Doña Beatriz Clara Ñusta Inca con Don Martín García Oñez de Loyola [circa 1690]

Por José Mansilla-Utchal


Me case
mientras mis tropas guerreaban en Vilcabamba
y porque mi padre había pactado y se hizo cristiano
Un caso típico:
no hubo declaración de contrayentes
ni pregón de edictos
ni amonestaciones.

Poema de Odi González (fragmento)




La pintura Matrimonio de Doña Beatriz Clara Ñusta Inca con don Martín García Oñez de Loyola, fue realizada en los finales del siglo XVII, casi un siglo después de ocurrido el evento. Pertenece al arte virreinal peruano y a la Escuela de Pintura Cusqueña. Se conocen al menos 6 copias en las cuales se introducen algunas pequeñas variantes entre uno y otro cuadro. Se encuentran en las iglesias de la Compañía del Cuzco y Arequipa, el Beaterio de Copacabana y el Museo Pedro de Osma en Lima. Las obras son de autor anónimo, con la excepción de las realizadas en 1762 por Marcos Zapata y que se encuentran en la Iglesia y Colegio de la Transfiguración del Cuzco. Tal cantidad de copias sobre el mismo tema habla del empeño en la divulgación del mensaje de estos lienzos. La imagen comentada aquí es la que se conserva en el Museo Pedro de Osma de Lima. Perú.

Descripción del cuadro:

En la parte superior izquierda está representado un grupo de dignatarios incas sentados delante de un conjunto arquitectónico pretendidamente aborigen. A la derecha un grupo de personajes vestidos a la manera castellana sobre un fondo de iglesias. En el centro de estas dos escenas el sol ignaciano con la inscripción IHS (Jesùs). En el primer plano estàn los esposos D. Martín García Oñez de Loyola y la princesa inca Da. Clara Beatriz Coya y a la derecha la princesa descendiente Da Ana Maria Lorenza García de Loyola Yupanqui con D. Juan Enríquez de Borja y Almansa. En el centro del cuadro y en un plano posterior se destacan las imágenes de San Ignacio de Loyola y Francisco de Borja. Ambos matrimonios se efectuaron en fechas muy dispares, por lo cual la representación alegórica de ambos enlaces y su multiplicidad de copias cumple un motivo funcional para quienes ordenaron su ejecución: La Compañía de Jesús. De cara a una mejor comprensión de la estirpe de ambas contrayentes, se incluye también el árbol genealógico de las Ñustas.

Biografía de los contrayentes:

1.- Don Martín García Oñez (1549-1598) Nacido en Azpeitia región vasca de Guipúzcoa. Sobrino nieto de Ignacio de Loyola, fundador y santo de la Compañía de Jesùs. Llegó al Perú acompañando al virrey Francisco de Toledo en 1569. Integrado al ejercito de Hurtado de Abieto inició la persecución del inca Túpac Amaru y su esposa a quienes atrapó a orillas de un río. Túpac Amaru fuè juzgado y condenado a muerte. El virrey le diò en matrimonio a la hija de Sayri Túpac: la ñusta (princesa inca), además de algunos repartimientos.  El encomendero fuè Gobernador de Potosí (1579-1582), Adelantado y gobernador del Río de la Plata, Corregidor de Huamanga y Huancavelica y finalmente Gobernador y Capitán General del Reino de Chile en 1592. Junto con García Oñez de Loyola arribaron a Chile los primeros ocho misioneros jesuitas. Instalado en Concepciòn, mientras estaba en las guerras de Arauco fuè sorprendido, a fines de diciembre de 1598, por los soldados mapuches en la cuesta de Curalaba donde encontró la muerte siendo decapitado. La Victoria de Curalaba fue un hito culminante de la resistencia indígena durante la Guerra Patria, ya que producto del levantamiento del toqui Pelantaru, fueron arrasadas las ciudades del sur, quedando el Chile hispano cortado en dos, quedando Chiloé como un aislado enclave español. Producto de la destrucción de Osorno se fundaron los fuertes de San Miguel de Calbuco y San Antonio de la Ribera de Carelmapu, en mayo y junio de 1603.

2.- Beatriz Clara Coya (1556-1600). Hija del Inca Sayri Túpac, a la vez hijo este de Manco II señor de Vilcabamba, el cual cuando murió, fuè sucedido por el padre de Beatriz quién murió al parecer envenenado. La niña, heredera de la encomienda y valle de Yucay, fuè separada de su madre y llevada al convento de Santa Clara del Cuzco. A los ocho años su madre la retiró para dejarla en casa de Arias Maldonado, un influyente conquistador. Se la quiso casar con un hermano de este, pero las autoridades coloniales no vieron con buenos ojos esta unión entre un miembro de una rica familia de conquistadores con una princesa incaica. También fue pretendida por un primo inca. Beatriz fuè devuelta al convento y permaneció allí hasta los 15 años cuando el virrey Toledo la diò en casamiento a García Oñez de Loyola. Cuando su esposo fue destinado a Chile, la princesa viajó acompañada de un gran séquito de servidores. En la ciudad de Concepciòn nació Ana Maria Coya de Loyola, la única hija del matrimonio. Luego de la muerte de su esposo Don García, la ñusta Beatriz regresó al Perú, instalándose en Lima donde murió en 1600.

3.-Juan Enriquez de Borja, caballero de la Orden de Santiago, capitán general de la Armada de Barlovento y consejero de Guerra de Felipe IV de España. Hijo de Álvaro de Borja y Aragón, y de Elvira Enriquez  de Almansa, marquesa de Alcañices. Estaba emparentado con los duques de Gandía y el Lerma. También ligado a la Compañía de Jesùs, a través de San Francisco de Borja y Aragón II General de la Compañía.

4.- Ana María Lorenza de Loyola Coya (1593-1630), Adelantada del valle de Yupanqui y marquesa de Santiago de Oropesa para quién el rey Felipe III creó el título en 1614. Nació en Concepciòn en 1593, hija de Martin García Oñez de Loyola y la ñusta Beatriz Clara Coya. Cuando en 1600 quedó huérfana fuè enviada a España, estableciéndose en Valladolid, quedando al cuidado de un familiar de su padre. Al cumplir 18 años se le escogió como esposo a Juan Enriquez de Borja. Circa de 1615 la pareja viajó al Perú en la comitiva del príncipe de Esquilache. Se estableció en Lima y hacia 1620 pasaron al valle del Yucay (actual Urubamba), regresó a Madrid, donde la marquesa falleció en 1630. Tuvo en descendencia 4 hijos varones y 4 mujeres.

Comentario:

La participación de las mujeres en el período de la conquista es escasa. Son conocidas algunas europeas e indígenas de las altas capas sociales, las que tuvieron alguna participación relevante: pero poco se sabe de las indígenas y mestizas de las capas sociales bajas. Las escasas referencias configuran que las nativas fueron tomadas por la fuerza por el conquistador. Las mujeres de las elites americanas fueron dadas y tomadas en matrimonio con el objeto de favorecer alianzas, satisfacer el apetito sexual y ejercer labores de sirvientas: Las princesas incas se unieron a los conquistadores en calidad de mancebas o esposas.

En el caso específico del enlace de la ñusta Beatriz Clara Coya y D. García de Loyola, la monarquía reconoce la dinastía inca, con un claro mensaje hegemónico: La hija de un inca muerto por los españoles es dada en recompensa al español que apresa al último jefe inca. El esposo es además un descendiente indirecto del fundador de la orden de la Compañía de Jesùs en cuya aceptación el esposo acepta este enlace para servir al rey, aunque la novia “fuese india”, si bien detrás de esta voluntad de servicio también pesaba la herencia cuantiosa de la princesa. Con esta pintura emblemática los jesuitas pretendían divulgar los vínculos que esa orden tenía con la nobleza indígena a través de los descendientes de sus fundadores, mediante un mensaje providencialista, pero además con designios políticos.

La circunstancia que la ñusta Ana María Lorenza aparezca vestida con un atuendo español (se ha reemplazado la ttica por un pañuelo en su mano izquierda y està adornada con flores en la cabeza y pendientes en las orejas) y que sus rasgos y el color de su tez sea más pálida que la de la madre es ya una alegoría del mestizaje indiano en figuras que si bien legitimaban un pasado indígena reciente también se encontraban ligados a las elites españolas conquistadoras. Su indumentaria es una huella de la aculturación americana a partir de la conquista.  En cambio su madre la ñusta Beatriz, como símbolo de mestizaje, està ataviada con la lliclla inca que le cubre los hombros, tomada por delante con un Tupu y vestida con el acso bordado en su parte inferior y bajo este se asoma el brocado de las vestiduras españolas; el brazalete en su brazo izquierdo parece ser de influencia hispana o una chchipana que usaban los hombres.

En el grupo superior izquierdo se encuentra a Sayri Túpac, el 2º Inca de Vilcabamba que salió pacíficamente de sus reductos para convertirse al catolicismo y recibió en compensación del virrey Hurtado de Mendoza las tierras del Yucay, es padre de la ñusta Beatriz. Al lado derecho la coya Cusi Huarcay, hermana y esposa de Sayri Túpac madre de la ñusta Beatriz. Al centro el Inca Túpac Amaru I, 4º Inca  de Vilcabamba. Toledo, el virrey del Perú envió una expedición a Vilcabamba en su contra, donde derrotadas las huestes de Túpac, fue perseguido hasta ser apresado y llevado al Cuzco fue condenado a muerte. En el cuadro està sentado debajo de la sombrilla hecha de plumas de pájaros llamada achiwa que sólo podía usar el inca. Ambos incas portan en su mano derecha el sunturpaucar (el cetro del poder), las piernas adornadas con saccsa y los pies con usutas doradas; le ciñen la cintura la topaco sobre el uncu (faldellín); la cabeza ataviada con plumas de ccorenkante amarradas al mascaipache de donde desciende el puyllu o borla.

Al centro refulge el astro solar, representación del dios Inti y que después de la conversión de los inca al catolicismo por medio de la catequesis de los jesuitas, el símbolo inca se transforma en un nuevo “sol de justicia”, en el cual resplandece el monograma JHS (Jesus Homini Salvator), el emblema de la Compañía de Jesus. Esto se encuentra más reforzado con la presencia en la parte central de cuadro de los santos Ignacio de Loyola y Francisco de Borja, el último de los cuales sostiene una calavera que hace alusión a la renuncia del mundo y recuerda la muerte de la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, de la cual Borja era caballerizo. La muerte de la Emperatriz a los 36 años, parece ser la causa de la conversión de Francisco, ya que escribió en su Diario: “Por la emperatriz que murió tal día como hoy. Por lo que el Señor obró en mi por su muerte. Por los años que hoy se cumplen de mi conversión”. La emperatriz murió en Toledo y Francisco escoltó su cuerpo hasta Granada, cuando se descubrió el féretro para reconocer su identidad, al ver el rostro descompuesto de aquella que el mundo había  admirado por su belleza dijo: “He traído el cuerpo de nuestra Señora desde Toledo a Granada, pero jurar que es ella misma, cuya belleza tanto me admiraba, no me atrevo… Sí, juro reconocerla, pero juro también nunca más servir a señor que se pueda corromper”.


Los jesuitas crearon colegios para nobles donde se instruía la elite, esto le permitía acceder fácilmente al poder, No es extraño entonces que tuvieran grandes enemigos en las cortes. Su consecuencia doctrinaria y celo pastoral, le permitieron grandes logros evangelizadores cuyos efectos aún se aprecian y reconocen en la religiosidad popular de Hispanoamérica.

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