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domingo, octubre 26, 2008

VISION DE CALBUCO POR VICENTE PEREZ ROSALES


A nuestra antología de artículos sobre la ciudad de Calbuco, agregamos estas páginas extractadas del texto del Agente de la Colonización don Vicente Pérez Rosales.

Contrasta la opaca visión que el autor tuvo y escribió de Calbuco, con la acogida que los calbucanos recibieron a los primeros colonos. En su paso hacia Melipulli el transporte recaló en Calbuco. Allí las damas calbucanos ofrecieron comida y refrigerios a los futuros colonos.

Posteriormente, en pleno invierno, fueron mocetones calbucanos los que llevaron los alimentos a la instalada colonia. Pérez Rosales incluso amenazó con cárcel a los calbucanos si no conducían estos alimentos a los colonos, sin decirles incluso si se les pagaría por servicio.

Escribe D. Vicente Pérez Rosales sobre Calbuco:

Vicente Pérez Rosales: Recuerdos del Pasado
(Fragmentos)

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Nada más hermosa, fácil y segura que la navegación de los canales que median entre San Carlos de Chiloé y las tranquilas aguas del Callenel: anchura grande, fondo sobrado para toda clase de embarcaciones, ma­reas arregladas, puertos a cada paso o más bien dicho, un solo puerto continuado donde no hay más que sol­tar el ancla para estar seguro. Sólo se encuentra en el canal de Chacao una sola roca amenazadora en el paso Junta Remolinos; pero como está a la vista, y media entre ella y la costa un espacio de doce cuadras, no ofrece peligro alguno.

Quien navega por primera vez en estos canales y sus adyacentes, no puede persuadirse de que aquellas an­gostas y tranquilas vías de agua sean brazos de mar, sino profundos ríos navegables sujetos á la influencia directa de las mareas. Las pintorescas islas que estre­chan, ensanchan o prolongan esos canales, se aseme­jan a colosales copas de árboles sumergidas hasta la mi­tad en las profundidades de las aguas. Altos y apiña­dos son los bosques que las cobijan, y sólo descubre el viajero, en el perímetro de todas ellas, aisladas chozas, tal cual imperfecto sembrado y una que otra embarcación menor para facilitar él contacto entre los isleños de aquellos húmedos lugares.

Admira la situación de la aldea de Calbuco, capital del departamento del mismo nombre. Los españoles que nunca buscaron para la fundación de sus ciudades lugares accesibles al comercio y a la industria, sino lugares fortalecidos la naturaleza, eligieron para fundar a Calbuco una mezquina islita separada del continente por un brazo de mar, que más parece foso otra cosa.

Este lugarejo, lleno de desgreño y de pobreza, era lo primero que, después de pasar la peligrosa garganta de Puruñún, ofrecía la mano del hombre a la vista del viajero, asombrado de encontrar tanta miseria en medio de tan rica naturaleza. Dejando atrás este pueblo que sólo prolongaba su existencia por residir en él los subagentes de los expeditores de maderas de madera de San Carlos, los cuales recibían y acopiaban a toda intemperie en él las tablas que producían los alerces de la costa oriental del seno de Reloncaví, se entra en la hermosa bahía del mismo nombre, tan semejante a una laguna sin salida por la configuración del terreno que la rodea al norte, al oriente y al poniente, y por las pintorescas is­las que parecen cerrar al lado del sur el paso a las aguas del océano.

(Páginas 527/528)
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Llamáronme asuntos del servicio a la capital y al ausentarme, después de darle a reconocer a las autoridades chilotas, dejé haciendo mis veces en la colo­nia a don Santiago Foltz, inmigrado idóneo, prudente y entusiasta por el adelanto de lo que él llamaba con encanto su nueva patria. Júzguese de mi sorpresa, cuan­do a mi regreso, me encuentro con la colonia abando­nada; con los míseros colonos desenterrando las papas que habían sembrado para no perecer de hambre, y con mi representante detenido preso como un criminal en la inmunda cárcel de Calbuco!

He aquí lo que había ocurrido: el Gobernador de esa aldea, que especulaba en tablas como tantos otros, había ordenado al agente interino que le remitiese pre­sos a los tableros que por trabajar en los caminos de la colonia, no cumplían con los contratos que habían ce­lebrado en Calbuco. Foltz, contestó que en la colonia había jueces, y que sin el fallo de estos no consentiría que se atropellase a unos camineros contratados por mí y que tantísima falta hacían donde estaban. Furioso el Gobernador con esta negativa, señaló al mismo Foltz un plazo perentorio para ponerse en su presencia, y como ni esto pudo conseguir, le mandó arrestar con soldados y le encerró en la cárcel de Calbuco. Seme­jante atentada no sería creíble si no tuviese yo en mi poder, como tengo para atestiguar cosas increíbles, un documento parecido a este que al pie de la letra copio:

Calbuco, setiembre 1° de 1853.
El inspector Toribio Pozo en el momento que reciba es­ta orden, le ordenará al alemán Santiago Foltz que se em­barque en la balandra que al efecto mando para traerlo, y si no quisiere obedecer o tratare de resistirle, léale usted esta orden a presencia de testigos y amonéstelo a que obe­dezca, pero si persistiese en no obedecer, entonces con la gente que mando y usted mismo procedan a tomarlo por fuerza y embarcarlo amarrado. Agale saber allí que el gasto de traerlo tiene que pagarlo aquí.
RICARDES

(Paginas 538/539)
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Media entre Puerto Montt y la laguna de Llanquihue, en cuyas pintorescas márgenes tiene la colonia su prin­cipal asiento, poco trecho más de cuatro leguas, andado de sur a norte. Un costoso y bien sostenido camino ca­rretero atraviesa aquel espacio ocupando el lugar de la fangosa y primitiva senda donde perecieron los des­venturados Wehle y Lincke. Las primeras dos leguas de este trayecto, ya firmemente consolidado, tienen por base una zona de médanos y de tupidas raíces que allí llaman el Tepual. En toda esa extensión, inútil, por ahora, para los trabajos agrícolas, sólo llaman la aten­ción del viajero el aspecto lejano de la sombría selva empujada por el hacha y el fuego a más o menos dis­tancia del camino; los muchos fantasmones de troncos carbonizados que apenas se sostienen sobre sus descar­nadas raíces; los restos esqueletados de los coihues; las gigantescas bases de los alerces derribados, cuyas poderosas cepas ni el hacha ni el fuego han logrado aún destruir, y tal cual choza solitaria, punto de acopio de las maderas trabajadas en el interior del bosque y lle­vadas a hombro hasta ese cargadero. Diciembre, enero, febrero y marzo, época del corte y beneficio de las ma­deras, llaman también la atención por la multitud de gente que acude a este lugar desde las islas más lejanas del archipiélago; todos trabajan a un tiempo, todos des­calzos, y todos, mujeres, viejos y niños, cargan a hom­bro tablas, durmientes y pesadas vigas al lado de las ca­rretas alemanas de cuatro ruedas, que hacen el mismo servicio.

Termina el Tepual en el extremo de una larga e impro­visada calle de matorrales llamada Arrayán y abierta entre las corpulentas cepas de una antigua mancha de alerces. Componen el Arrayán dos largas hileras de ca­suchas cual más incómoda y de peor aspecto, pobladas por los dependientes de las casas del pueblo y por los numerosas agentes del comercio de Calbuco y de Ancud, que concurren al cambio de maderas con abundantes mercaderías y sostienen una feria activísima de cambio durante aquellos meses y en aquel singular aduar co­locado en medio de una selva. A las primeras aguas del invierno la gente se dispersa, y queda convertido aquel lugar de bullicio en un despoblado con casas durante ocho meses.

(Páginas 545/546)
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Puede decirse que no existía, antes de la fundación de la colonia más vida mercantil en las solitarias caletas del seno de Reloncaví, que aquella que le daba en los veranos la venta del alerce que se trabajaba en los bosques más inmediatos a la marina; y aún esa venta comenzaba a hacerse menos activa por falta de caminos que facilitasen la extracción de los alerces in­teriores, estando ya los de la costa enteramente ago­tados.

Llevábanse estas maderas en bongos, botes y lancho­nes en cuya construcción se empleaban costuras de es­parto en vez de clavos, al antiguo y conocido fuerte de Calbuco; este poblachón constituido en factoría de ven­tas y compras de madera por encontrarse a medio ca­mino entre el lugar de la producción y el de la expor­tación, que lo era entonces San Carlos de Ancud, arras­traba una existencia muy precaria.

En Calbuco se encontraban los dependientes y las tiendas sucursales de los almaceneros de Ancud, y co­mo el dinero no se conocía en aquellos afortunados lu­gares, habían inventado para facilitar las transacciones y las ventas al menudeo, la moneda tabla, que era entre ellos la unidad y tenía el valor nominal de un real de la antigua moneda.

En cambio de los centenares de reales-tablas que entregaba el vendedor, recibía harina, sal, ají, mucho licor, y los muy necesarios artículos ultramarinos para satisfacer las pocas necesidades de hombres que, por constitución, andaban descalzos, y que llevaban una vida muy semejante a la de los indígenas.

Con la fundación de la colonia en el mismo centro de donde se exportaban aquellas maderas que se iban a vender a Calbuco, hubo un trastorno general. Las sucursales de Ancud estacionadas en Calbuco, aban­donaron aquel lugar innecesario para venirse a esta­blecer a Puerto Montt; muchos cortadores de oficio de maderas, halagados por la presencia de un pueblo que desde sus primeros pasos ostentaba vida propia, abandonaron sus aduares por vida más civilizada, y poco a poco fueron desapareciendo los bongos y lanchones de costura, para dar lugar a hermosas balandras y en seguida a grandes embarcaciones, tanto extranje­ras como nacionales, que llegan de varios puntos a la carga de maderas a Puerto Montt.

Hasta el año 1855 necesitó la colonia, como lo hemos dicho, hasta suplementos de substancias alimenticias; y el colono, demasiado ocupado en los afanes de su trabajoso establecimiento, había olvidado el recurso de las maderas, explotadas exclusivamente por el chilote.

(Páginas 550/551/552)
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Espanto causaba el estado de abyección en que yacían sumidas las pocas familias casi perdidas en el aisla­miento, que existían en aquellos lugares, antes que el bullicio y la actividad del inmigrado llegase a turbar la modorra que las consumía. Constaba, en general, la choza de cada familia, de un solo rancho, hollinado y sucio, en cuyo centro, al ras del suelo, figuraba el hogar. Cuando el acaso había hecho brotar algunos manzanos silvestres en las inmediaciones, entonces al antiguo rancho que, como se ve, era cocina, comedor y dormito­rio al mismo tiempo, se agregaba otro, donde, al lado de algunos barriles, se veían maderos ahuecados para machacar la manzana y hacer chicha. A espaldas de es­tas habitaciones se encontraba siempre un pequeño re­tazo de terreno en estada de cultivo, en el cual, palos endurecidos al fuego y manejados siempre por la mu­jer, servían de azada y de reja para sembrar papas y habas, únicas legumbres que, llamaban la atención en­tonces. Contado era el dueño de casa que se dedicase a sembrar trigo. En la puerta del rancho, mirando a la marina, se observaban corralitos de piedra y rama, a medio sumergir, para que en las altas mareas quedase cautivo en ellos el pescado que el acaso conducía a esos lugares. Este alimento y los inagotables bancos de to­da clase de exquisitos mariscos que dejan a descubierto las aguas vivas, eran, junto con las papas y habas, la provista despensa que los sustentaba. Hasta el modo de preparar esos manjares era puramente indio, de los tiempos de la conquista. En un agujero practicado en el suelo y lleno de piedras caldeadas allí mismo por el fuego, se apilaba el marisco, el pescado, la carne (si la había), el queso y las papas, y sin más espera, tapa­do todo aquello con monstruosas hojas de pangui, lo acababan de cubrir con adobes de champas y tierra, para impedir el escape del vapor. Un cuarto de hora después, se veía a toda la familia, con su acompaña­miento obligado de perros y cerdos, rodear aquel hu­meante cuerno de abundancia, en el cual cada uno, por su parte, metía la mano y comía, soplándose los dedos, hasta saciarse.

Llegada la noche, padre, madre, hermanos, hermanas, alojados, perros y cerdos, formando un grupo compacto al amor del fuego del hogar y a raíz del suelo, dormían hasta el día siguiente, en el que se repetían los actos del anterior.

Para llenar las escasísimas necesidades del vestido, mate y cigarro, y la muy apremiante de la bebida, ocu­rrían provistos de sus hachas a los bosques de la costa, y en ellos permanecían el tiempo estrictamente necesa­rio para pagar una pequeña parte del compromiso que habían contraído con los tenderos de Calbuco, en cam­bio de las mercaderías que estos le participaban. No había, pues, un solo labrador de madera que no estu­viese por mucho tiempo adeudado, ni comprador sin quebranto, ni grandes deudas por cobrar. Consignemos por último el siguiente hecho: en aquellos lugares sólo se casaba por la iglesia aquel que ya cansado de estarlo de otro modo, quería legitimar sus hijos. Bastaba que el novio díjese a los padres de su querida que él que­ría tenerla por patrona y que ella declarase que acep­taba por patrón al pretendiente, para que en el acto se tuviesen por legítimos esposos. Este era el modo de ser y esta la cultura del chilote del seno de Reloncaví, cuya poca grata descripción acabo de hacer.

(Páginas 564/565/566)
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¿Qué mucho es que a la llegada de los emigrados a Valdivia no se encontrase en 1850, a muchas leguas de aquel pueblo, ni un solo retazo de suelo de mediano valor que podérseles ofrecer? Desgracia que estuvo a punto de repetirse en la colonia de Llanquihue y que sólo pudo precaverse en parte, pues antes de tomar posesión de los terrenos donde ahora se alza Puerto Montt, ya estaban desembarcados en aquel apartado rincón multitud de detentadores para especular con la venta de propiedades que ni en esa época les perte­necían ni nunca habían sido suyas.

No fue, pues, corta mi disgustada sorpresa cuando creyéndome, por la distancia, libre de roedores, me en­contré con una carta del Gobernador de Calbuco don José Ramírez, en la cual me decía que si quería fundar colonias en Callenel era preciso que comenzase por comprar aquel territorio, pues todo él tenía legítimos dueños. En el estado en que las cosas se encontraban, titubear era peligroso; ocurrir al Gobierno por facul­tades para comprar, moroso y de incierto resultado, y promover lítis reivindicadoras, la vida perdurable. Comencé, pues, por comprar resignado y de mi propio bolsillo, el asiento del futuro pueblo y sus más inme­diatos contornos, y adiestrado con el ejemplo y con las lecciones de la experiencia, opuse a los detentadores sus propias armas, simulando compras a los indios, supuestos propietarios del vasto territorio del Chanchan con las cuales y mediante otra contribución de seiscientos duros impuesta a mi escuálido haber, pude conjurar la tempestad.
[1]

Del propio modo se ha enajenado de tiempo atrás también, y sin que nadie lo supiese, las dilatadas playas del seno de Reloncaví con sus antojadizos ignorados fondos
[2] En la puerta de la casa del Gobernador del fuerte de Calbuco había con frecuencia cartelones que debían ser leídos por personas que sabían leer o que no llegaban ni tenían para qué llegar a ese pueblo, en los cuales se decía[3] que el terreno tal, comprendido entre los dos puntos accesibles de la costa tal y cual, con sus respectivos fondas hasta la cordillera nevada o hasta los montes altos, propiedad de don fulano de tal, iba a venderse, y para que llegue a noticia de todos, etc.

Desde el año de 1850 para adelante, las autoridades, sin tener para ello la suficiente autorización, comenzaron a suscitar embarazos a la adquisición de propiedades cuyos vendedores no exhibían títulos escritos y atendibles; y éste fue uno de los más poderosos motivos de aquella cruda guerra que se declaró por muchos vecinos a la inmigración. Sin ella, los terrenos fiscal les correspondían sin disputa; con ella, se les tiraba despojar de lo que ya juzgaban suyo.

(Paginas 569/570)

TOMADO DE:
VICENTE PEREZ ROSALES:
RECUERDOS DEL PASADO (1814-1860).
Editorial Francisco de Aguirre. Buenos Aires-Santiago 1971 32+650 pp.


[1] Véase carta del gobernador de Calbuco don José Ramírez, fecha 24 de setiembre de 1852, y también en el archivo de Osorno Ia escritura a que aludo extendida el siguiente año.

[2] Fondos, son todos los terrenos comprendidos entre las dos rectas paralelas y sin término conocido que parten de cada uno de los extremos de la línea que forman algún costado accesible de la propiedad, costado que se medía ya sobre la margen accesible de un río, ya sobre las playas del mar

[3] Muchos anuncios hay así. y nunca dicen de quién hubo el terreno aquel que se titula dueño, y cuando llegan a indicar algo, es para hacer mas patente el despojo.

miércoles, octubre 08, 2008

ESCUELA INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT



ESCUELA INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT

-El pasado tres de octubre de 2008 una veintena de casi legendarios ex alumnos de la Escuela Industrial de Puerto Montt, egresados hasta 1968, se reunieron en el barrio Lintz convocados para organizar la creación del Centro de Ex Alumnos de la Escuela.

-Al calor del alud de recuerdos, anécdotas, las historias de vida que se entreveraron, se establecieron los objetivos para esta convocatoria:

1º.- Propender la solidaridad entre todos sus integrantes
2º.- Establecer estrechos vínculos con los directivos, profesorado y alumnos de nuestra alma mater con el fin de coordinar tareas de apoyo, etc.
3º.- Rescatar la Historia de la Escuela Industrial (ídem del Liceo I.), las historias de vida de quienes han habitado sus aulas y talleres.
4º.- Rescatar el anecdotario de esta realidad educacional que pronto cumplirá 70 años, forjando miles de voluntades en el amor al trabajo humano, la clave de toda la cuestión social,

-Se eligió una directiva que irá plasmando los pasos a seguir: RUDY ORLANDO CARRASCO, Preside la Organización, y JOSE DOLORINDO MANSILLA, TOMAS PACHECO y HERNAN TRIVIÑO fueron designados Directores.

- Por lo pronto la Convocatoria está abierta para que los ex alumnos se integren al Centro:
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- Contactos en este e-mail:
caicaen@ymail.com
- Categorías: a) Egresados desde 1941 a 1966; b) Egresados desde 1967 a 1992 c) Egresados desde 1993 hasta hoy.
- A esta pagina pueden enviar una pequeña biografía de 200 palabras, fotos de alumnos, cursos, de la época etc.; indicando fecha, autor de la foto, comentarios, anécdotas, noticias de otros compañeros, mensajes de búsqueda, alertas, etc. ¡BIENVENIDOS!

LA DIRECTIVA DEL CENTRO DE EX ALUMNOS DE LA ESCUELA INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT.

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LA ESCUELA INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT
1941-1978
[1]

José Dolorindo Mansilla Almonacid

Industriales brindemos un himno
A esta escuela peñón de inquietud
Con sus lluvias su mar y sus vientos
Y el enigma de la Cruz del Sur

(Diego Barros Ortiz:
Himno de la Escuela Industrial de Puerto Montt)


Los rudimentos de la enseñanza de oficios industriales tienen un lejano antecedente en la transmisión de las técnicas que los sacerdotes jesuitas hicieron a aprendices criollos en las estancias y misiones que administraron hasta 1767.

En los albores de la Republica, Juan Egaña elaboró un proyecto de industrialización del país que incluía la creación de un instituto con talleres y maestros de las artes principales.

De 1822 es la data de la primera Escuela Industrial del país, que impartía estudios de química, mecánica, geografía descriptiva, industria agrícola, manufactura y aritmética mercantil. En 1849, durante el gobierno de D. Manuel Bulnes –ese gran militar que gobernó rodeado de intelectuales progresistas- se creó la Escuela de Artes y Oficios (EAO), establecimiento que prestó los más grandes servicios al desarrollo tecnológico de la incipiente industria de nuestro país. De allí surgió una pléyade de profesionales en los oficios que eran necesarios para el desarrollo y crecimiento de las actividades fabriles del Chile de la segunda mitad del siglo XIX.

Prontamente se fundaron: La Escuela Agronómica en 1851, la Escuela de Ensayadores y Mineralogía, esta última como un anexo al Liceo de la ciudad de La Serena. En santiago abrieron sus puertas los Talleres de San Vicente en el barrio Yungay, (donde hoy funciona la Universidad ARCIS), Los Salesianos de Don Bosco abrieron Escuelas Profesionales en Concepción 1887, Talca 1888 y la Gratitud Nacional en 1891.

En 1898, el Ministerio de Industria y Obras Públicas abría y organizaba las Escuelas de Artes y Oficios en Antofagasta, Copiapó, La Serena, Concepción, Linares y Temuco. La EAO y la Escuela de Ingenieros Industriales derivaron en 1952 en la Universidad Técnica del Estado (Hoy USACH), la que creó sedes regionales en las principales ciudades.

En 1937 se organiza en Chile el Frente Popular, agrupación formada por socialistas, comunistas, democráticos y la Confederación de Trabajadores de Chile, a la que después se les unió el Partido Radical. Al año siguiente esta coalición llega al poder al elegir a D. Pedro Aguirre Cerda Presidente de la República. Aguirre Cerda inició sus estudios en una pequeña escuela rural, posteriormente en el liceo de San Felpe y egresó luego del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile donde se tituló de profesor de castellano y filosofía en 1900. Cuatro años después se tituló de Abogado en la misma Universidad de Chile “La Estrella de Chile” como la cantaba D. Pablo Neruda.

Aguirre Cerda subió al poder con el lema “Gobernar es Educar”. Su pensamiento pedagógico estaba expuesto en su programa de gobierno (se comprometían los Hombres de Antes) y su discurso del 21.05.1939: “Para que la enseñanza pueda cumplir su misión social con toda amplitud es necesario que sea: gratuita, única, obligatoria y laica. Gratuita, a fin de que todos los niños puedan beneficiarse de la cultura, sin otras restricciones que las que se deriven de su propia naturaleza; única, en el sentido de que todas las clases chilenas unifiquen su pensamiento y su acción dentro de las mismas aulas escolares; obligatoria, pues es deber del Estado dar a todos los miembros de la sociedad el mínimum de preparación requerido por la comunidad para la vida cívica y social…” por otro lado su programa prometía estas actualidades; “3°) En el orden educacional:

Reforma educacional en armonía con los intereses de la sociedad, incluida la educación del adulto y las escuelas complementarias; Continuidad en la educación hasta la Universidad; Gratuidad de la enseñanza en todos sus grados; La educación primaria, secundaria y técnica debe ser función del Estado; Creación de institutos y universidades del trabajo; Protección del Estado y de los municipios a los escolares indigentes, alimentación, vestuario, útiles y atención sanitaria; El maestro no puede ser perseguido por sus ideas políticas”. (Un ejemplo para los candidatos pendejos políticos de hoy)

Aguirre Cerda asciende al poder cuando el mundo esta en conflagración. Una de esas guerras mundiales a que nos desacostumbran los capitalistas, cuando se apropian con mano ajena lo que no pueden adquirir con sus propios modos de mercachilflear. Además conoció la adversidad de la naturaleza con el violento terremoto ocurrido en Chillán. En estas condiciones: Parte del país destruido por las fuerzas telúricas y los campeones del progreso del mundo tirándose bombas, exterminando judíos, cambiando las fronteras, Aguirre Cerda y el Frente Popular formado por socialistas, comunistas, radicales y democráticos idearon un vasto plan de reconstrucción que incluyó la creación de la CORFO el 29.04.1939, piedra angular del desarrollo chileno en las décadas siguientes y que duarnate la dictadura militar-empresarial iniciada en 1973, los angurrientos emprendedores de siempre se llevaron para la caja.

La CORFO fue la encargada de desarrollar y fomentar la industria nacional, en un plan de electrificación nacional, plantas refinadoras de combustible, desarrollo de la industria siderúrgica, azucarera, etc. y fue artífice en la creación por iniciativa propia o su participación en la constitución de varias otras industrias de diversos rubros, como metalúrgico, textil, distribución y generación de electricidad; farmacéutico, químico, forestal, pesquero y hotelero, ente otros.
Para hacer frente a estos desafíos se necesitaban técnicos y personal idóneo fue así como en 1941 se crearon “Escuelas de Artesanos” y “Escuelas Industriales” que tuvieron la misión de formar generaciones de trabajadores con formación técnica, el tejido social necesario para alcanzar un mejor desarrollo en el sector productivo, especialmente en el sector industrial. En fin trabajar para Chile y su gente.

La Escuela Industrial de Puerto Montt – actual Liceo Industrial- se creó el 22 de marzo de 1941 por Decreto Supremo Nº 1001 como Escuela de Artesanos de Segunda Clase. Eso significaba que los alumnos estudiaban tres años en el establecimiento. El 06 de abril de 1963 por Decreto Nº 3957 se eleva a Escuela Industrial de Primera Categoría, ampliándose los estudios a 5 años e incorporando más ramos humanistas. En 1978 es clasificado como Liceo Industrial A-27 y el Decreto 10.186 del 15.12.1981 traspasa la administración del establecimiento a la I. Municipalidad de Puerto Montt.

Su primer Director fue Don Horacio Echegoyen –nortino con presencia en Freirina, autor de un artículo sobre aprovechamiento de las aguas de los ríos nortinos que se publicó la RCHHYG. Bombero desde 1939 en la 5ª Cia de Bomberos de Santiago, donde aparece muerto en 1972.
Echegoyen fue el encargado de organizar el funcionamiento de la Escuela de Artesanos. Para ello adquirió la propiedad de Don Carlos Descouvieres –caudillo y cacique de la región- ubicada en calle Juan Egaña. La mansión de estilo clásico ocupaba toda una extensa cuadra, no muy bien delimitada por el suroeste.

La casona llamada “Palacio de las Lágrimas”, por la forma de los corta goteras, y porque allí residía un despojador de tierras, comentaban por 1959 otros en Puerto Montt, fue imagen tutelar de Puerto Montt enclavada en lo alto de una de las “Terrazas” de Puerto Montt, según la concepción urbanística de D. Juan Leonhard. La Escuela de Artesanos comenzó a funcionar efectivamente el 1º de octubre de 1943. Todos los años la Industrial se engalanaba para regalar a la ciudad su presencia de jóvenes dignos educándose en ella.

Este es el comienzo de la Historia que aquí escribiremos. Adelante. Adelante.
…………..
[1] A CONTAR DE ESA FECHA LA QUERIDA ESCUELA PASA A DENOMINARSE LICEO INDUSTRIAL DE PUERTO MONTT

sábado, septiembre 27, 2008

ELIAS LAFFERTE RELEGADO EN CALBUCO EN 1930

ELIAS LAFFERTE RELEGADO EN CALBUCO EN 1930
Los compañeros terminaron en fila,
con los ojos bajos. Sus remos muestran
el sitio donde duermen en la playa.
Nadie los recuerda. Justicia.
Yorgos Seferis: Mithistórima
FOTO: Lafferte, Aguirre, Breton y Recabarren

Recuerdo una lejana tarde cuando mi abuela Victoria separó un par de esas ricas tortillas al rescoldo que preparaba—era nuestro pan diario-, las envolvió junto con otras minucias en un blanco paño hecho de saco harinero y fuimos juntos a entregarlo a un hombre que afirmado en un bote tumbado en la playa contemplaba el Mar de La Vega.

-Es un relegado comunista- , me dijo

Un relegado. Por entonces no sabía lo que eso significaba. Eran días extraños esos tiempos: Íbamos a la plaza del pueblo donde se congregaba un montón de gente, porque había un Cabildo Abierto. Después de largas colas en la Municipalidad recibíamos unos cupones que nos permitían comprar harina o azúcar en el negocio de Delfín Soto o doña Chalbita. Otro día en el mismo lugar, en brazos de mi tía Delfina o doña Olfa Soto, gran luchadora social, escuchábamos unos encendidos discursos de María de La Cruz; también veía gente con escobas en la mano que iban a esperar la llegada del candidato a presidente, Carlos Ibáñez Del Campo.

Un cuarto de siglo después, cuando se habían esfumado los años alegres de mi vida feliz, volví a encontrarme con el estigma: El Relegado. Esta vez eran los amigos José Santos, Adrián Fuentes, del Sindicato de la Construcción que eran enviados a Putre, Toconao, San Pedro.

DE EXILIOS Y RELEGACIONES

Pero ¿Quién es un relegado?

Desde al alba de la civilización, en los caso de confrontación bélica, la mayor victoria de los vencedores, consistía en expulsar de su territorio a los vencidos. Cuando el hombre se asienta en las urbes, -cuando nace la propiedad privada, se diferencian las funciones de los individuos y se regula el uso del poder- una forma de conservar ese poder, mantener el orden establecido y evitar la rebelión, lo constituyó el exilio con sus diferentes matices: el exilio forzoso (que es ineludible), el forzado (obligado), la proscripción, la deportación, el ostracismo, el confinamiento, el destierro, el transtierro, la relegación; todos estos conceptos definen el alejamiento forzado de su ciudad, de su patria por razones políticas, religiosas o sociales, etc.

Estos desplazamientos forzosos son ejecutados selectivamente a individuos y/o grupos de personas, pero no se debe confundir con los éxodos masivos de personas por razones de seguridad o conveniencia voluntaria o involuntaria como las migraciones internas o externas o los grandes desplazamientos colonizadores.

Este instrumento represivo ha sido usado masivamente en todas las sociedades y en algunos casos como el Chile reciente ha tenido efectos desintegradores desde el punto de vista social al dividir y dispersar la familia chilena.

EL EXTRAÑAMIENTO EN LA HISTORIA

Históricamente se sabe que en el siglo VIII AC. El rey asiático Tiglapileser III -que había ascendido al trono por medio de un golpe de estado-, deportaba a sus adversarios enviándolos como colonos a los límites del reino. En Grecia, esta imposición penal se conoció como ostracismo y consistía en un destierro de 10 años, sin privación de bienes y afectaba a las personas políticamente sospechosas o peligrosas para la seguridad de las ciudades-estado. Herodoto de Halicarnaso, el padre de la Historia, fue desterrado a la isla de Lemos en 499 AC por tramar una revuelta contra el tirano local Ligdanis.

En la antigua Roma la pena de extrañamiento tenía diferentes niveles. La deportación era un destierro perpetuo con ocupación de los bienes y privación de los derechos civiles. En un grado menor existía la relegación, destierro que privaba al ciudadano de sus derechos. En sus orígenes el exilio forzoso era una alternativa a la negación del agua y el fuego (aqua et ignis interdictio) símbolo de la comunión civil y se imponían por crímenes políticos y prácticas religiosas no permitidas.

A esta pena se terminó por designarla con la palabra exsilium (de exsul = desterrado). La práctica de la deportación se extendió a los pueblos romanizados. Todos los pueblos conquistadores y los gobiernos totalitarios la han practicado: Hay expulsión de judíos, moriscos, hugonotes, puritanos. En caso de cambios políticos a comunistas, anticomunistas, palestinos, etc.

En la América antigua, los incas deportaban a los pueblos que se oponían a su dominio. Estos eran enviados a los confines del imperio como colonizadores. Se conocen como mitimaes.

En la jurisprudencia hispana la relegación se cumplía en Ultramar y los relegados podían seguir ejerciendo sus profesiones bajo la vigilancia de la autoridad.

En el período hispano, en América la pena de algunos delitos era conmutada por el servicio militar en las plazas fuertes de frontera. Las plazas de Valdivia y Chiloé eran conocidas como presidios por tener soldados confinados. En el fuerte San Miguel de Calbuco en el siglo XVIII, hubo algunos extrañados provenientes de Quito y El Callao que sirven plazas de soldados. En este siglo se produce la expulsión de la orden jesuita de los dominios hispanos, hecho que produjo un notorio retraso cultural en los reinos españoles.

Durante las guerras de emancipación de la corona española, los patriotas chilenos tuvieron que refugiarse en Mendoza, donde fueron acogidos por el gran General D. José de San Martín, el cual puso en pie a la provincia mendocina, preparó un ejército de miles de hombres los que junto a los exiliados finalmente expulsaron a los realistas españoles de Chile.

La región sur, aislada, distante del centro del poder, ha sido un lugar favorito de confinamiento y relegación. Ya a mediados del siglo XIX la villa de Castro recibía una partida de opositores al gobierno de Manuel Bulnes. José Zapiola, el autor de la Canción de Yungay narra así la experiencia en su Recuerdos de Treinta Años: “Cuando en 1850, sin ser nosotros naturalistas, geógrafos, marinos, astrónomos ni ingenieros, se le ocurrió a ese gobierno hacernos emprender un viaje al interior de Chiloé, fuimos a parar a Castro...”. Zapiola, quien participó en el Combate de Bellavista –bajo las órdenes de Freire- durante la anexión de Chiloé a la República, estuvo acompañado por Eusebio Lillo, autor de la letra del Himno Nacional, quien tambien andaba “de paseo” por Chiloé.

También después de la Guerra Civil de 1891, partidarios del Presidente Balmaceda fueron enviados a la zona: El ex Ministro de Marina y pintor de las hazañas navales chilenas D. Álvaro Casanova Zenteno, sorprendido de noche gritando consignas a favor del Presidente muerto fue relegado a Puerto Montt por el presidente y contraalmirante Montt. Casanova Zenteno adquirió una goleta, la que convirtió en su hogar, navegando con su familia por las prístinas aguas del Reloncaví. Uno de sus biógrafos dice que más de alguna gota de agua salada está impregnada en sus famosas marinas. Si el pintor navegara hoy, es probable que sus pinturas estuvieran contaminadas de residuos fecales de salmones, el ordinario legado acuícola que nos han dejado los emprendedores salmoneros.

EXILIO Y RELEGACIÓN EN EL SIGLO XX

Podemos leer que en nuestro país, el exilio, la relegación han sido una constante; producto de las determinaciones arbitrarias –apoyadas en una éticamente dudosa legalidad- tomada por el administrador político de turno.

Durante el siglo XX hay tres períodos marcados por profundas crisis políticas que han enfrentado desigualmente a la sociedad chilena:

a) Entre 1927 y 1931, el general Carlos Ibáñez del Campo se ensañó por igual contra comunistas y conservadores relegándolos a remotos lugares.

b) Gabriel González Videla, quien en 1945 subió al poder en brazos del pueblo trabajador, una vez instalado en La Moneda –al igual que unos y otros- le muestra las nalgas al pueblo legalizando la relegación y el exilio con la Ley de Defensa de la Democracia, mejor conocida como La Ley Maldita
[1]. Pablo Neruda en El Canto General le dedicó estos versos con los que debe ser recordado el felón:

“…sobre la tierra mía que vendió. Cada día
Saca de sus bolsillos las monedas robadas
Y piensa si mañana venderá territorio
o sangre.
Todo lo ha traicionado.
[2]

c) Sin embargo fue durante la dictadura militar-empresarial de 1973-1989(¿?) –tan aplaudida por quienes hoy visten de demócratas y pacifistas ciudadanos- donde se produce el mayor numero de exiliados y confinados de la historia chilena.
El Golpe de Estado de los generales y almirantes, la traición de Pinochet y secuaces: sus seguidores civiles, es uno de los hechos más traumáticos que nuestro país ha vivido y la profunda división, las heridas que de tiempo en tiempo afloran en la sociedad chilena es porque no hemos sabido recabar y conocer el verdadero peso del complejo proceso del cual se ha escamoteado la justicia y se ha pretendido tender un manto de olvido para convertirnos en un país sin memoria, de zombies que “miren hacia delante”, como si detrás de nosotros no existiera Historia, traición, hipocresías, latrocinios, sufrimientos, muertes; y donde los funcionarios y seguidores del la ex UP terminan abrazados con los golpistas de ayer.

EL RELEGADO ELIAS LAFFERTE GAVINO

De nuestras lecturas por la Historia Social de Chile, emerge la figura de Don Elías Lafferte y leemos que estuvo relegado en Calbuco desde mayo de 1930 hasta agosto de 1931.

D. Elías Lafferte está improntado en la Historia de Chile, en el imaginario popular como una de esos grandes luchadores que han tratado de humanizar el mundo, que han navegado en las gruesas olas del conflicto social del lado de los desposeídos de siempre, de los trabajadores, como Recabarren, Clotario Blest, Gladys Marín.

Según Boizard, Lafferte “ante todo y sobre todo es un trabajador, un obrero legítimo, por tanto un hombre que se mueve en dos dimensiones concretas: la realidad y el profundo sentimiento humano...”
[3]

Elías Lafferte nació en Salamanca, a orillas del rio Choapa, el 19.12.1886. Antes de los 17 años ya estaba trabajando en el Ferrocarril Salitrero de Iquique; después en las oficinas salitreras, la Municipalidad de Pisagua. Activo dirigente de la clase obrera, administró el diario El Despertar de los Trabajadores en Iquique. Fundador del glorioso Partido Comunista de Chile en 1922. Senador de la República, candidato a Presidente de Chile, testigo de la Matanza en la Escuela Santa Maria de Iquique. Encarcelado, relegado, deportado en innumerables ocasiones por haber “vaciado entera su capacidad de vivir en la función revolucionaria”
[4]. Un hombre del pueblo para quien “la lucha no es un sueño dorado, ni una aspiración abstracta; es simplemente una manera de resolver los propios problemas y los de los demás”[5]

CHILE EN LOS AÑOS 1927 – 1931

La llegada a la Presidencia de la República del general Carlos Ibáñez entre 1927 hasta 1931 se enmarca dentro de los movimientos militares de 1924 y 1925 que se caracterizan por el intento de crear lo que se denominó el “Chile Nuevo”. Las preocupaciones fueron de los militares al poder político, a través de ácidas críticas a los partidos políticos tradicionales que se tradujeron en un reformismo social, laboral y económico.

En estas situaciones los militares y el mismo Ibáñez presionaron para que fuera incluido en el gabinete de D. Emiliano Figueroa, como Ministro del Interior. En abril Figueroa renunció a la presidencia, convocándose a elecciones de Presidente, resultando elegido Ibáñez, ahora ascendido a general con el 98% de los votos.

Básicamente el objetivo era “obtener un clima de orden público, es decir, condiciones que hicieran imposible la revolución social o cualquier alteración en las instituciones y valores considerados permanentes de la nación”
[6]. Se comenzó a reprimir aisladamente a los trabajadores, después la represión se fue generalizando y subiendo de grado hasta convertirse en un estado policíaco. Ibáñez suprime algunas garantías ciudadanas y comienza a perseguir, deportar y relegar ciudadanos.

Ya para este tiempo el exilio, la relegación se ha institucionalizado en el sistema legal chileno, consagrando esta práctica regresiva a estadios jurídicos primitivos, ya que va contra el derecho del individuo de fijar libremente su residencia. El Diccionario Jurídico Chileno define la Relegación como: “Es la traslación del condenado a un punto habitado del territorio de la Republica con prohibición de salir de él, pero permaneciendo en libertad”. Los grados en que esta pena se sanciona (siempre arbitraria) son 1º.- Relegación perpetua, 2º.- Relegación Mayor en su grado máximo 3º.- Relegación Mayor en su grado medio 4.- Relegación Mayor en su grado mínimo 5º.- Relegación Menor en su grado máximo 6º.- Relegación Menor en su grado medio 7º.- Relegación Menor en su grado mínimo.

ELIAS LAFFERTE RELEGADO EN CALBUCO

A fines de la década del 20, Lafferte, curtido en las luchas junto al pueblo, ocupa el cargo de Secretario General Ejecutivo de la Federación Obrera de Chile (FOCH). La represión de Ibáñez lo envió relegado a la isla de Pascua. A comienzos de enero de 1930 estaba de vuelta en el continente. Al arribo descubre que su compañera no lo ha esperado y a desertado con un mercenario de las filas enemigas.

Hay cesantía en esos días en Chile. Aprovechando que por el tiempo relegado han olvidado su nombre, regresa a trabajar a la FOCH. Lafferte con 44 años consigue un empleo en los almacenes Grace que dura pocas semanas pues lo despiden por “ser muy viejo”. Vive en casa de su madre, siendo vigilado a tiempo completo por los esbirros de Ibáñez.

En abril de 1930 es nuevamente detenido y encerrado en un calabozo de investigaciones. El mismo recordará después que conserva de aquellos días el más tenebroso de los recuerdos.

En el mes de mayo lo embarcaron para Puerto Montt.
[7] Arribó al puerto, “bajo una lluvia atroz”. Desde allí al calabozo y al día siguiente enviado a Calbuco – su lugar de relegación- en el vaporcito “Atlas”. Calbuco era entonces, según la propia descripción que hizo años más tarde: “...un puertecillo de las islas de Chiloé (sic) donde no llegan sino pequeños barcos de tarde en tarde. Casas bajas de mal unida enmaderación, veredas sin pavimento y calles golpeadas por la lluvia y por la noche, calles de barro y penumbra que meten sus pies en el mar, gente descalza con sacos de ostras y centollas, fábricas de conserva que no racionan el mal olor, mundo tímido y bovino, campesinos de agua salada; tal es Calbuco”[8]

Llovía implacablemente en las islas, Lafferte dormía en el cuartel en un camastro de corcho que le habían prestado, “comía de pensión en la casa de la mujer del cabo Furriel”. En ese lugar conoció a Valdebenito, practicante del hospital, antiguo navegante que después volvió al mar y pereció en un naufragio en el estrecho de Magallanes. Valdebenito le tendió su mano solidaria y le auxilió. Cuando Lafferte recibió su cama desde Santiago se fue a vivir en casa de una dama calbucana cuyo marido estaba preso por abigeato. Pronto se le unieron otros relegados: Salvador Ocampo, Jorge Grove, Pedro Rivas Vicuña.

Poco a poco los relegados se fueron relacionando con los aldeanos. La desconfianza se fue replegando, la gente de Calbuco comenzó a saludar a los relegados, conversar con ellos e invitarlos a sus casas de vez en cuando.

Un día el teniente de Carabineros les propuso que ayudaran a los campesinos a llenar los formularios para el primer censo agrícola que se hacia en el país
[9]. Cobraban un peso por formulario hasta que les salió como competencia un señor Alvarado que cobraba 60 centavos.

Lafferte consiguió trabajo como peón en el hospital, donde hacia de todo: “desde lavar los vidrios, hasta componer cercas y murallas caídas”. Ya por entonces los relegados gozaban de cierta consideración en el pueblo. Eran invitados a fiestas y curantos y los calbucanos no pudieron ocultar su asombro que “los feroces comunistas”, fueran personas tranquilas, bien educadas, que cantaban a la vida como ellos.
[10]

Lafferte recuerda que los isleños del pequeño caserío calbucano son hospitalarios y afectuosos. Muchos años después todavía hablaba con afecto de D. Ramón Ricardo Alvarado, caudillo conservador, quien se convierte en el mejor amigo del comunista; lo aloja en su casa varios días y lo sienta en su mesa. También visita al relegado ese chilote moreno y fuerte, D. Maximiliano Oyarzún cura del pueblo, con quien prepara Lafferte veladas y beneficios para las obras católicas.
[11]

Por acuerdo municipal, el tesorero comunal D. Julio Contreras, le dio un empleo en la Tesorería. Alguien le paso el soplo al tesorero provincial de Puerto Montt, quien se indigno porque un relegado estaba en la ventanilla atendiendo publico.

En octubre de 1930 se comenzó a preparar la celebración de la Fiesta de la Primavera, cuyo producto económico se repartía entre la Iglesia y los bomberos. Los organizadores le solicitaron ayuda a los relegados que aceptaron gustosos. Lafferte organizo un ballet humorístico y Ocampo interpreto varias piezas en su violín. Hemos encontrado una huella de la participación de Lafferte en estas actividades: En un diario El Llanquihue de 1930 leemos que para estas fiestas está integrando la Comisión de Corsos.

Los caballeros de las conferencias de San Vicente, las señoras catequistas y los miembros de la Acción Católica se sienten a sus anchas con este comunista con cara de padre mercedario, con palabra de misionero y pobreza de franciscano. Le oyen hablar tantas cosas prácticas sobre los pobres, tantas cosas dulces sobre la solidaridad, que descubren en el comunista de marras inesperadas analogías”
[12]. Cuando Teresa Ossandón, dirigente de la Juventud Católica Femenina, visita Puerto Montt y –como era su costumbre- comenzó a lanzar diatribas contra los comunistas se encontró sorprendida que las damas católicas calbucanas defendían con energía el sentido de sociabilidad de los relegados comunistas.

Los autores Barruel y Cárdenas narran una anécdota ocurrida durante la vista del Presidente Carlos Ibáñez a Calbuco en esos días: “…llega en horas previas un grupo de agentes de investigaciones para conducir a Caicaén a los relegados y mantenerlos todo el día en ese lugar mientras dure la visita de Ibáñez”, los agentes allanaron la casa donde se alojaba Lafferte y registraron sus pertenencias no encontrando elementos comprometedores, como seguramente esperaban Y agregan los autores citados: “Lo que había sucedido, era que don Elías había guardado todos sus papeles y literatura comunista detrás de un cuadro religioso, de un Sagrado Corazón, y jamás los agentes imaginaron que allí tras la imagen de Jesús estaban los documentos del relegado político”
[13].

Ibáñez arribó a Calbuco a las 10:45 de la mañana del 15.03.1931 en El Araucano procedente de Ancud. En el muelle de Calbuco –dice el diario- lo esperaba todo el pueblo: bomberos, escuelas, obreros, etc., La comitiva presidencial visitó la Escuela de Mujeres, donde una niña recitó una poesía alusiva a la llegada de S. E. Enseguida fueron al cuartel del Cuerpo de Bomberos en uno de cuyos salones se ofreció un champañazo. Pronunció el discurso de bienvenida el Alcalde D. Roberto Ditzel, saludando y congratulándose a nombre del pueblo por la visita de S. E. Finalizó su alocución enumerando las diversas necesidades que tenía la comuna. Después el Presidente visitó el hospital. Desde allí la comitiva volvió embarcarse en El Araucano donde la Marina de Chile representada por el contralmirante D. Alejandro García Castilblanco ofreció un cóctel y almuerzo a S. E. Ibáñez abordó luego el Sargento Aldea y se dirigió a Cochamó. Volvería a Calbuco en 1952 durante la campaña presidencial que lo llevó nuevamente a la Presidencia. Los chilenos, que vivimos en el país sin memoria, siempre tropezamos dos veces.

En julio de 1931, se produjeron importantes cambios en la política nacional. El pueblo estaba cansado de la dictadura y la crisis económica. La cesantía vaciaba en Santiago masas de trabajadores hambrientos con sus mujeres y sus hijos. Ibáñez viendo que tambaleaba su gobierno, volvió las cosas a un régimen constitucional. Se dictó la amnistía y los relegados fueron notificados que podían ir y venir por Chile como cualquier ciudadano.

Por la isla comenzaron a pasar los deportados de Aysén y Chiloé que regresaban a Santiago. Los calbucanos acudieron a felicitar a Grove y Lafferte, porque podían volver a sus hogares. Pero Lafferte no tenia medios con que partir. ¿Le falta dinero? El pueblo de Calbuco se lo reúne con multitudinaria generosidad... y hubiera dado el doble para que se quedara. Jorge Ditzel, propietario de los barcos que hacían el servicio entre los canales, le ofreció pasaje gratis hasta Puerto Montt. Lafferte pudo partir después de despedirse de la gente isleña, a la que había aprendido a conocer y a querer. Así cargado de esperanzas volvió a la lucha, a nuevos peligros, a nuevas deportaciones. Porque Lafferte era de esos hombres que luchan toda la vida, esos hombres que son imprescindibles.

Decíamos al comienzo de este relato que Elías Lafferte fue testigo de la Matanza en la Escuela Santa María de Iquique. El Premio Nacional de Literatura D. Miguel Varas cuenta que la primera vez que supo de la masacre fue a través de Volodia Teitelboim. En efecto Teitelboim –también Premio Nacional- es el autor de la novela Hijo del Salitre inspirada en la vida de Elías Lafferte. A través de cuatro grandes capítulos: La áspera mañana; Vamos al puerto; Sábado negro y El canto de la pampa el narrador nos introduce en las vicisitudes de la pobreza, la forja del temple acerado del luchador social en las calcinantes oficinas salitreras, para continuar en la marcha a Iquique que desemboca en la matanza, donde Elías, deambula en la multitud que será atravesada por la muerte colectiva. En esta ultima etapa del aprendizaje, el protagonista se integra a la lucha social y “se encuentra con el forjador del movimiento revolucionario y fundador del glorioso Partido Comunista D. Luis Emilio Recabarren”.

¿En algún momento de su residencia en la tierra calbucana, al calor de la lumbre en las húmedas noches isleñas, D. Elías Lafferte habrá narrado, que allá lejos en un patio escolar de Iquique, hubo dos mil quinientas miradas que fueron apagadas por la refriega?

Años después de su paso por la isla los obreros de las fábricas conserveras fundaron la primera filial de la CUTCH en Calbuco; motivados también, como Lafferte, en la búsqueda de un mejor destino colectivo.

JOSE D. MANSILLA ALMONACID.

NOTAS

[1] En este nefasto período también llegaron relegados a Calbuco. Uno de ellos D. Cruz Nievas, padre del escritor Eduardo Nievas, se enamoró de la tierra y quedose a vivir en las islas de las aguas azules.
[2] Pablo Neruda: Canto General: González Videla el traidor de Chile
[3] Ricardo Boizard: Cuatro Retratos en Profundidad. 1950 pp. 160
[4] Ricardo Boizard: op. cit. pp. 85
[5] Ricardo Boizard: op. cit. pp. 160-161
[6] Jorge Rojas F.: Ibáñez y los sindicatos 1927-1931. 1993 pp.23
[7] Elías Lafferte: Vida de un comunista pp. 219
[8] R. Boizard op. cit. pp. 131
[9] E. Lafferte op. cit. pp 219
[10] E. Lafferte op. cit. pp 220
[11] R. Boizard op. cit. pp. 132
[12] R. Boizard op. cit pp. 133
[13] Esteban Barruel y Floridor Cárdenas: Historia Cotidiana y Contemporánea del pueblo de Calbuco en el siglo XX. 2002 pp. 145

EL FUERTE SAN MIGUEL DE CALBUCO

EL SISTEMA DEFENSIVO MILITAR DE CALBUCO DURANTE LOS SIGLOS XVII-XIX

JOSÉ D. MANSILLA ALMONACID


PERIODO HISPANO (1603 - 1826)

Ya sabemos que la ciudad de Calbuco tiene su origen en la instalación del Fuerte San Miguel por el Maestre de Campo Francisco Hernández Ortiz Pizarro en el primer tercio del mes de mayo de 1603. Este enclave militar, junto con la empalizada de Carelmapu – también fundada por Hernández Ortiz-Pizarro, en junio de 1603- y las reducciones de indígenas procedentes de Osorno -instaladas en Caicaén y Abtao- formaba el escudo protector del territorio septentrional de la provincia de Chiloé durante el siglo XVII.

En la medida que los españoles valoran la importancia geográfica de Chiloé en contradictorios informes sobre su capacidad económica y defensiva, las autoridades locales refuerzan las defensas existentes manteniendo y refaccionando las fortificaciones del Archipiélago Chilote, dada la ubicación estratégica de la Isla Grande por ser la llave de acceso al Mar del Sur luego de descubierta la ruta del Cabo de Hornos. Se pone el triple cuidado en su defensa para coersionar los indios locales, en contener las sublevaciones de los rebeldes indios junco del continente y los posibles ataques de potencias enemigas de España
[1].

En este capítulo revisaremos cual es la participación que la capacidad del fuerte de Calbuco le asiste en la actividad guerrera, especialmente su guarnición militar.

Para la región que nos interesa, sabemos que las incursiones de piratas que asolaron Castro y Carelmapu no llegaron hasta Calbuco por su ubicación mediterránea: el dédalo de islas, canales y corrientes marinas impidieron que fuera atacado y saqueado en 1615 por Jorge Spilberg o en 1643 por los holandeses. Sin embargo cada vez que hasta Chiloé llegaron las noticias de extranjeros o españoles asentados en los territorios australes -que dieron origen a numerosas leyendas y viajes hacia el sur y oriente de Chiloé-, los soldados e indios de Calbuco participaron en las expediciones.

Pero es en la coerción de los aborígenes donde la guarnición calbucana tiene una destacada participación durante el siglo XVIII.

Al respecto el cronista Juan Diez de la Calle dice que su guarnición está "para hacer resguardo a mucho número de indios pacíficos que hay poblados en aquellas islas"
[2] .

También participaron activamente en las expediciones punitivas realizadas al territorio huilliche de los indios llamados junco en las cercanías de Osorno con el objeto de apresar indígenas y venderlos como esclavos. Los jefes de la guarnición calbucana nombrados por la autoridad militar de la provincia durante los inicios del siglo XVII colaboraron con este comercio para aumentar el caudal de sus superiores.

LA CAPACIDAD DEFENSIVA

Durante el período hispano toda la capacidad defensiva del partido se funda en el fuerte, su número de soldados y en los indios amigos que colaboraban con los soldados hispanos.

EL FUERTE:

En sus orígenes la disposición del fuerte no habrá diferido del resto de las construcciones militares del reino de Chile. Por la misma fecha de su instalación, una crónica de la conquista describe los fuertes del reino: "Estos eran de estacas de alrededor (4 metros) de altura del grosor de una pértiga de carro, las que se enterraban en tierra unos tres palmos, en hilera formando el trazado del sitio. Por el interior se colocaban unos palos atravesados llamados cintas donde se amarraban las estacas de la muralla". En la parte interior se construía una muralla más baja a 1,50 metros de la principal, el espacio -entre las dos estacadas- se rellenaba con tierra o tepes. Este terraplén era el camino de ronda de la centinela. Dentro del recinto se instalaban las barracas de carrizo para el alojamiento de la tropa. Algunos de estos fuertes se les abría, circuyéndoles, un foso de poca consideración
[3].

El fuerte San Miguel estuvo primeramente en el estero de Huito, el cual era referido por los calbucanos como el Fuerte Viejo. Dice Thomas O' Higgins que acosados permanentemente por los indios, los españoles tomaron el arbitrio de pasarse a la isla de Caicaén donde el fuerte fue edificado definitivamente en el cerrito La Picuta ubicado en la parte N.E. de la isla
[4].

A mediados del siglo XVIII se encontraba en ruinas, fue restaurado entre mayo de 1737 y octubre de 1743 por el capitán Carlos Gómez Hidalgo, a la fecha su comandante
[5].

Parece que dirigió y supervisó las faenas el alférez Mateo Abraham Edvrad, un inglés convertido al catolicismo, avecindado en Chiloé
[6] .

La relación de Carlos de Beranguer en 1777 dice que el fuerte se halla situado "al pie de un cerrito o repecho, su construcción es de tierra y madera con poco foso i en su interior los cuarteles y almacenes. Tiene cuatro cañones, pertrechos y armas suficientes para contrarrestar a los indios rebeldes a cuyo objeto está destinado”
[7] .

En 1787 fue reedificada su estacada exterior por el capitán don Antonio de Mata de orden del intendente Hurtado. En una lista de las obras realizadas bajo su gobierno provincial se lee que el fuerte de Calbuco "se halla...todo refaccionado, concluido y cerrado a toda seguridad... pertrechado de armas, municiones y artillería"
[8].

Quién mejor describe el fuerte es el español José de Moraleda explorador que arribó a Calbuco en marzo de 1789. De su Diario hemos extraído lo siguiente: "El fuerte se encuentra situado en la punta N.E. de la isla, sobre unos peñascos, escarpados en la parte del mar y elevado de el, de 13 a 14 (varas)‚ es un cuadrado reducido, con un baluarte entero al N.E. y 2/2 en los ángulos del S.E y S.O capaz de contener 12 piezas (fuera de cortinas) con troneras abiertas en el revestimiento exterior, que es de cuartones de madera, hoy tiene dos cañones del calibre de a 8, cuatro del de a 6, dos del de a 4, uno del de 1,5 todos de fierro y uno de bronce de a 6 onzas para montaña, entre las cuales hay algunos inútiles y tiene montados los 8. Circuye el fuerte, formándole foso una simple estacada. Están en regular estado, su cuerpo de guardia reparto y almacén de pertrechos, de estos tiene los precisos para un pronto"
[9].

Sobre la real capacidad defensiva del recinto militar la opinión de Moraleda es categórica en afirmar que su emplazamiento no tiene ninguna utilidad como fortaleza defensiva. Dice el explorador: "El fuerte dicho no puede guardar otra cosa que su corto recinto, porque a tiro de piedra esta dominado ya por un ángulo de 20° y por otro de mas de 30° casi a tiro de fusil, cuantas embarcaciones quisieran entrar o salir y estar fondeadas fuera de su tiro de cañón lo pueden verificar y también hacer desembarcando a poco mas de 1/2 milla al sur de él, en la punta y playa de Ahecho, en la propia isla de Caicaen"
[10].

Todos los escritos que hablan del fuerte calbucano coinciden en señalar que su objeto era contener a los indios rebeldes del continente y la protección de los naturales pacíficos que vivían en las islas. Como elemento defensivo era un recinto vulnerable para cualquier potencia enemiga de España. Por esta razón un proyecto alternativo de defensa de Chiloé presentado por Hurtado en 1786 planteó la supresión del fuerte de Calbuco y el traslado de su guarnición, artillería, armas y pertrechos a Castro para construir allí un gran centro atrincherado. No prosperando el proyecto, Hurtado resolvió refaccionar el fuerte
[11].

Durante la guerra de la Independencia Chilena y al iniciar los españoles la Reconquista, el brigadier Pareja embarcó hacia el centro del país un batallón de soldados chilotes pertrechados con todas las armas útiles que había en la provincia, entre ellos parte de lo que había en el fuerte de Calbuco

Entre los años 1817-1826 el general Quintanilla, si bien adiestró y equipó con armas livianas a la guarnición calbucana, no realizará obras de reforzamiento en el fuerte, concentrando sus esfuerzos en la boca del canal de Chacao.

En la época republicana de la primera mitad del siglo XIX, el fuerte sirve de cuartel a la Guardia Cívica hasta la disolución de ésta en Calbuco.

Los terrenos del fuerte fueron vendidos a particulares. Allí se levanta aún hasta hoy la casa de la familia Kappes cuya fachada principal orientada a la marina y al viento ha dado tema para más de alguna leyenda y postal artística. El hundimiento del terreno por causa de los terremotos y el flujo de las mareas destruyeron la pequeña explanada norte y las grandes piedras del baluarte de ese lado fueron extraídas y colocadas en el pretil que unió la isla con el continente en 1965.

El lugar donde estuvo el fuerte es hoy una descuidada plazoleta. En el extremo N.E., sobre un monolito se encuentra un antiguo cañón. Es el mudo testigo de un pasado de 400 años de historia.

LA TROPA:

La guarnición calbucana existe desde los orígenes de la ciudad en1603. La fuerza militar la componen la tropa reglada y las milicias.

LA TROPA REGLADA:

Durante el siglo XVII y gran parte del siglo XVIII la tropa reglada está compuesta por una compañía de infantería, la única de la provincia y que reside en Calbuco.

En 1614 la guarnición estaba formada por un capitán que mandaba el fuerte, un teniente reformado, 2 alférez (uno reformado), 4 sargentos (3 reformados), un abanderado, un tambor, un cabo de escuadra y 29 soldados
[12].

En 1664 la guarnición cuenta con 70 soldados, hay 60 en 1675, 45 en 1676, 60 en 1677 y 60 en 1678
[13] (13).

En 1698 la compañía estaba compuesta por un capitán, un teniente, 4 sargentos,2 alférez, 3 cabos, 47 soldados, un tambor y el cura y capellán del fuerte
[14].

Durante el siglo XVIII la guarnición calbucana la forma medio centenar de hombres

En 1703 la planta contaba con 1 capitán, un tambor, un alférez, un sargento, 4 cabos, cuatro capitanes de artillería reformados y 88 soldados
[15].

En febrero de 1773 la compañía con los oficiales asciende a 53 hombres
[16].

En 1782 existe una dotación de 77 hombres
[17].

En 1784 la guarnición se disponía así: 1 capitán, 1 teniente, 1 subteniente, 1 sargento primero, 2 sargentos segundos, 2 hombres y 72 soldados (incluidos los cabos)
[18].

Urbina dice que el principal rasgo de la tropa y la oficialidad de las guarniciones del archipiélago es que ella esta compuesta exclusivamente por chilotes. Los cargos eran apetecidos por los isleños que hacían méritos para ocupar las vacantes y servir al rey. Existe una verdadera carrera militar ya que la oficialidad ascendía desde la tropa hasta alcanzar los grados de teniente y capitanes
[19] .

Sobre el valor del soldado calbucano, las opiniones los destacan sobre los de la provincia por su belicosidad, disciplina y lealtad. Una relación de 1787 dice que los soldados calbucanos “son gente belicosa y aplicada a la militar disciplina de envejecido trato con ella”
[20].

La misma apreciación tiene él último defensor del rey en Chiloé -el general Quintanilla-, en una relación escrita por él, leemos que durante el período de su gobierno se formó un batallón en el partido de Calbuco “cuya gente era sin duda la mejor de la provincia”
[21].

No obstante la disciplina se encontraba bastante relajada, en parte por la poca atención prestada por los gobernadores de la provincia, mas preocupados de comerciar que de la disciplina militar. Al mismo tiempo la instrucción era insuficiente por la falta de oficiales preparados, armamentos y la ninguna continuidad con que se realizaba
[22].

Sólo en 1779 llega a la provincia un grupo de sargentos y cabos limeños que estrenan a la tropa calbucana en el manejo del fusil. También el intendente Hurtado, durante su periodo de gobierno, toma a su cargo la instrucción de la tropa y la milicia, visitando personalmente el partido de Calbuco. Aun cuando subsiste el problema de la carencia de armas. En 1755 los infantes de Calbuco solo poseían unos arcabuces antiguos
[23] .

La tropa no usaba uniforme diferenciándose de la restante población solo por las armas que portaban, lanzas principalmente. En 1786, el inspector Shee logra uniformar a los soldados chilotes. Es posible que la compañía de infantería calbucana fuera entonces de “casaca, chupa y calzón azul, vuelta y collarín encamado y botones blancos”
[24].

Al respecto Carlos de Beranger había escrito en 1773: “nunca podrá por sí misma, esta milicia, el uniformarse, siempre estará envuelta en su extraño traje de poncho”
[25] (25)

LA MILICIA:

No se sabe con certeza cuando fue instaurada la milicia calbucana, aunque sus orígenes deben remontarse al tiempo de la instalación del fuerte, o por alguna emergencia posterior. En Chiloé la milicia está formada por los pobladores españoles adultos capaces de portar armas, no sustrayéndose nadie en la obligación de servir al rey. Sin embargo en Calbuco la presencia de los indios yanaconas -venidos de Osorno al tiempo de la destrucción de esa ciudad- que servían de soldados, estableció una clara diferencia con respecto a las milicias de otros puntos del archipiélago, al componerse la milicia calbucana de grupos mixtos en los cuales los indígenas -especialmente los caciques- alcanzaron cargos de jerarquía militar.

La milicia estaba dividida en tres cuerpos, infantería, caballería y artillería, con 60 hombres cada compañía incluidos los oficiales. En 1768 hay dos compañías de infantería y una de caballería en Calbuco. En 1755 existe una compañía de artillería en todo el archipiélago repartida en tres fuertes: Castro, Chacao y Calbuco, el número de milicianos artilleros de Calbuco era 12, los que "en casos de armas" eran llamados a Chacao con "dos tiros de cañón"[26].

En 1769 la milicia calbucana esta compuesta de la siguiente manera: Infantería: 3 compañías a las que se agregaba el escuadrón de artillería con un total de 11 oficiales y 201 soldados, caballería, 1 compañía, 3 oficiales y 50 soldados. Al mando supremo de estas milicias estaba el corregidor de Castro. La oficialidad de la tropa estaba compuesta de 3 oficiales, los sargentos y los cabos
[27] .

Una de las principales funciones era el servicio de centinelas, ubicados en las alturas de los terrenos para dar aviso oportuno de cualquier eventualidad que descubriesen en el mar. En el partido de Calbuco existía en 1710 un puesto de vigías en Llaicha (Puluqui) y sabemos de otro en Chayahué

El armamento principal eran la pica y la lanza en cuyo manejo eran adiestrados los milicianos, aun cuando la instrucción era defectuosa. hacia 1780 las milicias acudían a la villa de Ancud para recibir instrucción militar.

Aparte de las funciones militares, los milicianos eran ocupados para tareas de utilidad pública y aún para trabajos particulares de los gobernadores. Los milicianos calbucanos eran los mas gravados de la provincia, especialmente los indígenas. De continuo eran ocupados en la construcción de barcos, remeros para las misiones jesuitas, conducción de maderas, reconstrucción del fuerte, recaudación de impuestos, ocupados en la apertura de caminos, fabricación de cureñas, etc.
[28].

Las milicias chilotas no percibían remuneración alguna por sus servicios, no obstante la milicia calbucana india –por su fidelidad al Rey recibía 300 pesos del Real Situado que le había sido graciosamente concedido por la Corona. La milicia calbucana tuvo numerosas oportunidades para demostrar su lealtad al rey como lo prueba su participación en la insurrección aborigen de 1712 donde permanecieron fieles a las autoridades realistas.

En 1804 la fuerza miliciana estaba compuesta de 4 compañías de infantería con 87, 79, 86 y 79 hombres respectivamente, incluidos los oficiales. La compañía de caballería se componía de 89 hombres
[29][1] (29)

Ignoramos cuantos soldados aportó Calbuco a la causa realista durante la guerra de la Independencia, quienes regaron con su sangre los campos del centro de Chile en la expedición de Osorio o cuantos seguidores del general Quintanilla sucumbieron durante la invasión de los independistas a Chiloé. Capitulada la provincia, los vencedores estipularon en el Tratado de Tantauco la libertad de jefes, oficiales y tropas que componían el ejército real, asimismo instaba a los cuerpos de milicias que podían quedar en posesión de sus respectivos grados y empleos que tenían y continuar en ellos si deseaban, cuando a juicio del gobierno reunieran la virtud y aptitudes necesarias para desempeñarlos.

La guarnición calbucana juró la independencia, influida por el sacerdote Ramón Camilo de Lorca, quien de apologético realista dio un viraje abrazando la causa independista chilena.

Ignoramos cuantos soldados aportó Calbuco a la causa realista durante la guerra de la Independencia, quienes regaron con su sangre los campos del centro de Chile en la expedición de Osorio o cuantos seguidores del general Quintanilla sucumbieron durante la invasión de los independistas a Chiloé. Capitulada la provincia, los vencedores estipularon en el Tratado de Tantauco la libertad de jefes, oficiales y tropas que componían el ejército real, asimismo instaba a los cuerpos de milicias que podían quedar en posesión de sus respectivos grados y empleos que tenían y continuar en ellos si deseaban, cuando a juicio del gobierno reunieran la virtud y aptitudes necesarias para desempeñarlos.

PERIODO REPUBLICANO 1826 - 1829

Cuando pocos meses después del Tratado de Tantauco los partidarios de O Higgins -que se encontraba exiliado en el Perú- se apoderaron de la guarnición de la Isla Grande y expulsaron al gobernador Aldunate, conato que produjo encontradas reacciones en el pueblo de Chiloé, la tropa calbucana se mantuvo leal a las legítimas autoridades chilenas y cuando Aldunate regresó del Norte con 300 soldados, se presentó en Chacao el comandante Téllez con ciento cuarenta hombres a ponerse bajo las órdenes de Aldunate, quien terminó por derrotar a los usurpadores
[30]

En 1829 la fuerza militar de Calbuco radicaba en el batallón N° 2 con 9 compañías y 972 hombres
[31]

Hacia mediados del siglo XIX todavía subsiste la milicia con el nombre de Guardia Cívica. Por esa fecha era comandante de la guarnición don José Ramírez, padre del héroe de Tarapacá, el osornino Eleuterio Ramírez.

Apéndice 1

CALBUCO. COMPAÑIAS SUELTAS DE INFANTERIA. 1804


1ª Compañía 2ª Compañía

Capitanes Vacante Valeriano Maldonado
Tenientes Casimiro Alvarado Ventura Vargas
Subtenientes José Antonio Vargas Miguel Mansilla
Sargentos 1os 1 1
Sargentos 2os 2 2
Cabos 1os 4 4
Cabos 2os 4 4
Soldados 76 68


3ª Compañía 4ª Compañía

Capitanes Juan A. Olavarría Miguel Zúñiga
Tenientes Cristóbal Olavarría Vacante
Subtenientes Miguel Mansilla Nicolas Villegas
Sargentos 1os 1 1
Sargentos 2os 2 2
Cabos 1os 4 4
Cabos 2os 4 4
Soldados 75 68

NOTAS

[1] -RODOLFO URBINA BURGOS: La Periferia Meridional Indiana. Chiloé en el siglo XVIII. pp. 217

[2] JUAN DIEZ DE LA CALLE: Noticias Sacras y Reales de las Indias Occidentales. C. H. Ch. tomo XXIX Santiago 1902 pp. 388

[3] ALONSO GONZÁLEZ DE NÁJERA: Desengaño y reparo de la guerra del Reino de Chile. Libro tercero: Desengaño Quinto Capitulo II

[4] TOMAS O' HIGGINS: Diario de viaje del Capitán D. Thomas O 'Higgins de orden delVirrey de Lima. EN: R. CH.H. y G. N 101 Santiago 1942 pp. 42-97

[5] GABRIEL GUARDA OSB: Flandes Indiano. Las Fortificaciones del Reino de Chile 1541-1826 pp. 43b

[6] WALTER HANISCH: La Isla de Chiloé, Capitana de Rutas Australes. Academia Superior de Ciencias pedagógicas de Santiago 1982 pp 61

[7] RELACION GEOGRAFICA DE LA PROVINCIA DE CHILOÉ. MM tomo 259 fs 154-155

[8] URBINA: op. cit. pp 226

[9] JOSÉ DE MORALEDA Y MONTERO: Exploraciones Jeograficas e Hidrográficas pp Santiago 1888

[10] JOSÉ DE MORALEDA Y MONTERO: ídem pp

[11] URBINA: op. cit. pp 231

[12] MEDINA Ms t. 112 fs 296

[13] URBINA: op. cit. pp 218

[14] ANS. RA. vol. 2713 pza 5a fs 87-88

[15] URBINA: op. cit. pp 231

[16] CARLOS DE BERANGUER: Relación de la Provincia de Chiloé pp 25

[17] URBINA: op. cit. pp 233

[18] id. ib. pp 231

[19] id. ib. pp 234

[20] id. ib. pp 234

[21] URBINA op. cit. pp 235

[22] URBINA op. cit. pp 235

[23] id. ib. pp 236

[24] OÑAT: Régimen Legal del Ejercito del Reino de Chile pp. 182

[25] MEDINA: Ms t. 259 Doc. N° 7491

[26] MEDINA: Ms t. 259 Doc. N° 7491

[27] VER APENDICE N° 2

[28] v. g. a) Treinta picas de indios amigos del rey -soldados de Calbuco- acompañaron al capitán Antonio de Vea en 1675 a una expedición mas allá del Golfo de las Penas en busca de una población de blancos, supuestamente asentados esas latitudes: los míticos Cesares. b) En 1721 el Cabildo de Castro remitió un memorial al rey solicitando que los indios de Calbuco y Abtao se emplearan en construir una fragata de 16 a 18 varas de quilla para conducir tablas, tributos, llevar el Situado y dar avisos al gobernador del reino. VIDE: SILVA MOLINA: Historia de Chiloé tomo IV y ANS CG vol. 721 c) En la expedición que se efectúo para abrir el camino a Osorno en 1791, leemos en el diario del cirujano Isidro Zapata que integraba el conjunto un grupo de “trabajadores de Calbuco, los cuales afectados de una fuerte desintería causaron durante la expedición una serie de molestias” .
ARCHIVO NACIONAL DE SANTIAGO DE CHILE. FONDO VARIOS Vol. 276 pieza 9

[29] Ver APENDICE N° 3

[30] FERDINAND B. TUPPER: Memorias del Coronel Tupper (1800-1830) Edit. Fco. De Aguirre Bs. Aires, Santiago de Chile 1972 p. 134

[31] ARCHIVO NACIONAL DE SANTIAGO DE CHILE: FONDO ANTIGUO. Vol. 24 pza 3ª a.
Fuerza Militar compuesta de la milicia según el censo de 1829. Partido de Calbuco:
N° de Compañías 9
Comandante 1
Ayudante de Comandante 1
Porta Estandarte 1
Capitanes 5
Tenientes 6
Subtenientes (o Alférez) 12
Sargentos 1ª Clase 9
Sargentos 2ª Clase 35
Tambores y Pífanos 24
Cabos de 2ª Clase 54
Cabos de 2ª Clase 54
Soldados 796
_____

Total de hombres 972