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NICOLÁS DEL TECHO
HISTORIA
DE LA PROVINCIA DEL PARAGUAY DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
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TOMO
SEGUNDO * LIBRO
CUARTO
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CAPÍTULO IV
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EL P. DIEGO DE
TORRES DA BASTANTES DISPOSICIONES ÚTILES PARA LA PROVINCIA.
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Grandes eran los progresos de
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Grabado Inserto en Historia del Reyno de Chile de Alonso Ovalle S. J:
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CAPÍTULO V
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SON
EVANGELIZADAS LAS ISLAS DE CHILOÉ
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Próximas á la isla de Chiloé, que antes
hemos descrito, hay otras cuarenta, cual satélites alrededor de un planeta ó
ramos cerca del tronco; su vista causa alegría, turbada con frecuencia por
vientos repentinos y horribles tempestades; nunca se navega por el archipiélago
de Chiloé sin grave peligro de que el mar se agite. Las costumbres de sus
habitantes son iguales á las que tienen los de la isla mayor; idénticas sus
casas y alimentos, pero su estupidez es mayor. En una de estas islas se
establecieron ochenta españoles cuando los rebeldes chilenos destruyeron
varias ciudades; allí edificaron un fuerte. La mayor parte de ellas están
poco pobladas, y dan sus moradores por razón, que los piratas desembarcan
frecuentemente y se llevan cuantos cautivos pueden, á fin de emplearlos en
trabajos forzosos, no obstante la oposición de las autoridades. Las islas de
Chiloé están administradas por un gobernador. Tan luego como los Padres
Melchor Vanegas y Juan Bautista Ferrusino tuvieron orden de ir á ellas, se
embarcaron; en alta mar los sorprendió una tempestad que los arrojó á la
costa de Chile dominada por los insurrectos; bajaron de la nave y en vano
solicitaron la celebración de una entrevista con los araucanos en las ruínas
de Valdivia. Calmados los vientos prosiguieron su viaje, llegando felizmente
al puerto de la isla mayor. Contaban los indígenas que en todos los sitios
donde las misioneros celebraron misa durante su primera expedición, se veían
luces prodigiosas y en medio un altar radiante y espléndido: estos milagros hicieron
crecer el ascendiente de los Padres, quienes después de confesar á los
españoles, aunque sabían muy bien lo peligrosas que eran aquellas aguas,
navegaron en una barca, diciendo que sería indigna cosa temer las olas,
cuando los piratas se exponían á su furor por apresar hombres, empresa
indigna de ser comparada á la de salvar almas. Ningún sacerdote había en las
cuarenta islas, excepción hecha del que moraba en la fortaleza de los
españoles, por cuya razón, si bien se contaban numerosos cristianos, éstos
eran ignorantes y no conocían el uso de los Sacramentos; nada sabían del
matrimonio, de la confesión, de iglesias y de misterios católicos. Demasiado
claro aparecía que quien los bautizó no pretendía el bien espiritual de los
indios, sino su interés particular. En la primera navegación los misioneros
recorrieron todas las islas en el espacio de seis meses; autorizaron
seiscientos matrimonios; oyeron muchas confesiones y bautizaron quinientas
veinte personas. En tan ardua tarea, los Padres iban por mar de un lado á
otro, sufriendo males indecibles: tres veces estuvieron á punto de morir
ahogados en medio de las olas; muchas otras se mojaron en tiempo frío, y así
pasaron noches enteras al raso. Comían raíces y lo que arrojaba el mar. A
causa de los naufragios se corrompían los víveres, y entonces carecían de lo
más preciso; á pesar de tales tribulaciones sentían dulzura inefable pensando
que servían á Cristo. En cierta ocasión hallaron un neófito viejo casi
espirando, quien al ver los jesuitas, ostentando la cruz, lleno de alegría
exclamó: Esta, oh Padre, es mi esperanza; armado con ella y despreciando
supersticiosas medicinas, recobraré la salud. Después que hubieron
recorrido las islas pequeñas, tornaron á la mayor, y yendo por las costas en
una balsa visitaron los veinticinco pueblos que tenía, administrando el
Bautismo y la Confesión y predicando con feliz éxito. Para concluir; en los
dos años siguientes volvieron á estar en las islas, donde construyeron
ochenta capillas en otras tantas aldeas y nombraron maestros de la doctrina
cristiana. No puedo consignar cuántas personas bautizaron. Lo que afirmo es
que con su constancia en soportar trabajos ganaron en estimación y recogieron
frutos de alegría entre indios y españoles; el gobernador de las islas escribió
al Provincial rogándole que no se ausentaran varones tan útiles. Los
misioneros, en vista de lo mucho que eran venerados, daban á los neófitos
cédulas autógrafas, con las cuales éstos ponían en fuga los demonios. Los
españoles no se atrevían á molestar á los Padres, viendo que eran honrados
por los ciudadanos más beneméritos. Tan poderosa es la virtud, que protege la
inocencia y detiene á los culpables.
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TOMO
SEGUNDO * LIBRO
QUINTO
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CAPÍTULO X
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DE LOS ASUNTOS
DEL REINO DE CHILE
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En la capital de Chile y su jurisdicción
la Compañía convirtió algunos guarpos. No menos diligentes se mostraban los
Padres que residían en Mendoza; entraron con banderas desplegadas en las
tierras de idólatras y lograron insignes victorias contra el demonio. Pero
quien soportaba las mayores cargas era el Padre Valdivia, el cual sin cesar
animaba á los misioneros que trabajaban en las fronteras de los rebeldes, con
su palabra y ejemplos. Gracias á su intervención muchos arancanos, zumbeIes,
catarayes y de otras naciones, depusieron las armas é hicieron la paz con el
rey de España y no pocos entraron en el seno de la Iglesia. El P. Melchor
Vanegas, prefecto de las misiones en Chiloé, visitó por mandato del virrey
peruano treinta y cinco islas del Archipiélago á fin de velar por la
inmunidad de los indios; careciendo de remeros iba con otro compañero en una
piragua á través de un mar proceloso y poniendo á las veces sus manos al
remo; confesó á todos los neófitos, y bautizó trescientas ochenta personas
con ayuda del otro Padre. Ocho meses invirtió en esta empresa, y pasados
navegó al Perú para dar cuenta de su expedición al virrey; antes consoló á
los indígenas. Tornó después á las islas y prosiguió en ellas sus apostólicos
viajes. Mientras estuvo ausente, los rebeldes de Osorno en el continente y
otras tribus enviaron una comisión al gobernador de Chiloé pidiendo un
sacerdote cristiano, prometiendo que se acomodarían á las condiciones
ofrecidas por el P. Valdivia en nombre del rey de España y abrazarían la fe católica
con tal que cesaran las vejaciones de los soldados. Dispuso el gobernador que
fuese á Chile Diego de Castañeda, clérigo secular, y éste halló que los
insurrectos del interior deseaban á toda costa la paz; en las ruinas de
Osorno bautizó quinientos indios, y en otros varios lugares gran número de
los mismos. Mas la avaricia de algunos hombres se oponía á lo que era de
esperar se alcanzaría; éstos posponían á sus intereses particulares, contra
lo ordenado por el monarca y el Consejo de Indias, la salvación de tantos
mortales y manchaban la fama del Padre Valdivia con torpes y nefandas
acusaciones; pero éste, armado de paciencia, soportó con fortaleza las saetas
que con saña le disparaban..
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CUADERNOS DE CAICAEN Historia y Folklore desde Las Islas, es una publicación fundada en 1991 por José D. Mansilla-Utchal y J. Milton Vivar con el objetivo de dar a conocer la Historia y el Folclor de Calbuco y su comarca aledaña. Con el tiempo se nos unió Sergio O. Vargas quién se nos fué en la primavera de 2013
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miércoles, mayo 11, 2016
CHILOE Y LOS JESUITAS SEGUN NICOLAS DEL TECHO p.II
lunes, mayo 09, 2016
IMÁGENES DEL ARTE VIRREINAL HISPANOAMERICANO I
Matrimonio de Doña Beatriz
Clara Ñusta Inca con Don Martín García Oñez de Loyola [circa 1690]
Por José Mansilla-Utchal
Me case
mientras mis tropas
guerreaban en Vilcabamba
y porque mi padre
había pactado y se hizo cristiano
Un caso típico:
no hubo declaración
de contrayentes
ni pregón de edictos
ni amonestaciones.
Poema de Odi González (fragmento)
La pintura Matrimonio de Doña Beatriz Clara Ñusta Inca
con don Martín García Oñez de Loyola, fue realizada en los finales del
siglo XVII, casi un siglo después de ocurrido el evento. Pertenece al arte
virreinal peruano y a la Escuela de Pintura Cusqueña. Se conocen al menos 6
copias en las cuales se introducen algunas pequeñas variantes entre uno y otro
cuadro. Se encuentran en las iglesias de la Compañía del Cuzco y Arequipa, el
Beaterio de Copacabana y el Museo Pedro de Osma en Lima. Las obras son de autor
anónimo, con la excepción de las realizadas en 1762 por Marcos Zapata y que se
encuentran en la Iglesia y Colegio de la Transfiguración del Cuzco. Tal cantidad de copias sobre el mismo tema habla del
empeño en la divulgación del mensaje de estos lienzos. La imagen
comentada aquí es la que se conserva en el Museo Pedro de Osma de Lima. Perú.
Descripción del cuadro:
En la parte superior izquierda está representado un grupo de dignatarios
incas sentados delante de un conjunto arquitectónico pretendidamente aborigen.
A la derecha un grupo de personajes vestidos a la manera castellana sobre un
fondo de iglesias. En el centro de estas dos escenas el sol ignaciano con la
inscripción IHS (Jesùs). En el primer plano estàn los esposos D. Martín García Oñez de Loyola y la
princesa inca Da. Clara Beatriz Coya
y a la derecha la princesa descendiente Da
Ana Maria Lorenza García de Loyola Yupanqui con D. Juan Enríquez de Borja y Almansa. En el centro del cuadro y en
un plano posterior se destacan las imágenes de San Ignacio de Loyola y Francisco
de Borja. Ambos matrimonios se efectuaron en fechas muy dispares, por lo
cual la representación alegórica de ambos enlaces y su multiplicidad de copias
cumple un motivo funcional para quienes ordenaron su ejecución: La Compañía de Jesús. De cara a una mejor
comprensión de la estirpe de ambas contrayentes, se incluye también el árbol
genealógico de las Ñustas.
Biografía de los contrayentes:
1.- Don Martín García Oñez (1549-1598) Nacido en Azpeitia región
vasca de Guipúzcoa. Sobrino nieto de Ignacio de Loyola, fundador y santo de la
Compañía de Jesùs. Llegó al Perú acompañando al virrey Francisco de Toledo en
1569. Integrado al ejercito de Hurtado de Abieto inició la persecución del inca
Túpac Amaru y su esposa a quienes atrapó a orillas de un río. Túpac Amaru fuè
juzgado y condenado a muerte. El virrey le diò en matrimonio a la hija de Sayri
Túpac: la ñusta (princesa inca),
además de algunos repartimientos. El
encomendero fuè Gobernador de Potosí (1579-1582), Adelantado y gobernador del
Río de la Plata, Corregidor de Huamanga y Huancavelica y finalmente Gobernador
y Capitán General del Reino de Chile en 1592. Junto con García Oñez de Loyola
arribaron a Chile los primeros ocho misioneros jesuitas. Instalado en
Concepciòn, mientras estaba en las guerras de Arauco fuè sorprendido, a fines
de diciembre de 1598, por los soldados mapuches en la cuesta de Curalaba donde
encontró la muerte siendo decapitado. La Victoria de Curalaba fue un hito culminante
de la resistencia indígena durante la Guerra Patria, ya que producto del
levantamiento del toqui Pelantaru, fueron arrasadas las ciudades del sur,
quedando el Chile hispano cortado en dos, quedando Chiloé como un aislado
enclave español. Producto de la destrucción de Osorno se fundaron los fuertes
de San Miguel de Calbuco y San Antonio de la Ribera de Carelmapu, en mayo y
junio de 1603.
2.- Beatriz Clara Coya (1556-1600). Hija del Inca Sayri Túpac, a la vez hijo este de Manco II señor de
Vilcabamba, el cual cuando murió, fuè sucedido por el padre de Beatriz quién
murió al parecer envenenado. La niña, heredera de la encomienda y valle de
Yucay, fuè separada de su madre y llevada al convento de Santa Clara del Cuzco.
A los ocho años su madre la retiró para dejarla en casa de Arias Maldonado, un
influyente conquistador. Se la quiso casar con un hermano de este, pero las
autoridades coloniales no vieron con buenos ojos esta unión entre un miembro de
una rica familia de conquistadores con una princesa incaica. También fue
pretendida por un primo inca. Beatriz fuè devuelta al convento y permaneció
allí hasta los 15 años cuando el virrey Toledo la diò en casamiento a García
Oñez de Loyola. Cuando su esposo fue destinado a Chile, la princesa viajó
acompañada de un gran séquito de servidores. En la ciudad de Concepciòn nació
Ana Maria Coya de Loyola, la única hija del matrimonio. Luego de la muerte de
su esposo Don García, la ñusta Beatriz regresó al Perú, instalándose en Lima
donde murió en 1600.
3.-Juan Enriquez de Borja, caballero de la Orden
de Santiago, capitán general de la Armada de Barlovento y consejero de
Guerra de Felipe IV de España.
Hijo de Álvaro de Borja y Aragón, y de Elvira
Enriquez de Almansa, marquesa de
Alcañices. Estaba emparentado con los duques de Gandía y el Lerma. También
ligado a la Compañía de Jesùs, a través de San Francisco de Borja y Aragón II
General de la Compañía.
4.- Ana María Lorenza de Loyola Coya
(1593-1630), Adelantada del valle de Yupanqui y marquesa de Santiago de Oropesa
para quién el rey Felipe III creó el título en 1614. Nació en Concepciòn en
1593, hija de Martin García Oñez de Loyola y la ñusta Beatriz Clara Coya.
Cuando en 1600 quedó huérfana fuè enviada a España, estableciéndose en
Valladolid, quedando al cuidado de un familiar de su padre. Al cumplir 18 años
se le escogió como esposo a Juan Enriquez de Borja. Circa de 1615 la pareja viajó al Perú en la comitiva del príncipe
de Esquilache. Se estableció en Lima y hacia 1620 pasaron al valle del Yucay
(actual Urubamba), regresó a Madrid, donde la marquesa falleció en 1630. Tuvo
en descendencia 4 hijos varones y 4 mujeres.
Comentario:
La
participación de las mujeres en el período de la conquista es escasa. Son
conocidas algunas europeas e indígenas de las altas capas sociales, las que
tuvieron alguna participación relevante: pero poco se sabe de las indígenas y
mestizas de las capas sociales bajas. Las escasas referencias configuran que
las nativas fueron tomadas por la fuerza por el conquistador. Las mujeres de
las elites americanas fueron dadas y tomadas en matrimonio con el objeto de
favorecer alianzas, satisfacer el apetito sexual y ejercer labores de
sirvientas: Las princesas incas se unieron a los conquistadores en calidad de
mancebas o esposas.
En el caso
específico del enlace de la ñusta
Beatriz Clara Coya y D. García de Loyola, la monarquía reconoce la dinastía
inca, con un claro mensaje hegemónico: La hija de un inca muerto por los
españoles es dada en recompensa al español que apresa al último jefe inca. El
esposo es además un descendiente indirecto del fundador de la orden de la
Compañía de Jesùs en cuya aceptación el esposo acepta este enlace para servir
al rey, aunque la novia “fuese india”, si bien detrás de esta voluntad de
servicio también pesaba la herencia cuantiosa de la princesa. Con esta pintura
emblemática los jesuitas pretendían divulgar los vínculos que esa orden tenía
con la nobleza indígena a través de los descendientes de sus fundadores,
mediante un mensaje providencialista, pero además con designios políticos.
La
circunstancia que la ñusta Ana María Lorenza aparezca vestida con un atuendo
español (se ha reemplazado la ttica
por un pañuelo en su mano izquierda y està adornada con flores en la cabeza y
pendientes en las orejas) y que sus rasgos y el color de su tez sea más pálida
que la de la madre es ya una alegoría del mestizaje indiano en figuras que si
bien legitimaban un pasado indígena reciente también se encontraban ligados a
las elites españolas conquistadoras. Su indumentaria es una huella de la
aculturación americana a partir de la conquista. En cambio su madre la ñusta Beatriz, como
símbolo de mestizaje, està ataviada con la lliclla
inca que le cubre los hombros, tomada por delante con un Tupu y vestida con el acso bordado en su parte inferior y bajo
este se asoma el brocado de las vestiduras españolas; el brazalete en su brazo
izquierdo parece ser de influencia hispana o una chchipana que usaban los hombres.
En el grupo
superior izquierdo se encuentra a Sayri Túpac, el 2º Inca de Vilcabamba que
salió pacíficamente de sus reductos para convertirse al catolicismo y recibió
en compensación del virrey Hurtado de Mendoza las tierras del Yucay, es padre
de la ñusta Beatriz. Al lado derecho la coya Cusi Huarcay, hermana y esposa de
Sayri Túpac madre de la ñusta Beatriz. Al centro el Inca Túpac Amaru I, 4º Inca de Vilcabamba. Toledo, el virrey del Perú
envió una expedición a Vilcabamba en su contra, donde derrotadas las huestes de
Túpac, fue perseguido hasta ser apresado y llevado al Cuzco fue condenado a
muerte. En el cuadro està sentado debajo de la sombrilla hecha de plumas de
pájaros llamada achiwa que sólo podía
usar el inca. Ambos incas portan en su mano derecha el sunturpaucar (el cetro del poder), las piernas adornadas con saccsa y los pies con usutas doradas; le ciñen la cintura la topaco sobre el uncu (faldellín); la cabeza ataviada con plumas de ccorenkante amarradas al mascaipache de donde desciende el puyllu o borla.
Al centro
refulge el astro solar, representación del dios Inti y que después de la conversión
de los inca al catolicismo por medio de la catequesis de los jesuitas, el
símbolo inca se transforma en un nuevo “sol de justicia”, en el cual
resplandece el monograma JHS (Jesus Homini Salvator), el emblema de la Compañía
de Jesus. Esto se encuentra más reforzado con la presencia en la parte central
de cuadro de los santos Ignacio de Loyola y Francisco de Borja, el último de
los cuales sostiene una calavera que hace alusión a la renuncia del mundo y
recuerda la muerte de la Emperatriz Isabel, esposa de Carlos V, de la cual
Borja era caballerizo. La muerte de la Emperatriz a los 36 años, parece ser la
causa de la conversión de Francisco, ya que escribió en su Diario: “Por la
emperatriz que murió tal día como hoy. Por lo que el Señor obró en mi por su
muerte. Por los años que hoy se cumplen de mi conversión”. La emperatriz murió
en Toledo y Francisco escoltó su cuerpo hasta Granada, cuando se descubrió el féretro
para reconocer su identidad, al ver el rostro descompuesto de aquella que el mundo
había admirado por su belleza dijo: “He traído
el cuerpo de nuestra Señora desde Toledo a Granada, pero jurar que es ella
misma, cuya belleza tanto me admiraba, no me atrevo… Sí, juro reconocerla, pero
juro también nunca más servir a señor que se pueda corromper”.
Los jesuitas crearon colegios para nobles donde se instruía la elite, esto
le permitía acceder fácilmente al poder, No es extraño entonces que tuvieran
grandes enemigos en las cortes. Su consecuencia doctrinaria y celo pastoral, le
permitieron grandes logros evangelizadores cuyos efectos aún se aprecian y
reconocen en la religiosidad popular de Hispanoamérica.
sábado, mayo 07, 2016
CHILOE Y LOS JESUITAS SEGUN NICOLAS DEL TECHO
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NICOLÁS DEL TECHO
HISTORIA
DE LA PROVINCIA DEL PARAGUAY DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
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TOMO
SEGUNDO * LIBRO
TERCERO
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CAPÍTULO XVIII
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LA COMPAÑÍA SE ESTABLECE
TEMPORALMENTE EN LA ISLA DE CHILOÉ
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Chiloé, apéndice marítimo del reino
chileno, tiene de longitud cincuenta leguas y siete de anchura; es su forma
la de un brazo encorvado, en vez de ser cuadrada, como afirmaban en otro
tiempo los geógrafos. La parte meridional dista poco del continente, del que
la separa un estrecho, y penetra en un golfo, cual si no quisiera apartarse
mucho de la tierra firme; la septentrional se dirige hacia el interior del
Océano. Toda ella es montuosa y desigual; en bastantes sitios pantanosa y
expuesta á fríos rigurosos, como situada en los cuarenta y tres grados de
latitud austral. En medio del estío soplan á veces vientos helados, lo mismo
que en invierno, y se oponen á que los frutos lleguen á debida sazón. A poco
que se escarbe se encuentra una arena rojiza y seca, inútil para la
vegetación. Sin embargo, hay árboles tan corpulentos que de uno se podían
hacer muchos, según atestigua Ovalle. Lo que resulta inútil para el arado se
destina á plantaciones. Dada la esterilidad del suelo y la inclemencia del
cielo, el país es miserable; de manera que una raíz insulsa que se cultiva
produce tan sólo cinco veces la simiente. Al Norte de la isla, algunos
españoles, huyendo de las ciudades saqueadas por los rebeldes araucanos,
habían fundado el pueblo de Castro. Los ingleses lo devastaron en el año 1600
y no quedaron más que treinta ciudadanos. En otra isla vecina que luego
describiremos, había una fortaleza guarnecida por ochenta soldados españoles,
quienes, careciendo de lo necesario, molestaban no poco á los indefensos
naturales del país. Estos vivían solamente de lo que produce el mar, así que
residían en la costa antes de que llegasen los europeos; luego, temerosos de
vejaciones, se retiraron al interior, y viviendo en montañas escarpadas
compraron su libertad á costa de suma pobreza. Llevaban cubiertas las partes
vergonzosas con una red de conchitas engarzadas; lo demás al aire. Cuando la
isla fué descubierta contaba quince mil familias. Cada año enviaba el
gobernador de Chile un buque que llevase á los españoles lo que necesitaban;
nadie iba á Chiloé sino en tal ocasión. En aquellas islas se usan barcas
hechas de tres tablas cosidas con cuerdas bastas y tapadas las rendijas con
corteza de árboles macerada. Nunca se va en tales embarcaciones, llamadas
piraguas, sin grande riesgo. Mayor todavía lo ofrecían los chilenos
sublevados, frente á cuya costa se hallan dichas islas. Teniendo en cuenta
los peligros del mar y de los rebeldes, unidos á la áspera condición de cielo
y tierra, no es de extrañar que tales islas sean el último rincón del mundo y
la mansión de la indigencia. Mas esto mismo aguijoneaba la voluntad de los
misioneros, deseosos de padecer trabajos por dilatar el imperio de Cristo.
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CAPÍTULO XIX
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EJERCEN SU MINISTERIO LOS JESUITAS EN EL
PUEBLO DE CASTRO.
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Fueron á la isla de Chiloé los PP. Melchor Vanegas, á quien
el P. Nieremberg comparó con los más notables de la Compañía, y Juan Bautista
Ferrusino; iban enviados por el Padre Diego de Torres. Luego que por mar y
tierra hicieron desde la capital de Chile un viaje de doscientas cincuenta
leguas, llegaron á Castro y fueron benévolamente recibidos por los españoles.
El gobernador de las islas les dió una casa en la que se instalaron;
arreglaron una capilla y en seguida comenzaron á purificar las conciencias
mediante la confesión; después se dedicaron á la enseñanza de los indígenas.
Algunos sacerdotes seculares habían opinado que éstos eran incapaces de
recibir los Sacramentos y así los tenían descuidados, por lo cual muy pocos
recibieron otro Sacramento sino el Bautismo. Los jesuitas en cuatro meses
doctrinaron á los indios, de manera que éstos llegaron á saber tanto como sus
dueños: apenas aprendieron los dogmas cristianos, no solamente confesaron,
mas también con admiración de los españoles se acercaron á la mesa del altar.
Devoción tan grande mostraba aquella gente, que antes de amanecer acudían a
los Padres, quienes no tenían tiempo siquiera de comer, ni punto de reposo;
aprovechándose los misioneros de tan felices disposiciones como veían en los
isleños, hicieron de ellos cuanto quisieron. Los concubinatos fueron trocados
en matrimonio; ratificadas las uniones contraídas por la violencia y, por lo
tanto, nulas; ninguno dejó de perdonar las injurias, y los mismos
dominadores, conmovidos con tales ejemplos, trataron más blandamente á sus
vasallos, los hombres más desgraciados del mundo. Finalmente, de toda la isla
fueron llevados los muchachos á los religiosos con objeto de que éstos les
enseñasen la doctrina católica, y ellos á su vez la comunicasen á sus
compatriotas.
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CAPÍTULO XX
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RECORREN LOS JESUITAS LA ISLA DE CHILOÉ;
FRUTO QUE SACARON DE SUS MISIONES.
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Después que permanecieron los Padres cuatro meses en el
pueblo de Castro, durante el mes de Julio se embarcaron en un esquife sin
temor á las olas del Océano y visitaron las aldeas de la isla, que eran
veinticinco. Sus habitantes no conocían de los sacerdotes otra cosa que las
vejaciones; cuando supieron que los iban á visitar los jesuitas, cuya virtud
conocían, los esperaron benévolamente y recibieron, ya que otras cosas no
podían hacer, con arcos triunfales hechos de ramos; los jóvenes y las
doncellas, á estilo de suplicantes, llevaban en la cabeza coronas de flores y
delante una cruz adornada de igual manera, precediendo á los Padres. Todos
ofrecían á éstos en canastillos ostras, peces, huevos y aves; recibieron en
cambio agujas, alfileres, anzuelos, gargantillas de vidrio y otras cosas muy
apreciadas por los indios; unos y otros experimentaban inmensa alegría que se
traducía en lágrimas. Los misioneros se detuvieron cinco días en cada aldea
donde predicaban en una capilla provisional; visitaban los enfermos;
refutaban las supersticiones, penetrando en el centro de la isla y en sus más
ocultos rincones; bautizaban á quienes se hallaban dispuestos, y á los restantes
daban buenas esperanzas de concederles igual beneficio en otra expedición, si
entonces lo merecían. Oyeron las quejas de aquellos infelices y prometieron
intervenir con las autoridades á fin de evitar que los soldados los
oprimiesen en adelante, afirmando que darían su vida por el bienestar de un
solo indio. Los isleños, comparando las condiciones de los demás sacerdotes
con la templanza y virtudes de los jesuitas, daban á éstos nombres amorosos,
cuales eran los de padres y madres. Los consideraban como santos varones
celestiales, y así les querían tributar honores que los religiosos
rechazaban. Seis meses tardaron éstos en visitar la isla; bautizaron gran
número de personas, autorizaron mil quinientos matrimonios, oyeron dos mil
confesiones y exhortaron á todos á conservar la fe de Cristo. Después fueron
á otra isla para ejercer su ministerio con los soldados españoles, y
regresaron á Castro. Desde aquí se dirigieron por mar á los pueblos de la
isla y obtuvieron copioso fruto. El gobernador, viendo lo útiles que eran los
Padres, escribió al Provincial Diego de Torres rogándole que no privase á los
indios de varones tan celosos.
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domingo, mayo 01, 2016
1 DE MAYO HONOR A LA LUCHA OBRERA
1 de mayo: honor a la lucha obrera
El Día del Trabajador reconoce la dignidad, justicia social y conquistas laborales.
El Día del Trabajador reconoce la dignidad, justicia social y conquistas laborales.
El 1 de mayo es una
fecha que enaltece la lucha obrera y la sublevación justa por los derechos
laborales
Este día rememora a mártires
que tuvieron la valentía de defender su dignidad en tiempos de duras jornadas
de hasta 10 y 12 horas en Estados Unidos, por ejemplo, donde la ley estaba al margen de las
explotaciones, el maltrato y la injusticia que padecían los trabajadores.
En muchos países, el 1 de mayo es propicio para
resaltar la labor obrera y mejorar sus condiciones. Esto fue producto de un
hecho histórico que marcó un antes lleno de periodos esclavistas y un después
que aún sirve para reconocer la tarea obrera, sobre todo en los gobiernos
progresistas.
Dia Internacional del Trabajador. El Origen
Todo comenzó en EE.UU. en 1886, cuando los
trabajadores desataron una lucha para establecer una jornada laboral de 8
horas, mediante la división de las 24 horas del día así:
8 horas para trabajar, 8 para para el descanso y 8
para el hogar y esparcimiento.
Sin argumento legal, los empleadores sometían a los
obreros a trabajar más de 10 horas. La única limitación legal a nivel laboral
que existía era que en algunos estados de ese país multaban a un patrono (25
dólares) por hacer trabajar a una persona más de 18 horas.
Los trabajadores que no recibieron el beneficio
comenzaron la huelga el 1 de mayo de 1886. En Chicago, los enfrentamientos se
tornaron sangrientos entre la policía y los trabajadores.
En noviembre de 1884 se celebró en Chicago el IV
Congreso de la Federación Americana del Trabajo, en el que se propuso que a
partir del 1 de mayo de 1886 se obligaría a los patronos a respetar la jornada
de ocho horas, de lo contrario, se iría a la huelga.
El 4 de mayo de 1886, la tensión llegó a su máximo
punto y estalló una bomba en la plaza de Haymarket que mató a un agente.
Más de 30 trabajadores que protestaban fueron
detenidos, 8 de ellos condenados a muerte, tres fueron a prisión y 5 murieron
en la horca.
Los obreros organizados paralizaron la producción
del país, con más de cinco mil huelgas.
En 1889, en honor a los cinco trabajadores
asesinados, conocidos como "Los mártires de Chicago", se declaró el 1
de mayo: Día del Trabajador, por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de
la Segunda Internacional.
La lucha de 350 mil trabajadores en las calles de
EE.UU. logró el objetivo, y desde entonces, el 1 de mayo se convirtió en una
referencia reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido
general celebrada en todo el mundo.
Dia del Trabajador en el mundo actual
En
el Día del Trabajador se realizan desfiles y marchas cívicas en más de 140
países, con discursos reivindicativos y medidas gubernamentales que reconocen a
la fuerza laboral en el sector público y privado.
La
fecha también es propicia para que la clase obrera en todo el mundo se
conglomere para denunciar derechos vulnerados por gobiernos neoliberales y
solicitar políticas de atención a sus inquietudes.
Sabías que no fue tan fácil instituir el 1 de mayo
como día de fiesta porque se oponían rudamente las empresas y, desde luego, no
lo pagaban.
Por otra parte, en Europa es común que los 1 de
mayo se conviertan en fechas de enfrentamientos . Activistas en Francia, Italia
y España salen a reclamar por las marcadas tasas de desempleo. Las calles
tienden a llenarse de personas pidiendo empleos de calidad, techo, dignidad,
justicia social y otros lemas.
Tomado parcialmente de TELESUR,
lunes, abril 25, 2016
domingo, abril 17, 2016
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