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domingo, septiembre 06, 2009

FLORIDOR CARDENAS Y LA CREACION LITERARIA

FLORIDOR CARDENAS Y LA CREACION LITERARIA

FOTO: Izq.; Don Floridor Cárdenas, al Centro el escritor don Edsio Alvarado (Tomado de MEMORIA CHILENA)

En 1993, junto con don Milton Vivar -amigo, en quién yo tanto quiero- tuvimos una conversación Die Profundis con el ilustre ciudadano de Calbuco Don Floridor Cárdenas1.

Le comentaba entonces que en la casa de mis niñeces, en la calle Baquedano, su nombre, junto a otros nombres como don Pancho Sepúlveda, Aniceto Rodriguez, Salvador Allende, nos acompañaban en la conversación cotidiana, donde al calor del pan amasado solidario recién sacado del horno se hablaba de sindicatos, de las estampillas de las libretas del Seguro Social, de la CUTCH.

La tía Olfa Soto Mansilla, contumaz luchadora social, militante del antiguo Partido Socialista: orgullosa allendista, como el que escribe, tenía en don Floridor un referente, un compañero de ruta y un amigo. En más de alguna ocasión acompañé a la tia Olfa a conversar con don Floridor en su despacho de la Inspección Departamental de Educación, detrás del alto mesón de esa repartición.

Entrevistamos a don Floridor, porque su nombre está asociado indisolublemente con Calbuco. Pocos hombres de nuestro pueblo -tal vez contados con los dedos de las manos- como él han hecho “tanto con tan poco”. Este notable y polifacético hombre público, ejemplar funcionario del Estado, activo dirigente político, gremial, deportivo y artístico; abrazó el periodismo siendo corresponsal de diferentes medios.

A través de sus crónicas emerge la historia cotidiana de Calbuco, en la que el fué vívido protagonista. No sólo fué cronista, historiador, también de inclinó por la creación literaria. Esa es la faceta que queremos destacar en este artículo, ademas de rescatar algunas de las buenas acciones en las que tuvo directa participación.

Don Floridor nació en Calbuco el 25 de junio de 1916. Su infancia giró en el hogar de sus familiares. Realiza estudios de enseñanza primaria en la Escuela Superior de Hombres Nº 1 de Calbuco; la antigua y bien amada “Escuela Balmaceda.”

En los últimos días del verano de 1926 -maleta en mano- desembarca del Orán, en Puerto Montt2. Vientos de Travesía, calles mojadas, carruajes de sangre, casas señoriales de madera tenía el Puerto Montt de entonces cuando arriba el niño Floridor para estudiar en el Liceo de esa ciudad. Egresa en 1933. Retorna a Calbuco viviendo alreddedor de sus familiares.

En 1935 ingresa como oficial administrativo en el diario “El Correo del Sur” de Puerto Montt, periodico que siempre estaba en pugna con “El Llanquihue”, diario regional que a lo largo de su existencia se caracteriza por ser de anquilosada tendencia conservadora.

Instalado en el Correo, al poco tiempo estaba corrigiendo pruebas, redactando artículos y realizando crónicas. En 1936, El Correo del Sur, con un tiraje muy mermado, cerró sus páginas y Don Floridor regresó a Calbuco “para nunca más salir de él...”

De su trabajo en el diario, heredó una noble y notable afición por el periodismo. Aunque permaneció viviendo “arraigado en los mas profundo” de su tierra, no dejó un solo día de representarla al exterior de la isla a través del Periodismo. En su función reporteril fué por más de cuarenta años corresponsal del diario El Llanquihue. También de las emisoras V. P. Rosales y radio Reloncaví (ex-radio Llanquihue). Colaborador de los diarios regionales La Prensa de Osorno y La Cruz del Sur de Ancud.

De su vasta participación ciudadana, rescatamos algunas de las más relevantes, que como jerarquías angélicas hemos resumido en nueve categorías:

a) Don Floridor Cárdenas y el deporte

Comenzó sus actividades deportivas como dirigente del Club Deportivo José Miguel Carrera, llegando a ser su presidente durante más de 8 años desde 1952 a 1960. También se destacó como presidente de la Asociación de Futbol de Calbuco por 3 períodos. Desde este puesto promovió reformas en la organización de los clubes para imprimirles una cuota de seriedad y responsabilidad, sacar de la cabeza del aficionado la idea de “pichanga” de fin de semana.

Como una forma de integrar la sociedad al deporte, se organizaron olimpíadas deportivas con la participación de centenares de niños de las escuelas rurales. Se hicieron veladas en el Estadio Fiscal, en tiempos que en Calbuco no existía el alumbrado eléctrico. Los espectáculos nocturnos en este lugar no estuvieron exentos de magia y colorido.

En la primavera de 1951, la Asociación organizó un gran Campeonato Deportivo Interescolar con la participación activa de 400 jóvenes de las escuelas rurales del departamento, la actuación de la Banda del Regimiento Sangra de Puerto Montt y un gran programa de fuegos artificiales que contó con la asistencia de las autoridades provinciales al evento. El deporte constituía un gran espacio de sociabilidad e integración para todos los isleños calbucanos3.

b) Don Floridor Cardenas y la creación y difusión artística

No menor fué su participación en la gestión de importante hitos culturales de la comuna. Ya a mediados de la dácada de 1930 junto a un grupo de estudiantes y ex-estudiantes funda el Centro Cultural Alejandro Flores.

El centro organizaba bailes, veladas artísticas, para solaz del pueblo, en el Salón de Actos del local del Cuerpo de Bomberos. Entre los artistas locales estaban Roberto Bustamante (a) Cachivache, Ernesto Olavarría (a) Mostacho, Ulises Bustamante y su hermano Lamberto quién era el escenógrafo. Duante años el Centro Cultural junto con el cura de la Parroquia y el Cuerpo de Bomberos, organizaron las Fiestas de la Primavera, gran evento de la socialité calbucana de la época

Algunas obras relevantes que dejaron para la posteridad fueron el levantamiento del obelisco al Presidente Balmaceda al costado de la Plaza de Armas y la construcción de veredas de hormigón frente al Cuartel de Bomberos, toda una novedad en la época.

También fué fundador del Ateneo Federico García Lorca, producto del impacto que produjo la muerte del poeta granadino a manos de los esbirros facistas durante la Guerra Civil Española. El Ateneo tuvo corta vida porque los asistentes estaban mas interesados en el yantar que en los poemas del cante jondo.

Integró una banda musical llamada JEBAM, donde también tocaba don Eduardo Mayorga. Los integrantes interpretaban guitarra, banjo, mandolina, batería, incluso el correspondiente piano.

c) Don Floridor Cardenas y la gestión cultural

A través de sus crónicas, comenzadas a escribir a los 16 años, apoyó siempre toda actividad cultural

que se realizara en Calbuco. Entusiasta colaborador del Grupo Folclórico “Caicavilú” -joya de la cultura calbucana- puso a disposición del grupo una de sus mejores ideas: la creación e impulsión de la fiesta costumbrista “La Noche de San Juan en Calbuco”, festival gastronómico que se ha difundido por todo Chile, desde San Fernando hasta Punta Arenas, con matices locales del lugar de la celebración, pero cuyo incuestionable creador y promotor fué don Floridor Cárdenas y el Grupo Folclórico Caicavilú de Calbuco.

Producto de esta promoción del turismo gastronómico, el grupo Caicavilu fue galardonado por el Servicio Nacional de Turismo. Este festival de invierno sigue realizándose hasta hoy en Calbuco y pasó a integrase en el colectivo como uno de los pilares identitarios de nuestra cultura chilote junto con la Fiesta de los Indios Reyunos, las Luminarias de San Miguel de Calbuco, el Curanto Gigante y la Conmemoración del Combate de Abtao, entre otros.

d) Don Floridor Cardenas y la cuestión social.

Otra importante faceta de su singular personalidad fué su sensibilidad social para comprender y comprometerse con los trabajadores de Calbuco y el campo. Cárdenas comprendió muy temprano las palabras del Papa León XIII: “El trabajo humano es la clave de toda la cuestión social”.

Calbuco era en el siglo XX un gran centro industrial, con 12 fábricas de conservas y una gran masa de trabajadores temporeros y uno que otro de planta, por conocer algún oficio. El mismo nos narra: “El trabajador de la fábrica de conservas vivía en condiciones muy miserables...”y así “...tuve la osadía de formar el Primer Sindicato de Obreros de Fábricas de Conservas”. Con la venia de su jefe, que facilitó el local de la Escuela Balmaceda, para que cientos de trabajadores se reunieran en ese lugar y Floridor Cárdenas les diera a conocer sus derechos. Frisaba don Floridor por esa época los 25 años.

Calbuco vivió una jornada verdaderamente revolucionaria, situación que fué muy resistida por la patronal, quienes no querían que los trabajadores se organizaran y fueran representados por interlocutores válidos. Pero se formó el Primer Sindicato. Se buscaron mil formas para destruir la organización, pero la lucha constante para crear conciencia que el trabajador unido debe defender su derechos a mejor vida para sí y esta idea se entronizó en el trabajador. A la vuelta de dos años renació el Sindicato con renovados dirigentes y constituído en forma legal.

Don Floridor nos recuerda que: “ En esta casa se reunían los trabajadores -la directiva de los trabajadores- alrededor de esta mesa. Les enseñábamos a los muchachos a llevar un Libro de Actas, de secretaria, de tesorería, redactar estatutos y reglamentos del Sindicato. Mucha veces llegaban los dirigentes en época de invierno, lloviendo con furia y mi esposa les servía un cafesito. ¡Cuantos recuerdos hay alrededor de eso!".

También contribuyó a formar el Sindicato de Trabajadores de Mar y Playa, el Primer Sindicato de la Construcción en Calbuco, con motivo de la construcción del Grupo Escolar, hoy escuela “Eulogio Goycolea”; el Sindicato Industrial de la Fábrica La Vega, el cual según la legislación de la época4 tenían participación en las utilidades de la empresa.

También participó activamente en la formación de Cooperativas de Pequeños Agricultores y Cooperativas de Campesinos, con escasos resultados, por falta de experiencia en gestión de los campesinos isleños.

e) Don Floridor Cardenas y la politica.

Don Floridor era uno de esos hombres que creía que el hombre no siempre es el lobo del hombre, que no creía que el destino del hombre sea sólo satisfacer su apetito, con mayor o menor voracidad, un depredador con leyes a su amaño para apropiarse del trabajo de los otros, como plantea el sistema capitalista. Era un hombre con ideales, un intuitivo humanista que aspiraba por días mejores en la inmensa humanidad. En 1936 junto a un grupo de trabajadores y vecinos fundó la filial del Partido Socialista en Calbuco. Durante décadas fué uno de sus principales dirigentes. En 1956 el Partido de Allende5, lo llevó a la administración del poder local como regidor, cargo que ocupó hasta 1960.

Por esta condición de hombre político, en su hogar recibió a muchos líderes del pueblo. En la misma mesa donde se sentaban los obreros del sindicato, estuvo honrándola también el compañero Presidente don Salvador Allende. Estuvo allí tres veces: cuando era senador y como candidato a presidente. También altos dirigentes como don Volodia Teitelboim, doña Carmen Lazo, don Aniceto Rodriguez, el Intendente de Llanquihue don Francisco Sepulveda

f) Don Floridor Cárdenas y el progreso ciudadano.

Tal vez una de las acciones más señeras que recordaba don Floridor fué su lucha por el progreso material de Calbuco, y entre ellas hay una cargada con especial simbolismo: la lucha por la electrificación de Calbuco a través de la conexión a la red estatal productora de energía de la central hidroeléctrica Pilmaiquén.

Despues del gran incendio de 1943, el pueblo había caído en una apatía desesperante. La recuperación del pueblo no se veía llegar por parte alguna. Pero poco a poco comenzó a surgir un lento espíritu de renacimiento en algunos sectores, especialmente la gente joven.

Como una forma de cambiar la mentalidad del pueblo, fué surgiendo como bandera de lucha el proyecto de luz eléctrica para todo Calbuco. Surgió entonces la consiga “De Calbuco a Caicaén, sólo luz de Pilmaiquén”.

Nos contaba don Floridor que “esa consigna fué todo un símbolo y fué una demostración queluchando, Calbuco podía conseguir muchas cosas. Unido el pueblo y con objetivos bien claros, podía llegar también a metas muy definidas. Eso fué lo que se descubrió en esa oportunidad; y ocurrió en un momento de baja en el espíritu del hombre calbucano, quién consideraba que no surgía mas... ; pero el despertar del año 1952, el gran comicio que se realizó el 16 de agosto de 1952, donde -imagínese- de 2500 habitantes que tendría Calbuco entonces, salieron 2000 personas en la noche y llevando sus pancartas, sus antorchas, gritaron sus consignas por las calles oscurecidas del pueblo bajo la lluvia. Allí se creó un gran espíritu de lucha”.

Esa misma noche del “GRITO DE CALBUCO”, se creó un Comando de Defensa de Calbuco, siendo elegido Presidente don Floridor. Otros dirigentes de esa época fueron el escritor don Edesio Alvarado, don Sergio Oyarzo, don Gastón Gómez, don Juvenal Guerrero6.

Fueron enviados por el pueblo a Santiago don Floridor, el señor Alcalde don Rodolfo Nieman y el regidor don Sergio Oyarzo para gestionar los recursos que hicieran progresar al pueblo. El escritor don Edesio Alvarado fué la llave de Santiago. Gracias a las gestiones que hizo en la ciudad de los espejismos; este grupo de vecinos calbucanos pudo llegar a entrevistarse con el Presidente de la República Gabriel González y el candidato a sucederlo Carlos Ibañez del Campo.

Rememoraba don Floridor que gracias a la gestión del escritor don Edesio Alvarado, figura nacional de la literatura, se abrieron muchas puertas de oficinas y reparticiones . La delegación se entrevistó con ministros, diputados, senadores, etc. “Edesio tenia una gran habilidad para hacer y crear cosas” y en ese viaje a Santiago se consiguieron muchas cosas, entre otras lograron los recursos para la instalación del alumbrado eléctrico; y agregaba don Floridor: “pareció que a partir de ese viaje todo lo demás fué más fácil: liceo, oficinas fiscales, pedraplén, hospital nuevo, agua potable, teléfonos, etc.

g) Don Floridor Cardenas y la Educación

A comienzos de la década del 50, en pleno siglo XX, los jóvenes calbucanos que terminaban sus estudios primarios no tenían otra alternativa para continuar estudios que emigrar a las ciudades que tenían liceos, escuelas industriales, escuelas normales, institutos alemanes, etc.

Los hijos de la oligarquía local no tenían problemas para pagar viajes, alimentación, alojamiento, vituallas, en estas ciudades; pero un gran contingente de muchachos y muchachas quedaba sin formación para el trabajo por razones económicas, o porque no alcanzaban niveles de excelencia que les permitieran acceder a las escuelas normales o industriales que entregaban educación e internado gratis mantenidos por el Estado chileno.

Un grupo de profesores y funcionarios de la Inspección Departamental de Educación, organizaron un Consejo Administativo y crearon el Primer Liceo Particular de Calbuco. El director de este establecimineto de enseñanza secundaria y uno de los fundadores fué don René Salvo Sanhueza. Don Floridor también integrante del Consejo fué el primer Inspector de este establecimiento educacional de carácter vespertino para jóvenes y adultos que funcionaba en el local de la Escuela Nº 1 de Calbuco. Este primer intento de fundar la enseñanza secundaria en Calbuco es el origen del actual Liceo Holanda.

El 11 de agosto de 1998, el Liceo Politécnico de Calbuco bautizó la biblioteca de ese liceo con el nombre de “Floridor Cárdenas Cárdenas”, haciéndole un justo homenaje al singular hombre público.

h) Don Floridor Cárdenas y la Historia Local

Don Floridor es el gran cronista del Calbuco de la segunda mitad del siglo XX. Desde su privilegiado puesto de corresponsal periodístico, vivió y escribió la nota relevante de cada acontecimiento isleño. En la prensa regional está improntada la huella de su labor, que más allá de la noticia del día a día, le hizo escarbar en los acaecimientos de las personas e instituciones calbucanas.

No obstante eso, al final de sus días, en reunión con don Esteban Barruel, durante muchas tardes de muchos meses lograron dar a luz un largo recuento de la historia calbucana del siglo XX. El texto de Barruel y don Floridor “Historia Cotidiana y Contemporánea del Pueblo de Calbuco en el Siglo XX”, un libro de alrededor de 350 páginas es el principal texto de la historia de este período. Fué lanzado con motivo de los festejos del IV Centenario de la fundación del Fuerte San Miguel de Calbuco y es la obra póstuma de Don Floridor. En ella se recrean sus valiosos testimonios del siglo que vivió.

i) Don Floridor Cárdenas y la Creación Literaria.

Hombre de pluma fácil, también incursionó en la literatura, aunque gran parte de su obra se ha perdido. Recordemos que preparaba y adaptaba piezas para teatro, piezas de oratoria, amén de escritos periodísticos.

Se inició en la narración a los 16 años publicando en un diario portomontino la chanza de un imaginario encuentro deportivo, donde participaban personajes calbucanos, todos identificados con sus apodos, lo que causó revuelo entre los isleños.

Hace años nos entregó un relato mecanografiado de su autoría titulado “ La Apasionante Vida de las Hermanas Alarcón”, relato costumbrista que transcurre en Calbuco y que nos habla de identidades tan cercanas a nosotros, que los calbucanos nos reconocemos en ella. Lo publicamos a continuación de este recuento.

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Don Floridor Cárdenas partió a redactar crónicas a lugares mas excelsos el 07 de septiembre de 2001. Nos cuenta el profesor y folclorista calbucano don Milton Vargas que el día de sus funerales sólo un reducido número de personas lo acompañó en su última crónica. Esa mañana los cielos de Calbuco lloraron como nunca, el carro con los restos de don Floridor se atascó, producto de la fuerte lluvia. La eterna lluvia de los archipiélagos, también hacía compañía a este ilustre calbucano del siglo XX. “Viva moneda de oro, que no se volverá a repetir”7.

Autor: JOSE D. MANSILLA ALMONACID

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LA APASIONANTE VIDA DE LAS HERMANAS ALARCON

FLORIDOR CARDENAS CARDENAS

Aquella noche de San Juan, un fuerte y helado viento norte se filtraba por todos los resquicios de la vieja morada de las hermanas Alarcón, situada en calle Antonio Varas, construida sobre una especie de malecón de tierra y madera. Un frondoso manzano plantado al límite de la propiedad, que llegaba con su ramazón casi al medio de la calle, gemía doliente ante las arremetidas del temporal. Al frente, un edificio de tres pisos, situábase el Hotel Francke, lugar de reuniones de los notables de Calbuco y concurrido establecimiento turístico en época de verano.

En casa de las señoritas Alarcón el invierno era más duro. Un brasero con carbón vegetal y dos velas encendidas en la sala principal era toda la lumbre hogareña que esa noche entibiaba el ambiente, compuesto por dos dormitorios, una salita de estar, un pasillo central y lo que llamaban un pequeño “despacho” con mostrador y alguna estantería. El viento, que hacía trepidar las deterioradas ventanas de la vieja casa, traía el eco de una guitarra y alegres canciones, señal que en alguna casa cercana se celebraba el tradicional “reitimiento” de chancho. Al fondo y con acceso a calle Eulogio Goycolea se ubicaba el Hotel Olavarría, desde donde se oían claramente los acordes de un piano. Las calles desiertas y silenciosas solo el ruido cantarino del agua que abundantemente corría por las acequias y arroyuelos tan característicos del viejo Calbuco.

MITO Y ESPERANZAS

Pero el mutismo que dominaba la casa de las Alarcón aquella noche de San Juan tenía algo de siniestro, misterioso, a la espera de un gran acontecimiento, acaso sobrenatural. Sólo los pasos tardos del viejo Bartolo Huenante que trajinaba en una mediagua adyacente, interrumpían periódicamente este comprometedor silencio. Bartolo premunido de un chuzo y una pala esperaba que el reloj de la Iglesia diera las doce campanadas marcando la medianoche.

Bartolo era un viejo servidor de las Alarcón. Oriundo de la localidad de San Antonio, conoció a Olinda cuando ésta hacía de profesora en la Escuela del lugar. En su juventud viajó por diversos mares del mundo, marinero de los buques veleros de la Firma Oelckers, conoció otras tierras y supo de alegrías, penas y amores. Ancló finalmente en su tierra natal y allí conoció a Olinda, la joven maestra. Un amor, cercano a la veneración, surgió en el corazón del experimentado marinero, pero Olinda jamás supo de esta inconfesable pasión, siempre encontró en él solo un amigo, un buen hombre, un fiel servidor. Cuando ella hizo dejación de su cargo de profesora rural para acogerse a la jubilación, se vino a vivir a Calbuco junto a sus tres hermanas solteras y con ella se vino también Bartolo Huenante para seguir sirviendo a las Alarcón como lo habia hecho tantos años para Olinda, con tanta abnegación y respeto. Era el hombre de confianza, fiel y honrado.

Las hermanas Alarcón tenían un pequeño despacho donde se vendía el pan de la mañana sabroso y fragante, riquísimos alfajores, los sabrosos y blancos merengues que se deshacían en la boca de los niños, los mantecados, la chancaca de leche, los singulares “cachos”, una mezla de miel quemada envuelta en un cucurucho de papel que los escolares gustaban con deleite. En esta industria pastelera artesanal, Bartolo desempeñaba un papel importante, era quien a primeras hors de la madrugada, encendía el horno de cancagua para cocer el pan matinal y las esquiciteces que las Alarcón sabían hacer con maestrían inigualable en Calbuco, manjares que grandes y chicos gustaban con ansias. Esta pequeña industria era la principal fuente de recursos en este modesto hogar, que se complementaba con la escasa pensión de la maestra jubilada. Honoria, la mayor de las hermanas, una voluminosa mujer, oficiaba de dueña de casa, la jefe del hogar. Además de nuestra ya conocida Olinda, seguían en orden cronológico Gertrudis y Prudencia.

Pero aquella noche de San Juan marcaría un hito importante y decisivo en la vida de las señoritas Alarcón. El fiel Bartolo sabía exactamente donde estaba el “entierro”. El año pasado lo vió arder junto a una roca, muy cerca de la mediagua donde se faenaba el pan. Sentía la seguridad que este año, esta noche, ardería de nuevo en cuanto el reloj marcara las doce campanadas.

La medianoche llegó al fin. El lejano aullido de un perro puso la nota siniestra del momento. Un gato negro, más negro que la noche misma, se cruzó entre las piernas de Bartolo, que premunido de la pala y el chuzo se aprestaba a extraer de la tierra profunda el tesoro escondido y bien guardado quizás por cuantos años. Un silencio profundo reinaba en el interior de la casa, parecía que una sola palabra que saliera de los labios de las cuatro hermanas agazapadas y anhelantes, rompería el hechizo, el sortilegio esperanzador. Sólo el ruido de las herramientas que horadaban la tierra en busca del tesoro rompía aquel ambiente de pesado silencio y de incertidumbre.

¿Qué pasó en aquella noche de San Juan?. Solamente Bartolo Huenante y las cuatro hermanas Alarcón saben lo ocurrido en esa madrugada del 24 de junio. Una mutua complicidad de un secreto que se gurdaría herméticamente entre las cuatro paredes de este hogar.

EFIMERA PROSPERIDAD

A fines del mismo año de ocurridos los hechos relatados, Calbuco fué sorprendido con la noticia de que las hermanas Alarcón habían adquirido un amplio terreno ubicado en calle Ernesto Riquelme, muy central, donde se iniciaba la construcción de una residencia de dos pisos y que de acuerdo con la planificación, contaría con todas las comodidades y confort que una moderna vivienda requiere. A los pocos meses y en forma muy acelerada se levantaba airoso y desafienate a las habladurías pueblerinas un hermoso edificio de la mejor madera de la zona, forrado totalmente en zinc, amplios ventanales, escaleras de acceso de concreto. En su interior grandes salones, comedores, brillantes y bien torneadas escaleras, dormitorios y salas de recibo, todo a gran lujo. En la parte interior de la propiedad se instalaron las dependencias destinadas a la industria pastelera, y a un costado de la vivienda la morada destinada a Bartolo, el fiel asesor.

Cuando las hermanas Alarcón tomaron posesión de su flamante nueva residencia, abrieron de par en par sus salones a la sociedad calbucana que ávida de conocer esta brusca transformación y absorta ante lo inexplicable, se apresuraba a asistir a las reuniones, para lograr descubrir la varita mágica que operó este cambio tan profundo.

Lo mejor de la sociedad de Calbuco comenzó a concurrir a las ostentosas tertulias que periódiamente ofrecían las señoritas Alarcón. Una gran vitrola ortofónica, lo último en plaza, alegraba las reuniones de estas “nuevas ricas”, donde se servían los mas esquisitos manjares. No podía faltar el piano, signo de grandeza de las familias de la época, un hermoso instrumento de fabricación alemana, adornaba el salón principal tapizado de alfombras persas y gobelinos importados. Lámparas de lágrimas, grandes espejos y hermosas plantas interiores daban la nota romántica a la mansión.

EL OCASO DE LAS ALARCON

Una mañana la noticia circuló como reguero de pólvora en el pueblo. La mayor de las hermanas, Honoria, había fallecido inesperadamente. Fué encontrada muerta en su amplio lecho, el corazón no pudo resitir más aquel voluminoso cuerpo, dejó de latir apretado por la grasa circundante. El pesado cuerpo de Honoria fué ricamente vestido y expuesto a la curiosidad del público, mientras desde Puerto Montt se traía una costosa urna. El velatorio duró dos días con sus respectivas noches. Centenares de personas pasaron junto al féretro.

Si las fiestas de las Alarcón eran memorables, el velatorio y sepultación de doña Honoria fueron extraordinarios. A medianoche se servía un exquisito café con toda clase de pasteles. A eso de las tres de la madrugada, nuevamente café con un sabroso bistec con huevos. Aproximadamente a las siete de la mañana, para aquellos que habían amanecido en el velatorio, una cazuela de ave, un tanto cargada al ají para reconfortar el cuerpo. Mientras tanto durante la noche circulaban abundantemente los más variados licores y se ofrecía toda clase de finos cigarrillos.

El funeral de doña Honoria, fue una gran manifestación de pesar. La misa de difuntos, un despiegue de boato religioso. La banda del Club “21 de Mayo” acompañó los restos de esta distinguida dama al cementerio.

Habían transcurridos apenas tres meses, la calma había vuelto a la residencia de las señoritas Alarcón, cuando una nueva tragedia remeció el ambiente calbucano. Corrió la noticia que Olinda, la maestra jubilada, mientras cocinaba en su hogar, fué víctima de un ataque cardíaco, falleciendo instantáneamente. De nuevo el velatorio y su magnificiencia, la pompa de los funerales y el sentimiento colectivo de la comunidad ante la muerte repentina de la maestra emérita.

Entre tanto, ¿qué ocurría con Bartolo Huenante?. El viejo y fiel servidor de las hermanas Alarcón decidió refugiarse en su tierra natal, en su miseria campesina de la localidad de San Antonio. Muerta Olinda, ya nada lo ligaba a este hogar que tan apresuradamente se derrumbaba. Ruminado su fatal destino, con la espalda encorvada por los años, seguía siendo despositario del mayor de los secretos de su miserable existencia. Nadie reparaba en el pobre Bartolo.

El colapso del hogar de las hermanas Alarcón era inminente y acelerado. ¿Qué paso con el resto de la fortuna estraída de la tierra aquella noche de San Juan?. Honoria y Olinda, fallecidas repentinamente, se llevaron a la tumba la respuesta a esta interrogante.

En el curso de los cinco meses siguientes, vale decir antes de un año del deceso de Honoria, fallecen por causas diversas las hermanas Gertrudis y Prudencia. En cada caso, la noticia no tuvo a espectacularidad de las dos primeras. Los velatorios cayeron en modestia pueblerina. Los funerales ya no tuvieron la relevancia anterior, la banda instrumental del “Club 21 de Mayo” ya no acompañó los restos, sólo sencillas ceremonias y escaso público fue la característica en cada ocasión.

TRAGICO EPILOGO

¿Qué jugada del destino vincula los hechos y personajes del relato que antecede con el trágico 31 de enero de 1943, cuando un voraz incendio destruye en pocas horas las tres cuartas partes de Calbuco?

El incendio, curiosamente, se inició en lo que fué la antigua residencia de las señoritas Alarcón, en calle Antonio Varas. Las primeras personas que acudieron al lugar del siniestro aseguran que le fuego comenzó en la vieja mediagua donde las Alarcón faenaban el pan matinal y los apetitosos pasteles. El origen del fuego jamás fué aclarado, hasta hoy sigue siendo un misterio, ya que dicha mediagua no era usada por las personas que allí vivían. En el patio, cerca de una roca, un pozo de aproximadamente dos metros de profundidad, estaba seco, abandonado.

La noche del 31 de enero de 1943, mientras se consumían los escombros y el fuego declinaba, fueron muy pocas las personas que repararon en la presencia de un personaje de raras características que circulaba en las inmediaciones de lo que fue la residencia de las Alarcón. Un hombre, al parecer de edad avanzada, cubierto con una manta de lana, descalzo, premunido de un bastón, removía aún los humeantes escombros, como si quisiera encontrar entre los restos una señal que le hablara de su fatal destino. Alguien asegura que a eso de la medianoche se escuchó una fuerte y nerviosa carcajada, casi un alarido, saliendo desde el lugar donde comenzó el incendio, una risotada profunda, mezcla siniestra de burla y maldición, de diabólica expresión de rabia e impotencia. Este personaje de tan singulares características, ¿era acaso Bartolo Huenante?...

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NOTAS

1Para mí esta era la tercera vez que entrevistaba a don Floridor. Ya anteriormente habíamos grabado muchas horas de conversación, en compañía de su señora esposa y mi hija Nayalet en el verano de 1981, apenas un día después que Edesio Alvarado partiera de la última visita que hizo a la isla amada.

2El Orán era un barco propiedadde Jorge 2ª Ditzel que hacía el cabotaje entre las islas y el puerto.

3Eran los tiempos de la Gimnasia Sueca, que se practicaba en todas las escuelas para coordinar la motricidad del cuerpo, estilizar la figura. Ello junto con una alimentación sana papas, pescados, harina tostada, piures contribuía a armonizar la figura. La siutiquería actual, el arribismo y el comsumismo irracional ha reemplazado estas sanas prácticas por comida chatarra que nos transformó de chilotes elásticos y azules en el país de los oblongos.

4Leyes cortadas de raíz por Piñera, el sirviente de la dictadura y terminadas de cercenar por los gobiernos de la Concertación

5El antiguo, el que sucumbió, no el de los dirigentes actuales que han hecho un partido de socialistas serviles para el neocapitalismo más voraz de la historia.

6La instalación del sistema eléctrico conectado a Pilmaiquén tuvo grandes detractores. Algunos conspicuos personajes -que ocupaban puestos públicos y de gran poder económico- hacían encuestas entre la gente, barajaban datos, etc., para demostrar si se justificaba hacer una inversión de esa envergadura. Era gente que tenía sus problemas resueltos, poseían motores para producir energía eléctrica en sus fábricas, etc.

7Versos de García Lorca.

sábado, septiembre 05, 2009

FOTOTECA CALBUCANA DE SERGIO VARGAS

CALBUCO VISTO DESDE SAN RAFAEL EN 1966.

Esta vista de autor desconocido, muestra el acceso de la ciudad de Calbuco visto desde San Rafael.
El lugar era el paradero de buses con destino a Puerto Montt. Allí descendían los pasajeros, bajaban la cuesta y abordaban los botes para balsearse a la isla.
Se aprecia la avanzada construcción del pedraplen en el extremo derecho.

jueves, septiembre 03, 2009

FOTOTECA CALBUCANA DE SERGIO VARGAS 003


UN TERRATENIENTE DEL SIGLO XX

La isla Puluqui es la mayor de las islas del archipielago calbucano. Tiene forma irregular con una punta en el extremo sur que penetra el golfo de Ancud. Este lugar campesino es denominado Perhue. La tierra esta muy subdividida en pequeños minifundios.
Sin embargo hacia 1935 existian grande propiedades por acumulacion o herencia de tierras.
Uno es estos propietarios es Dn. SANTIAGO ALMONACID MALDONADO, Casado con Antonia Alcalde. Don Santiago poseía 99 hectáreas de terreno.
Lo vemos en la foto luciendo sus galas en 1930,

lunes, agosto 31, 2009

FOTOTECA CALBUCANA DE SERGIO VARGAS 002


LA VISITA A CALBUCO DEL CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DON CARLOS IBAÑEZ DEL CAMPO.
(Copyright by SERGIO VARGAS)


En 1952 se efectuaron las elecciones presidenciales que reemplazarían al traidor al pueblo, Gonzalez Videla. En aquella oportunidad visitó Calbuco el candidato Don Carlos Ibañez del Campo que fué llevado al poder por un Partido Agrario Laborista, nombre tan populista como decir la UDI hoy en día.
Existen dos testimonios fotográficos conocidos de esta visita. Una foto publicada en el blog del artista visual Sr Arenas donde se ven los mismos personajes que aparecen en la foto de esta página desfilando en el costado poniente de la plaza de Calbuco y la que vemos , tomada en la calle que subía al antiguo hospital.
Ibañez, de abrigo y sombrero, a su derecha D. Milton Bosnich.
Ibañez, ya había estado en Calbuco en 1931, en su primer y malhadado período presidencial.
NOTA: ppmansilla




lunes, agosto 24, 2009

FOTOTECA CALBUCANA DE SERGIO VARGAS

FOTOTECA CALBUCANA DE SERGIO VARGAS

SERGIO VARGAS ALMONACID, integrante de la Agrupación CUADERNOS DE CAICAEN, ha acopiado desde un largo tiempo a esta parte , una gran cantidad de fotografías de toda época sobre Calbuco y su gente.

Vistas de paisajes, personajes calbucanos, celebraciones, hechos notables, etc., están revelados en la colección iconográfica de Sergio Vargas.

Hombre generoso, ha puesto a disposición nuestra, parte de lo que ha atesorado con mucho esfuerzo. Algunas de estas fotografías han pasado a ser patrimonio colectivo de los calbucanos aunque algunos se han arrogado indebidamente pertenencia sobre ellos.

Nuestros agradecimientos a Sergio y a su generosidad por compartir estas imágenes.

IMAGEN 001.- Da. MARIA GUMERCINDA LLANCAPANI MANSILLA

En los inicios de los años 30 del siglo XX, arribó a Calbuco un comerciante ambulante de géneros (“falte”, lo llamaban hasta la década del 50) proveniente de las tierras del Maule: don Demetrio Fuentes Fuentes. Al parecer por estas latitudes casó con Da. María Llancapani, quién también era comerciante de abarrotes y dulces caseros.

Don Demetrio trajo del norte dos máquinas fotográficas de cajón, con las cuales doña Gumercinda -convertida en fotógrafa- comenzó a retratar el pueblo.

En las fiestas religiosas de las cercanías de Calbuco Da. Gumercinda llevaba su máquina fotográfica para retratar a la gente. Algunas desteñidas fotografías de isleños son de su autoría.

Al morir su esposo, Da Gumercinda casó en segundas nupcias con el vecino de San Rafael D. José Rosas Díaz, quién le sobrevivió.

Don Demetrio Fuentes Fuentes y Da. Gumercinda Llancapani Mansilla reposan en el cementerio de San Rafael, Calbuco.

Autor: SERGIO VARGAS ALMONACID.





POEMAS Y CANCIONES CALBUCANAS

POEMAS Y CANCIONES CALBUCANAS.

La futura historiadora Da. Carla Burdiles Soto, nos ha enviado este hermoso poema sobre Calbuco.

Lo publicamos para ensoñarnos con la patria chica. Ojalá haya cientos de cantores, narradores, pintores, que cuenten a Calbuco, con la fuerza que tiene nuestra identidad isleña, marina, combatiente.


EL VIVIR

Pasan, pasan, los viajeros marinos a las costas de Calbuco

la mar espera con inquietud a los pioneros del marisco y del pescado.

Las olas bañan a los botes como lanchas de los pescadores

contra viento y tempestad el marino prepara su carnada

con la esperanza puesta, que el fruto del mar va estar.


Día a día prepara los utensilios que va a ocupar

revisan el bote donde van a viajar, para dirigirse al pozo sin fondo,

en que se van a emerger, no respetando tiempo como clima.


Al día del zarpe, antes del amanecer se dirigen a su campo aguado,

en la puerta queda la esposa como madre a la vez suspirando

con el alma en un hilo, de la preocupación que tiene

cuando ve desapareciendo como el leve sonido

que hacen sus voces como botas que llevan.


De a poco se van desvaneciendo sus sombras

para dirigirse a lo que le corresponde

con el pacto que ha hecho con la mar.


Días van pasando en la búsqueda del producto

a veces se hace difícil, pero no imposible

en la incesante persecución que tienen en las aguas profundas,

al final llegan a los puertos algunos apenados por lo que traen

otros mas conformes con la extracción,

la esposa con los hijos esperan incesantemente

para su regreso, esperando ver la punta de la lancha o bote,

los pequeños divisan algo

y pegan el grito a la Sra. que su papá estaba llegando,

al momento de ver esto las ansias inquietan a los que están esperando

en ese momento pisan esta tierra, esos precursores del mar.


Las familias abrazan a sus pescadores, aunque les haya ido mal,

pero su victoria era regresar también y lo más anhelado

para la parentela es su regreso,

donde este marino le dice a su vieja “nos fue mal en esto”

y la mujer responde “no importa mañana va ser un día mejor,

solo importa que estés aquí, de alguna manera las arreglamos”,

al escuchar esto el navegante se voltea y mira

a la mar, piensa y le dice a esta dentro de su corazón “así sea

con la colaboración tuya, se podrá”.


De este oficio como sacrificio para algunos es dependiente de lo natural,

nada más que un poco de valor para desafiar a un agente desconocido,

por que nunca se sabe lo que tiene preparado para estos náuticos

fríos como arriesgados en retar la crudeza de este piélago,

inmenso que tenemos, rodea como irriga a nuestra isleta.

Anónimo


domingo, julio 19, 2009

NUEVA PAGINA DE CALBUCO SITE

ESTAMOS CONSTRUYENDO UNA NUEVA PAGINA PARA CALBUCO
ES UN SITIO EN GOOGLE SITE
ALLI PODREMOS ADJUNTAR ARCHIVOS PDF DE DOCUMENTOS Y OTROS
ADJUNTAR LINKS ETC,
ESTA EN CONSTRUCCION

TAMBIEN SE PUEDEN ENTERAR DE NUESTRA AMERICA NUESTRA GENTE EN

http://www.palogrueso.blogspot.com/

LA DIRECCION URL ES:

http://sites.google.com/site/caicaenycalbuco/

HISTORIA DEL FUTBOL CALBUCANO


HISTORIA DEL FUTBOL CALBUCANO

Esteban Barruel

89 pp.

Talleres Millaray Gráfica Ltda

Viña del Mar Chile 2008


El historiador calbucano D. Esteban Barruel ha tenido la gentileza de enviarnos su libro “HISTORIA DEL FUTBOL CALBUCANO”. Hermosa e interesante obra en la que el autor explora las vidas y milagros de la práctica de este popular deporte en la isla de Calbuco y algún sector aledaño.

Estas ágiles páginas de Historia Local contribuyen a aumentar el acervo que sobre la Historia de Calbuco ha investigado, recopilado y publicado Barruel.

Pese a ser el deporte más popular entre el pueblo, son escasas las obras dedicadas a la Historia del Fútbol y aunque se habla y escribe a diario sobre el tema no es fácil encontrar obras que condensen largos períodos de tiempo.

Ese es uno de los méritos del libro.

El autor a tenido muy en vista y oídas muy cercanamente a los protagonistas de estas vivencias. Porque el fútbol se vive y produce muchas alegrías colectivas. Hegel dice que los pueblos felices no escriben Historia. Tal vez por eso no se narran las alegrías del fútbol.

Las actividades lúdicas, el juego, el deporte siempre han sido un gran espacio de sociabilidad para los calbucanos. La competencia deportiva implica prepararse, cultivar una disciplina, darse a ella. Todos estos matices se reflejan en este texto tan ameno en sus mas de 80 páginas que no deja sabor a poco el disfrute de su lectura.

El libro comienza con una breve introducción que describe la villa de comienzos del siglo XX, cuando aparecen los primeros clubes de fútbol en Calbuco. Sigue una reseña del desarrollo histórico del fútbol calbucano y la crónica de los principales clubes. El autor incluye una nómina de jugadores, árbitros, asistentes y dirigentes deportivos que logrado rescatar y sendas entrevistas a los actores del balonpié, algunos de los cuales ya están en el panteón. Valioso, por cierto es, las fotografías de los equipos en diferentes épocas.

Un notable trabajo. Un texto imprescindible para conocer esta faceta de la historia calbucana y un trabajo casi pionero en la ciudad de Calbuco y en la provincia de Llanquihue, porque aparte del texto del centenario del club Manuel Rodriguez, un trabajo de Sergio Millar y los artículos de prensa del periodista portomontino Edmundo Johnson no se conocen otros trabajos relacionados con el tema.

JOSE D. MANSILLA A.

Historiador

jueves, julio 09, 2009

SIMPOSIO CHARLES DARWIN 1809-2009 EN SPACH (recuento mensual de SPACH)

Simposio Charles Darwin 1809-2009

Una buena recepción tubo nuestro Simposio Charles Darwin 1809-2009
Una buena recepción tuvo nuestro Simposio en honor a Charles Darwin

En vísperas del inicio del mes de junio, el 30 de Mayo, se realizó el Simposio de Charles Darwin 1809-2009, en conmemoración del bicentenario del nacimiento del naturalista inglés. En la inauguracion del evento, realizado en la jornada de la tarde, el coordinador cientifico de la SPACh y coordinador del evento ofrecio una breve reseña de este personaje que resume lo que nos motivó a rendir este homenaje:

“Charles Darwin nació el 12 de febrero de 1809 en Shrewsbury, Inglaterra. Hijo del médico Robert Waring Darwin y nieto del naturalista Erasmus Darwin. Era el penúltimo de 5 hermanos.

De niño fue educado por su hermana Caroline, quien lo describió como un alumno algo torpe. Ingresó a estudiar medicina en Edimburgo por orden de su padre, pero su aversión a la sangre y el poco interés que le despertaba la disciplina, convencieron a su padre de que no estaba hecho para ser doctor.

Acto seguido y nuevamente por “sugerencia” de su padre inició estudios en Cambridge para convertirse en pastor anglicano, decisión pensada con el fin de no acabar como un ocioso. Lo que en sus propias palabras “parecía entonces mi destino probable”.

Tras 3 años abandonó Cambridge con un grado en letras, pero no prosiguió con los estudios para convertirse en pastor. Luego recordaría estas etapas de su educación como una completa pérdida de tiempo, pues siempre dedicó su tiempo al estudio de su entorno y a codearse con naturalistas.

En 1831 se embarca en el Beagle al mando del capitán Robert Fitzroy, como ayudante científico y por sobre todo como compañero social del capitán, quien por su estatus aristocrático no podía alternar demasiado con el resto de su tripulación. En esta nave Darwin circunnavegó el mundo en un viaje que duró casi 5 años.

El estudio de sus observaciones y de los especímenes que colectó tomarían el resto de su vida y culminarían con la publicación en 1859 de “El origen de las especies”, obra en la que se introduciría formalmente el concepto de evolución biológica, que revolucionó todos los ámbitos del conocimiento y abrió las puertas a la biología moderna. En efecto, el aporte de Darwin a la biología, es el equivalente al aporte de Newton o Einstein a la física.

Más allá de la imagen icónica e idealizada que podemos tener, Charles Darwin fue un hombre de su tiempo, con prejuicios y valores que no dudo en expresar su repudio por la esclavitud al tiempo que hacia mofa del subdesarrollo que veía a su paso. Fue un hombre con defectos, por el cual pocos habrían apostado al ver sus credenciales académicas, pero que demostró una dedicación admirable a la hora de perseguir su verdadera vocación: el entendimiento del mundo natural.

En este año se conmemoran dos grandes hitos en la vida de este hombre: los 200 años de su natalicio y los 150 años de la publicación del Origen de las Especies y la Sociedad Paleontológica de Chile ha querido rendir un homenaje en recuerdo de quien sentó las bases de lo que hoy consideramos el paradigma central de la biología”

Martín Chávez

gallardo
Milton Gallardo, Ph. D. in Biology, Universidad Austral

Para la ocasión Milton Gallardo, Ph. D. en Biología, docente e investigador del Instituto de Ecología y Evolución del la UACH durante los últimos 35 años, expuso sobre los tópicos de la evolución y las últimas tendencias sobre revolución molecular y evolución: neutralismo, evo-devo y la biología genómica del desarrollo. Especialista en genética y evolución de Roedores, el Dr. Gallardo ha sido distinguido en dos ocasiones con el premio “Gustavo Hoecker” otorgado por la Sociedad de Genética de Chile y es miembro de la Academia de Ciencias de América Latina e Investigador Asociado del Museo Field de Historia Natural de Chicago, USA.

En la tarde del mismo día, José Mansilla, historiador calbucano y Diplomado en Gestión Cultural de la Universidad de Chile, nos relató antecedentes sobre la historia personal de Darwin, su viaje en el Beagle y su estancia en Chile, que fue un tercio del viaje total. También nos entregó antecedentes de sus colaboradores y algunos pormenores de su paso por Aysén y Chiloé. Historiador autodidacta, don José Mansilla es autor del libro “Charles Darwin en Chiloe y Aysén” publicado en 2005. Gentilmente don José regaló copias de su libro a los relatores y entrego dos copias que fueron sorteadas entre los asistentes.

José Mansilla, historiador calbucano.
José Mansilla, historiador calbucano.

Martín Chávez, Licenciado en Ciencias Biologicas, profesor adjunto ad-honorem de la Universidad Austral de Chile y nuestro coordinador científico, nos expuso sobre los fósiles descubiertos y estudiados por Darwin, poniendo énfasis en los encontrados en los mamiferos extintos hallados durante su paso por Sudamérica como el Toxodon y la Macrauchenia. También realizó algunos comentarios sobre los datos paleontológicos que Darwin obtuvo durante su paso por Chile.

Martín Chávez, Coordinador Científico SPACH
Martín Chávez, Coordinador Científico SPACH

Y para finalizar el simposio, Carlos Gana, Ingeniero Agrónomo y Jefe del Depto. de Estudios de la empresa silvoagropecuaria Anasac, realizó una exposición sobre la relación entre la selección natural y el cambio climático. Naturalista por vocación y practicante de montañismo desde hace 25 años, su interés en el campo del cambio climático nace de una preocupación por entender como esto afectara el futuro de la humanidad y el de su familia; descubriendo a través del estudio que la toma de acciones está mediada por el entendimiento del entorno y de las fuentes del conocimiento. Una charla muy amena y que no dejó de ser, a su vez, polémica. Dejando el tema abierto para un futuro foro, debate o paleotertulia.

Carlos Gana, ingeniero agrónomo
Carlos Gana, ingeniero agrónomo


martes, junio 16, 2009

PALO GRUESO HISTORIA Y REGION

VISITA NUESTRO NUEVO BLOG:

http://palogrueso.blogspot.com/

LAS NOTICIAS QUE NO SE VEN EN LOS REALITES
LOS HECHOS QUE OCULTAN LOS OLIGOPOLIOS DE LA PRENSA DE AMERICA LATINA

PARA PENSAR LIBRE

sábado, junio 13, 2009

UN CRUCERO DE ANCUD A MAULLIN EN 1900


DE ANCUD A MAULLIN

En la semana pasada en unos cuantos de esos hermosos días primaverales tan escasos en estas latitudes, nos embarcamos con dirección a Maullín en el pequeño vaporcito denominado El Primer Chilote propiedad del inteligente muy activo comerciante Señor Teodoro Kamann; nuestro objeto era comprobar las condiciones marineras de esta útil embarcación. Soplaba en esos momentos una ligera brisa del Sur, pronto nos separamos del muelle, y con rapidez y casi sin balance emprendimos nuestra ruta.

A pesar de emplearse una presión de 70 libras, el andar de la nave era de unas ocho a diez millas por hora, andar excelente, si se tiene en cuenta la poca fuerza que se desarrolló.

El Primer Chilote es un vaporcito perfectamente construido, con espaciosa cámara y una máquina que puede desarrollar una fuerza de 200 libras y el poder de 62 caballos.

Como remolcador se ha empleado en varias ocasiones, con éxito muy superior al que se esperaba. A las dos y tres cuartos pasábamos la barra de Maullín, y penetrábamos en el hermoso río de su nombre y a las tres desembarcábamos en el puerto habiendo recorrido en tres horas la distancia de Ancud al término de nuestro viaje.

Muy agradable impresión experimentamos los pasajeros, comprendiendo inmediatamente las ventajas que este vaporcito puede reportar al público y al comercio en general, por es causa, seria obra de justicia mereciera la decidida protección del Supremo Gobierno para impulsar de este modo la iniciativa personal.

Los visitantes a la virgen de Carelmapu, podrán hacerlo de hoy en adelante con toda facilidad y sin riesgos, evitándose los peligros, inherentes a las fuertes marejadas que dominan por lo general en las épocas de estas peregrinaciones, y que ocasionan todos los años algunas víctimas.

El puerto de Maullín es uno de los más pintorescos de la costa, situado en una extensa planicie con anchas y ventiladas calles, hermosos edificios entre los cuales sobresalen el de los Oelckers, y la iglesia bastante espaciosa y bonita de arquitectura, tampoco falta un hotel recién instalado espacioso, y con toda clase de comodidades, perfectamente atendido por su propietario el Señor Águila. El clima es excelente y sus habitantes pacíficos, buenos y cariñosos, especialmente en casa de los Señores Oelckers pasamos ratos sumamente agradables debidos a la amabilidad de don Emilio y su ilustrada señora, a los cuales desde esta mal hilvanada correspondencia damos nuestros más sinceros agradecimientos. Este puerto será de gran porvenir por su cómoda situación y su caudalosos rio de gran corriente utilizable como motor por grandes fábricas. Además de la riqueza vegetal de su suelo existen extensos yacimientos de carbón de muy buena calidad.

En nuestra estadía en Maullín tuvimos el gusto de ver la botadura de una hermosa goleta de gran porte, propiedad de los señores Oelckers, y que prestará grandes servicios para el acarreo de maderas. A este acto concurrieron muchos caballeros de Puerto Montt los cuales fueron festejados de una manera suntuosa por los amables propietarios don Carlos y don Emilio.

Nuestro regreso se realizó con la misma rápida marcha. Al pasar la barra, el señor Kamann, muy satisfecho de las buenas condiciones de su nave nos festejó con un suculento lunch, y al destaparse la primera botella del espumoso Champagne, el señor Abraham Téllez, profesor del Liceo pronunció un elocuente brindis manifestando las ventajas que reportaría dicho vaporcito y los sacrificios que había tenido que hacer su propietario para ver realizada su obra. El señor Kamann, muy conmovido, le contestó agradeciéndole las frases que había emitido el señor Téllez y que eso le serviría de estímulo para continuar en su ardua labor al mismo tiempo agradeció la buena voluntad de los señores que tuvieron la bondad de acompañarlo a esta agradable excursión.

Diario EL SOL Calbuco 13.10.1900

sábado, junio 06, 2009

NUEVO BLOG DE CAICAEN


HOY 06 DE JUNIO DE 2009 CAICAEN INAGURA LA PAGINA DE HISTORIA INMEDIATA "PALO GRUESO HISTORIA Y REGION".

UN LUGAR CON LAS NOTICIAS QUE LA PRENSA ESCAMOTEA O DISTORSIONA,
UN ESPACIO PARA EL DEBATE REGIONAL
UN COMPROMISO CON LA HISTORIA INMEDIATA
UN COMPROMISO CON LOS PUEBLOS DE NUESTRA AMERICA MORENA
UN GARROTE CONTRA LOS ABYECTOS Y ESPUREOS
COLABORA DESDE TU ORGANIZACION.

SALUDOS DE CAICAEN HISTORIA Y FOLKLORE DESDE LAS ISLAS


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domingo, mayo 31, 2009

EL CACIQUE CAYENEL

¿EXISTIO ALGUNA VEZ UN CACIQUE CAYENEL?


El cacique Cayenel es invocado por algunos portomontinos como un guerrero que “pertenecía a la comunidad de los juncos y en compañía de los indígenas que habitaban Río Bueno, Purranque y las cercanías del lago Llanquihue, formaron un respetable contingente que al cabo de tres años consiguió reducir a cenizas la ciudad de Osorno. Posteriormente, el señalado jefe aborígen estableció su campamento en una amplia playa formada en la desembocadura de un río que descendía por la actual calle Lota”. Según esta aseveración (no se indica la fuente documental) habría participado en estos sucesos por 1599-1601.


Otra versión lo hace participar en la rebelión de los indios sometidos a encomienda de Chiloe en 1712. Lo que dá este personaje una notable longevidad. (Tampoco se citan las fuentes). En esta rebelión también se ha establecido un dudoso constructo “histórico”: El rapto de la imagen de San Miguel desde el fuerte de S. M. de Calbuco por los indios reyunos, fieles vasallos de Su Magestad.


Entonces Cayenel participa en muchos combates y se queda a vivir cerca de los españoles, en un pantano, como era la vega del estero Carinel, con toda impunidad


Huellas documentales del Cayenel antes de la colonización alemana existen en una concesión de tierras a Velazquez “,Ilque, Carinel, lo de Guar..,” en 1690 y una referencia en el Diario de Thomas O’Higgins en 1791 donde los indios reyunos recuerdan el camino a Osorno que partía “desde Caenel”. Creemos que el nombre Cayenel efectivamente es un epónimo como Melipulli, Coihuin, Guar. Pero las hazañas descritas por los historiadores, al parecer son antojadizas invenciones. Aunque no faltará quien diga que lo recogió oralmente de la tradición de un antiguo habitante.


JOSE D. MANSILLA

lunes, mayo 25, 2009

SIMPOSIO CHARLES DARWIN 1809-2009 EN SPACH

LA SOCIEDAD PALEONTOLOGICA DE CHILE SPACH CONMEMORA EL BICENTENARIO DEL NATALICIO DE CHARLES DARWIN CON UN SIMPOSIO EN LA BIBLIOTECA DE SANTIAGO


El evento se realizará el próximo sábado 30 de mayo desde las 11 horas en la Biblioteca de Santiago, Matucana 151 (Metro Quinta Normal).

CRONOGRAMA:


AUDITORIO


11:00.- Ph. D. Milton Gallardo : "La espiral de la vida: Evolución"


SALA DE CONFERENCIAS:


14:00.- Historiador José Mansilla: "El viaje de Darwin en el Beagle: Su paso por Chiloé y Aysén"


15:00.- Lic. Martín Chávez: "Los fósiles de Darwin"


16:00.- Ing. Carlos Gana: " La selección natural desde la perspectiva del cambio climático"


Entrada Liberada. Inscripción e informaciones: www.spach.cl

domingo, abril 26, 2009

CALBUCO Y EL MAR


CALBUCO Y EL MAR

JOSE D. MANSILLA ALMONACID
Historiador


Las islas y costas continentales calbucanas tienen su destino atávicamente unido al perpetuo rumor del mar. La Historia de los golfos profundos de Ancud, Reloncaví y los pasajes marítimos está intrincadamente enlazada con la Historia de Calbuco, la ciudad de los Cuatrocientos años.


En los orígenes del poblamiento insular, los hombres llegaron en sus precarias embarcaciones en su deambular por las costas o merodeando las playas en busca de recursos. En el mar interior que llamaron Ancud, Calbuco, Reloncaví, Guafo encontraron una geografía más hospitalaria que aquellas costas que enfrentan el mar abierto.


Se transmitieron por herencia la sabiduría de la navegación, grabando en la mente las rutas y las estrellas para alcanzar los piélagos, nombrando cada puntilla, canal, islote o bajío. Los archipiélagos acogieron al hombre que permaneció en ellos pesar de los vientos y el cernidillo constante.


Pasaron miles de años, porfiadamente las olas lavaron y amontonaron guijos en las playas.

Calbuco es entrevisto por los invasores españoles cuando el poeta Alonso de Ercilla arriba al Reloncaví o golfo de Calbuco. En su poema La Araucana describe las islas y navega entre ellas, instalando la descripción geográfica del archipiélago calbucano en las páginas de la literatura universal.


Una apacible madrugada de un domingo de octubre, en el marco del 1er Seminario de Historia de Calbuco, con el mundialmente famoso patrimonialista Don Hernán Montecinos -quién quería ver el amanecer en Calbuco- contemplábamos desde La Picuta la magnífica guirnalda de cerros y volcanes de la cordillera que se alza sobre el agua y las islas, frente a Calbuco. La conversación giraba en torno a Braudel y su concepción histórica sobre la mediterraneidad; concluyendo -muy a priori-, sobre su aplicación en nuestro mar calbucano, chilote:


También por estas rutas marítimas, su borde costero y las crestas de sus olas, empujadas por el viento, volaban raudas chalanas cargadas de papas, carbón, leña, mariscos. En tiempos prehispánicos los poyas cordilleranos en caravanas de llamas bajaban hasta Ralún cada verano para comerciar con chonos y huilliches. Intrépidos buscadores de míticas ciudades perdidas en las profundidades de la Patagonia surgen desde Calbuco para remontar los pasos cordilleranos frecuentados por indios vuriloches. Los indios reyunos de Caicaén y Abtao, navegando en sus piraguas conducen misioneros, se instalan con un fuerte en Aysén en la Isla Tenquehuén, navegan hasta Valparaíso para reclamar sus derechos pisoteados; recorren todo Chiloé en la recolección de los tributos al Rey.

Son remeros calbucanos la avanzada que explota los alerzales continentales, remolcando los tablones hasta las playas de Calbuco, fueron boteros calbucanos los que inician el repoblamiento del piedemonte costero andino en los potreros de Ralún, Hualaihué, Contao, Rolecha, Llancahué. Fueron avanzads de calbucanas los que se instalaron en Melipulli, mucho, mucho antes de la colonización alemana. Las lanchas veleras conducen los productos agromarinos a Ancud, Puerto Montt. Los piratas antiguos y modernos evolucionan en sus costas. Hay reyes del alerce, ciprés. Los alerceros calbucanos remontan el río Lenca, Chamiza, Puelo. Los "gatos" guarunos ayudan en las exploraciones hidrográficas de Vidal Gormaz en el sector continental.


Cuando llega el ciclo conservero, lanchas y chalupas cargadas de cholgas, piures, locos, sierras viajan desde las Guaitecas a Calbuco. Barcos cargados de abono calizo parten desde Calbuco para nutrir las tierras flacas de otras latitudes. Después vendrán los cultivos marinos de cuelgas, los criaderos de salmones, etc. Sin dejar de citar el esforzado trabajo de decenas de pequeños armadores de lanchas que hacen el cabotaje entre las islas, la ciudad y el continente.


En este apretado recuento se nos quedan en el flash de la memoria algunos nombres y hechos:
El armador Ditzel, la Historia de la barca Tinto, los lanchones de las conserveras: Jorge II, La Vega I y II, La Ines, las lanchas Dalmacia, Nelson, Mercedes, Auristela, las veleras de los Loncones, el Dalcahue, primer barco factoría de elaboración de conservas que estuvo en Puerto Aguirre, de propiedad de Mateo Cabrera. La esforzada vida de los buzos calbucanos en las Guaitecas: los famosos guaitequeros, los pescadores artesanales, los balseros de la Punta Blanca y San Antonio, Carelmapu, los mariscadores del banco de Pucari, el Rosario, el bajo Corvio.


Para cubrir el período de más de cuatrocientos años el recuento es largo y siempre queda algo en el involuntario olvido. Esta historia del mar calbucano es la que falta por contar. Apenas existen unos o dos trabajos sobre el tema. Gallardo ha escrito sobre los arquitectura naval y Vivar la llegada de los pescadores de la V Región a Calbuco. Pero falta enfrentar el tema, en su aspecto social, económico, el fenómeno cultural de la sobrevivencia de Calbuco gracias a la explotación de su mar, la terrible contaminación ambiental producida por la sucia industria salmonera. He ahí un gran tema histórico, que tal vez se pueda enfrentar colectivamente por los historiadores calbucanos, con un marco teórico bien orientado.

domingo, abril 19, 2009

JOSE D. MANSILLA ALMONACID




ACLARACION PUBLICA:

DE UN TIEMPO A ESTA PARTE HAN APARECIDO EN BLOGS DE DIARIOS
ALGUNAS OPINIONES CON LENGUAJE DE BAJA ESTOFA FIRMADOS POR

jose mansilla almonacid.
Jose Mansilla Almonacid

ACLARO Y DECLARO PUBLICAMENTE QUE NO TENGO
ABSOLUTAMENTE NADA QUE VER CON ELLOS,
Y QUE NO PARTICIPO EN LOS DEBATES BLOGUEROS
DE CIERTOS DIARIOS.

JOSE D. MANSILLA ALMONACID

¿YA VIO "EL DIARIO DE AGUSTIN"?

domingo, abril 05, 2009

LA PARROQUIA SAN CLEMENTE ENTRE LOS RIOS



La Parroquia San Clemente Entre los Ríos

José D. Mansilla Almonacid







LOS PRIMEROS ANTECEDENTES de la creación de la parroquia se remontan hacia el año 1856 y se refieren a la visita del Arzobispo de Santiago a la región.

Para dar cumplimiento a lo dispuesto en el Concilio de Trento el Arzobispo de Santiago don Rafael Valdivieso inició en 1854 una visita pastoral a su diócesis. En la tercera etapa de esta visita el prelado llegó a la ciudad de Talca en 1856. Allí se enteró de la gran dificultad que tenía el párroco talquino para atender toda la grey diseminada en el sector oriental y cordillerano de Talca. También se hicieron presente varios residentes de estos parajes, quienes le solicitaron al señor Arzobispo la creación de una parroquia separada de la de Talca; ofreciendo su colaboración para realizar tan deseada obra. En todo ello convino el cura párroco de la ciudad de Talca, don Miguel Rafael Prado, uno de los grandes gestores de esta iniciativa.

Sin embargo dos hechos vinieron a postergar la creación de la futura parroquia de San Clemente:

a) Mientras el Arzobispo Valdivieso se encontraba en Talca se inició en Santiago el incidente conocido por la Historia como "la cuestión del Sacristán". Situación que generó un conflicto de competencia jurídica entre el Estado y la Iglesia. El asunto alcanzó ribetes de divisionismo en la sociedad chilena creándose bandos que apoyaban, unos al Estado y otros a la Iglesia, estando el Arzobispo a punto de ser desterrado .

b) El segundo aplazamiento se debió a que -calmadas las animosidades- el Arzobispo inició un peregrinaje a Roma, para visitar al Santo Padre y luego fue a la Tierra Santa. Estaba de regreso a Chile en marzo de 1861.

A partir de esa fecha, tanto las autoridades eclesiásticas como el vecindario rural cordillerano de Talca, iniciaron francas y decisivas gestiones para la erección de la parroquia.

Un hito concluyente para la fundación lo constituye la obtención de los terrenos donde se levantaría el templo parroquial.

Dos piadosas señoras, doña María del Carmen Salcedo y doña Pilar Salcedo -a quienes la comunidad san clementina no ha rendido el merecido tributo a su memoria- donaron, según Escritura Pública Nº 184 del Registro Notarial de Talca del 20 de junio de 1861, “cuatro cuadras de terreno con agua, en el título de Palo Seco, en la Subdelegación de Los Litres, en favor de la Iglesia Parroquial, a orillas del camino entre la Cordillera de los Andes y la ciudad de Talca” .

A su vez, las autoridades eclesiásticas hicieron las consultas al Supremo Gobierno sobre la creación de la parroquia; comunicando el 26 de septiembre de 1864 el señor Ministro de Justicia que en lo tocante a la administración civil no habría inconvenientes por la creación de una parroquia en esos territorios .

La respuesta de la comunidad no se hizo esperar y se inició la construcción de las casas parroquiales. Se habilitó el cementerio, y se cercó un terreno donde se construyeron unas pesebreras para la mantención de las caballerías del cura párroco.

Con todos estos antecedentes en mano y considerando el aumento de población en esos contornos el arzobispo de Santiago don Rafael Valentín Valdivieso en uso de su jurisdicción diocesana y en conformidad a lo dispuesto en el capítulo cuarto de la sesión 21 del Concilio de Trento separó de la Parroquia de Talca una porción de su territorio y en él instituyó y erigió una nueva Parroquia con el título de San Clemente Entre Los Ríos, fijando sus límites y colocándola bajo la protección de San Clemente, Papa y Mártir, asignándolo por su santo titular .

El decreto de fundación de la parroquia, emanado del arzobispo que fuera la figura más sobresaliente del episcopado chileno en el siglo XIX, fué firmado y fechado en la ciudad de Santiago el 21 de Marzo de 1864 .

En el mismo documento se le conceden todos los privilegios y exenciones que correspondían a las iglesias parroquiales; como pila bautismal, sagrario, campanario con campanas y todas las demás insignias propias de las Iglesias Parroquiales.

Contrariamente a lo que se cree, el Arzobispo Valdivieso no ofició misa ese día en la Parroquia de San Clemente. Primeramente porque se encontraba en Santiago; y segundo porque el templo parroquial no estaba construido.

Sólo en 1868 el Arzobispo visita de nuevo la región maulina para colocar y bendecir la primera piedra del Seminario San Pelayo de Talca (6).

Hemos revisado pacientemente los Libros Parroquiales donde se anotan los autos de las Visitas Eclesiásticas a la parroquia y no hemos encontrado huella o testimonio de una visita pastoral del arzobispo Valdivieso a San Clemente. Creemos que un acontecimiento de esta naturaleza tendría que haber quedado registrado en los documentos parroquiales, tan nítidamente como lo está en la visita de otros prelados.

En abril de 1864 la autoridad eclesiástica nominó cura párroco de San Clemente al sacerdote don Manuel María Novoa. El 13 de abril del mismo año tomó posesión de su cargo, ya que en esa fecha aparece recibiendo los primeros Libros Parroquiales de manos del cura y Vicario Foráneo de Talca don Miguel Rafael Prado .

Instalado en las casas parroquiales, don Manuel se abocó a administrar los sacramentos, visitar su grey en la dilatada y difícil geografía del curato y dirigir la construcción del templo parroquial.

Tomado del Diario EL CENTRO Talca, 13.10.1996

miércoles, marzo 18, 2009

LA COLONIA DE LLANQUIHUE




RECUERDO HISTORICO DE LA COLONIA LLANQUIHUE

Por BELISARIO GOYCOLEA

En 1910 el notable hombre público calbucano don Belisario Goycolea, -Regidor y Alcalde Subrogante de la Ilustre Municipalidad de Calbuco, redactor de El SOL primer periódico calbucano, representante del Partido Liberal, amigo personal del Presidente don José Manuel Balmaceda-, escribió esta notable pieza histórica que reproducimos parcialmente en este espacio. Con este trabajo y sus crónicas, Don Belisario Goycolea es uno de los pioneros de la creación histórica en Calbuco.

[FRAGMENTOS]

Cuando en mi niñez conocí por primera vez el serpenteado y tranquilo canal de Tenglo, pisando enseguida la playa que riega el río Cayenel y observando después aquellas taimadas selvas que servían de muralla a las encrespadas olas del verano, nunca pensé ni me lo figuré siquiera que en el transcurso de 50 o más años, se levantaría hoy día en la planicie de aquel solitario paraje, la verdadera Cineraria del Sur, o sea, una hermosísima y elegante ciudad que, mediante la perseverante atención de sus mandatarios y el constante trabajo de sus moradores, unido al floreciente desarrollo de sus industrias y comercio, se ha extendido y acrecentado de una manera asombrosa, más allá de la pequeña área plana de terreno que se descubrió en aquel entonces al golpe de la afilada hacha de los isleños y de los habitantes de las costas vecinas, cuyo vigoroso brazo en esta clase de trabajo, no ha tenido rival en nuestro país.

Recuerdo todavía el estruendo que daban al caer aquellos colosales muermos, mañíos, lumas y laureles, cuando eran derribados por los adiestrados hacheros, bajo la acertada dirección del activo y laborioso Agente de Gobierno, don Vicente Pérez Rosales, quien desde un corpulento tronco de arrayán de caprichosa figura, que hizo labrar en forma de silla en la esquina oeste de la actual plaza de Abastos, observaba atento aquella peligrosa faena.

Procedía así el empeñoso Agente porque esperaba un gran número de inmigrantes extranjeros, de no escasa cultura, cuya fama de reconocido talento los unos, de buenos industriales los otros y de magníficos agricultores los restantes, presagiaba el futuro progreso y la firme y segura formación de la colonia de Llanquihue.
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Un mes después, utilizando los calores de diciembre del año 1852, se ponía fuego a la derribada montaña, fuego que ayudado por el viento sur, se extendió con rapidez hasta cien metros más arriba de las cumbres, quedando como testigos de aquella devastación y de aquella hoguera, más de dos mil troncos que parecían un disperso regimiento de africanos.

Hecho todo esto, se trazó provisionalmente con estacas blanqueadas, el primitivo plano de la ciudad, sin desperdiciar el terreno fangoso que cubría el Cayenel y sus tributarios, construyéndose enseguida un gran galpón en lo que es hoy día la Plaza de Armas.

Días después, con más de cien hombres de las islas Maillen, Huar y costa de Huelmo …., mezclados con otros cien de Chiloé, se principió a arrancar los troncos en la parte plana y se procedió, acto continuo, a la construcción de una gran casa para el Agente y demás empleados, con piezas para oficina y dos grandes salones, en el mismo sitio donde está la Intendencia y Tesorería; otra casa de rara figura para Escuela en la esquina de Schwerter, frente a la plaza; un cementerio general en la cumbre donde existe la Escuela Normal de mujeres, que ostentaba en su fachada un gran letrero obsequiado por los marinos del bergantín de guerra “Meteoro”.

Se principió también la construcción de una Capilla al norte de la propiedad Rotter, al sur del río Melipulli, río que utilizó para molino el industrial y comerciante a la vez, don Agustín Cantín. Por último, se trabajó una Cárcel de forma octogonal en el cerro que va al cementerio general, cárcel que mas tarde vimos gobernada por un negro bien grande que daba miedo, pero que temblaba cuando se ponía al frente del Juez Gundián o del Intendente Del Río. Tan agreste era el negro Alcalde, que el infame y grande asesino Coronado, tembló al verle la figura y lloró cuando fue encerrado por él en un calabozo para pagar sus crímenes con su vida en la falda del cerro de la cárcel, bajo la certera puntería de un piquete de línea que vino desde Valparaíso.

Las personas que resolvieron quedarse para formar parte de la nueva población, hicieron casitas provisionales y ramadas con tablas de alerce, en forma de pirámides o conos, rivalizando los nuevos pobladores en sus trabajos con entusiasmo tal que a fines de enero había algunas casas bien hechas en las calles Varas y Urmeneta, por cual Melipulli, parecía ya una ciudad de puros chilotes, sobre todo en el día que fue bendecida la piedra fundamental, por mano del prebendado de la Catedral de Ancud don Miguel Sevilla. La bandera de Chile estaba enarbolada ese día hasta en las carpas de ramas. Por esto, la ciudad de Puerto Montt celebra entusiasmada y con justísima razón el día 12 de febrero.

Días después quedaban definitivamente cerrados todos los sitios concedidos a los nuevos pobladores, señalándose un cuarto de manzana a los que podían edificar casa de dos pisos y un octavo a los que edificaban de uno. Entre estas concesiones, obtuvo don Felipe Santiago del Solar [Hermanastro de V. Pérez Rosales] una manzana de forma casi rectangular en lo que es hoy Hotel de la Marina.
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Cabe recordar aquí, el noble proceder del coronel don Benjamín Viel, quien, impuesto de la escasez de terrenos para posesionar a los colonos por causa de la fecha anticipada que ya hemos dicho, dejó sin efecto un contrato que había celebrado con la Municipalidad de Valdivia, cuyo acto de generoso desprendimiento abrillantó su espada de guerrero y cubrió de fama su limpia frente de chileno.
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Asimismo, y no menos habría quedado por los suelos la empeñosa y activa labor de don Bernardo Philippi, cuya palabra se conquistó tanto crédito en Berlín, cuando aseguraba en la prensa y en las revistas que Chile tenía inmensas y feraces tierras de cultivo, con un clima benigno, con bosques de variedad de maderas utilizables en las artes e industrias.

Un mes después de lo relatado respecto de la formación y base de la colonia, se tuvo noticia de la balandra correo Emprendedora que en Ancud había fondeado procedente de Hamburgo un buque con colonos para Melipulli, después de un viaje de cinco meses de penosa navegación.
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Debo agregar aquí, que las autoridades y pueblo de Ancud, comprendiendo el estado de postración y decadencia de ánimo que en los viajeros se dejaba ver a la simple vista, acordaron invitarlo a salir a tierra por unos días, para lo cual enviaron embarcaciones al costado del buque para desembarco, y mientras esto se hacía, las señoras preparaban alimentos frescos para obsequiarles en propia mano, a fin de reforzar aquellos aniquilados organismos tan debilitados por el inmenso malestar de un viaje tan largo y penoso.

Las señoras Sánchez de Alvaradejo y Oresqui de Andrade, fueron, según oímos decir, las iniciadoras de esta noble acción, que fue secundada por las señoras Moreno de Robles, Calonje de Andrade, de Gómez, de Pérez y de Molina.

Ocho días después fondeaba el buque en Calbuco, y aquí como en Ancud, se les hizo otro tanto, distinguiéndose las señoras Molina de Ramírez, Calonje de Ricardi, García de Mansilla, Pérez de Gómez, Olavarría de Silva, Díaz de Garay y Díaz de Gallardo.

Cinco días más tarde fondeaba en Melipulli el buque, desembarcando todos los colonos en 48 horas, siendo hospedados en el galpón que ya hemos dicho, prodigándoseles las atenciones que merecían y la alimentación diaria conforme a las circunstancias del caso. El agente del gobierno que era un hombre previsor, tenía provista unas bodegas con toda clase de víveres y alimentos, además del ganado que había depositado en la isla de Tenglo.

El número de colonos procedentes de Hamburgo y Corral, que llegaron en el espacio de un mes, más menos, alcanzó a 212, distribuidos como sigue:

Casados, 48 hombres
Casadas, 48 mujeres
Viudos, 1 hombre
Solteros, 14 hombres
Niños de ambos sexos, 103
Total, 212 personas.

Entre éstos venía un doctor en ciencias, un bachiller, un médico, un ingeniero, un oficial retirado de ejército, un pastor, varios industriales de distintas profesiones y oficios, un comerciante y el resto agricultores.

Voy ahora a referir ahora como se descubrió el lago Llanquihue, o sea, la antigua Purailla de los antiguos misioneros andinos.

Existía en Huelmo en aquel entonces, un respetable y honrado agricultor, que en su juventud había acompañado al Padre Menéndez en su expedición a Nahuelhuapi, antigua misión que tenía por vía el histórico camino Vuriloche, tan buscado después por don Guillermo Emilio Cox y por don Francisco Fonck desde todas las orillas y planicies del Reloncaví y sus afluentes.

Llamábase éste José Antonio Olavarría y Téllez, antiguo Fiel de Fechos del gobierno español en Calbuco cuyos actos de tal hemos visto en el Archivo de la Notaría de ese pueblo.

Olavarría, al regresar con el padre Menéndez por el lago Todos los Santos faldeando el cerro Calbuco para bajar a Ralún o Petrohué, avistó el hermoso lago, cuyo desaguadero es el río Maullín.

Existía también en Cancura un indio muy afamado como talador, cuyos conocimientos prácticos de orientación y posición precisa, en medio de las montañas, superaban a la acción de la aguja magnética, pocas veces desmentida.

Los que hemos entrado en medio de los bosques, podemos darnos cuenta de que es muy fácil perderse en la espesura, pues hay momentos en que no se ve el sol ni el correr de las nubes.

Este indio había visto el lago en dos ocasiones con motivo del rodeo de sus animales en los meses de septiembre de cada año.

Pérez Rosales que todo esto lo supo, invitó a Olavarría para que los acompañara en la apertura del camino de Puerto Montt a la laguna, oficiando a la vez al Gobernador de Osorno para que el indio lo ayudara como guía, mediante el pago de cierta suma de monedas de oro.
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Pérez Rosales, como ya hemos dicho, era un hombre enteramente previsor y muy ilustrado. Sin embargo, y a pesar de sus conocimientos sobre exploraciones y descripciones antiguas sobre la materia, no se atrevía por sí solo a llevar adelante la difícil apertura del camino, o sea, el sendero para llegar al lago.

Convencido el Agente de Colonización con Olavarría y el indio –cuyo nombre no recuerdo- se encontraron cincuenta hombres de las islas vecinas y de Lemuy, todos provistos de hachas, machetes, guarros y esquero y su provista maleta que terciaban a la espalda.

Listos para la marcha la caravana subió por la cuesta al lado sur del primitivo cementerio, adhiriéndose a esta comitiva, dos valientes colonos apellidados Lincke y Wehle, internándose en los primeros días de marzo y con rumbo al norte según las circunstancias o configuración del terreno, hasta el río Tres Lapas, haciendo como señal en un gran trozo de alerce, tres cavidades donde comieron la mejor “ulpada”; y aquí el origen del nombre de aquel río.

A los ocho días de constante trabajo por jornadas, en aquella espesura, cuyos dominios disputaban el temible león, la astuta zorra y el agorero chucao, se dispararon como de costumbre cuatro tiros de fusil para anunciar la hora de comida y de descanso, faltando a esta cita los dos animosos colonos, que en su juventud se habían internado mucha veces en las montañas de su patria nativa. Acto continuo se renovaron las descargas para orientar a los dos que faltaban, medida que no surtió efecto, pues a las diez de la noche se creyó que Lincke y Wehle se habían quedado durmiendo al calor del fuego no a mucha distancia, pues tenían fósforos y víveres para el día.
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Impresionado, Rosales por este acontecimiento, ordenó regresar a uno de los mozos a Puerto Montt, conduciendo una carta escrita con lápiz para el comandante del “Meteoro”, en que le suplicaba hiciera descargas de cañón cada media hora y durante todo el día.

Pero ¡oh suerte!, ni con los cañones del buque, ni con las demás diligencias hechas en las montañas, se pudo tener noticia del paradero de aquellos denodados extranjeros cuyos huesos fueron encontrados quince años después cerca de la chacra de Binder como para significar el más grande tributo rendido a su nueva patria y a su arrojo.

Más incorporado el Agente al otro día, bajo la responsabilidad que le cabía como hombre y como jefe, en la obra que se había propuesto llevar hasta su conclusión, no sin abandonar la esperanza de encontrar a los colonos, siguió su trabajo hasta que una hermosa mañana de la mitad del mes de marzo y a las 11 A. M. refrescó su corazón bebiendo un jarro de agua del lago Llanquihue, que fue su más grande aspiración conocer, creyendo ver en aquellas orillas o riberas, terrenos apropiados para el cultivo, o al menos encontrar un lugar para la formación de otra colonia.

Como se ve, las aspiraciones o anhelos del incansable Agente de la colonización se cumplieron conforme a sus deseos y él lleno de contento con el inapreciable hallazgo de aquella hermosa comarca, denominó la orilla riberanas del sur del lago, donde hoy se ostenta un gran pueblo, con el nombre de “Puerto Varas”, para eternizar la persona, el nombre de aquel gran Ministro del Interior, quien meses después, en su carácter de jefe del gabinete, dispuso que el otro paraje llevara el nombre de “Puerto Rosales”.

Antes de la entrada del invierno, se hizo un repaso en el sendero abierto para hacer el viaje con más facilidad el lago.

Hecho esto, se concluyó una cómoda falúa bajo la dirección de don José María Gutiérrez y del carpintero Pacheco, que vivió en la cumbre de Maldonado al lado sur de del Torreón de los Padres Jesuitas de Puerto Montt, hoy felices por su esforzado trabajo y economía, santa virtud que muchos reconocemos y que otros pocos tachan por envidia o por sectarismo.

Concluida la gran falúa, se tripuló con seis buenos remeros y dirigiéndose con rumbo al norte un día despejado de sol, después de rodear dos puntas bastante salientes, llegaron frente a una península que llamaron Centinela, la que cubre la bahía o puerto al que dieron el nombre del marino que los acompañaba, Muñoz Gamero cambiando después no sé por qué causa por el Octay, haciendo desdén puede decirse a la memoria de uno de los buenos servidores de nuestra patria.
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En consecuencia, y como para animar los lacerados corazones de aquella falange de resueltos extranjeros ávidos por entrar a la lucha por la vida, pidió la creación inmediata de dos escuelas, una viceparroquia, un cuerpo de policía, un ingeniero, una subdelegación y las demás autoridades dentro del radio de su provisoria jurisdicción, designándose para estos cargos al doctor Geisse y Descouvieres al capellán don Antonio Barrientos, el señor Decher, a Günther, a Olavarría Javier y a Mansilla Garay como subdelegado.

Veinte días después de la expedición de Pérez Rosales al Lago se contrataron embarcaciones para conducir y radicar algunos colonos a Ilque, Huelmo, Chamiza y Coihuín.

Existía en Coihuín un tal Villarroel conocido con el nombre de “Chompa”, a quien por ser leguleyo y tinterillo de mal cuño, le cortaron a oreja derecha después de una contienda judicial en que fué vencedor, mediante el despecho y criminal actitud de cuatro jureros que en aquellos tiempos de mapuche se compraban por una libra de tabaco de contrabando, cosa que en el día también se hace, pero teniendo que hilar bien delgadito los tinterillos en las audiencias de prueba.

Sigamos: “Chompa” que era ducho y amigo de conservar sus papeles tenia en una caja de sus antepasados, que rezaba solamente veinte cuadras de extensión, pero el tal título, como todos los antiguos tenían por linderos de sur a norte todo lo que la vista podía abarcar, desde las orillas riberanas hasta las mas altas cumbres, y por el otro lado, desde el río tal hasta la punta más saliente de la costa.

Parapetado con este documento, se presentó el señor Pérez Rosales diciendo ser dueño de Melipulli, y por lo tanto, no permitía se llevará adelante el establecimiento de la colonia, mientras no se le pagara en oro recién salido, $10.000 al contado.

Impuesto el agente del famoso título, desechó de plano tamaña pretensión, como igualmente la proposición, siguiendo adelante y con más entusiasmo su obra de poseedor primitivo, bajo el amparo de la Carta Fundamental de nuestro país, y de las leyes y demás disposiciones supremas vigentes, que rejían en aquel tiempo. Al presente, el Código Civil nos habla bien claro sobre las tierras del Estado.

Enojado Villarroel por este percance o gran desengaño, con el que veía frustradas sus ambiciones, se dirigió a Santiago, contrariando los consejos del Gobernador y Alcalde de Calbuco don José Ramírez y don Manuel Silvestre Ricardes.

Dos meses después de lo anterior, el Presidente don Manuel Montt y en presencia de su ministro don Antonio Varas, recibía en audiencia privada al propietario Villarroel y después de oírlo y ver sus títulos de dominio, le dijo que no tenía más derecho que a las veinte cuadras cuadradas, pero que si cuidaba y ayudaba al Agente Pérez Rosales y a los colonos, le daría una hijuela de terrenos sobrantes para cada uno de sus hijos varones, oferta que más tarde fue cumplida al pie de la letra.

Siempre adelantado por la senda del progreso, galardón siempre concedido al trabajo, con fecha 27 de junio de 1853, la pobre colonia de Melipulli fue bautizada con el nombre de Puerto Montt, cabecera de la provincia de Llanquihue, cuyos habitantes, tanto extranjeros como chilenos, obtuvieron del Supremo Gobierno la gracia de ser inscritos en los Registros Electorales del Departamento de Carelmapu, para tomar participación en las elecciones del año 1855, en que salió triunfante la candidatura de don Sótero Gundian.

Y este Puerto Montt que después de Pérez Rosales fue acrecentándose rápidamente por la activa labor de sus inteligentes y anhelosos mandatarios, como lo fueron don Gaspar del Río, don Manuel Blest, don Mariano Sánchez Fontecilla, don Manuel Mansilla Velásquez y don Felipe Santiago del Solar.

Tal era el rápido vuelo de su progreso y adelanto e desde la Administración del señor Del Río, principiaron a llegar los vapores y buques de vela trayendo y llevando mercaderías nacionalizadas y maderas y productos respectivamente.

El vapor Bío-Bío, con sus ruedas al costado y su gran balancín en el centro, condujo las primeras mercaderías desde Valparaíso, y el bergantín Eclipse mandado por el capitán Davis que concluyó su vida con su jardín en Ancud en la propiedad de Torres y Le Fort, fué el primero que llevó maderas a Valparaíso para la barranca de don José Salamanca.

Más tarde, cuando ya se establecieron las máquinas a vapor de Prochell, de Dartnell y Gatwis y todas las demás industrias y oficios, tomaron incremento junto con la agricultura; el comercio tuvo un agitado movimiento y las artes un arranque pocas veces visto.

Entonces vimos llegar cada mes al vapor “Cloda” y arribar la barca “Elisa” y otros buques más de enorme tamaño, como la fragata “Liguria”.

En esta época fue cuando vimos circular los cóndores y monedas de buena plata, por los enormes durmientes para el ferrocarril de la Oroya, contratado por Meiggs, si no nos equivocamos. Por cuatro durmientes de alerce se cambiaba un quintal de harina de Santiago, y por uno se conseguía un galón de aguardiente de chancaca de la fábrica de Nicolás Mena de Valparaíso.

Y después de todo esto, como para llamar la atención de los viajero, vemos allí, lucidos y sólidos edificios fiscales que pretenden hacer competencia a los muy hermosos, de propiedad particular, colegios de primer y segundo orden para la enseñanza primaria y secundaria, debido los primeros a la Administración de Balmaceda, ese gran hombre que supo mantener el principio de autoridad y que dejó rellenas las arcas nacionales, según el dicho casi general de la prensa de nuestro país, y del extranjero que son el balance justiciero de los actos de los hombres públicos es de gran valor las naciones.
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Hermosean el pueblo, tres grandes y bellos templos dignos del culto a que son destinados; un hospital bien montado a cargo de las dignas y renombradas Hermanas de la Caridad; un lazareto; dos cementerios, en que está vivo el recuerdo de los que cumplieron su misión en esta vida, tan llena de contrariedades; dos colegios para ambos sexos, regentados por as Hermanas de la Caridad y por los Padres de la Compañía de Jesús, en donde se recibe una educación bastante útil y provechosa.

A más de esto, posee la ciudad de Puerto Montt una regular Plaza de Abastos con comodidad para el Mercado en el primer piso y en el segundo un salón espacioso para la Municipalidad y sus oficinas, y otros para teatros de aficionados.

Dos clubes musicales que viven sin quebranto del concurso animoso de sus entusiastas socios. Un muelle fiscal para pasajeros con Oficinas para la Capitanía del Puerto y para resguardo Una Intendencia espaciosa y una Tesorería Fiscal de igual condición.

Fábricas y talleres de variedad de artefactos y artículos de consumo. Molinos de harina de flor y curtiembres, bien administrados que producen utilidad a sus propietarios, molinos para moler huesos que benefician la agricultura. Se fabrica también buena cerveza y aguas gaseosas de muy buena calidad, se preparan con bastante gusto y limpieza, buenos jamones y salchichas , queso charqui, mantequilla abundante en los vecinos, sin contar con la agradable preparación de repollos, zanahorias, coliflor y fréjoles que se hace en abundancia para el consumo en la primavera.

Tiene también Puerto Montt un varadero natural para embarcaciones de gran calado, favorecido por fundiciones, herrerías y carpinterías que hacen todas las obras y trabajos que reclaman los buques y su calafateo.

Buenos carruajes y carretas que recorren constantemente las calles y los caminos hasta el lago, el Salto y Coihuín.

En fin, hay que empezar como una verdad que no puede ser refutada, que Puerto Montt, a más de ser una ciudad moderna y bien plantada, ha sido dotada por la naturaleza para encanto de los viajeros y para placer de sus hijos, de una variedad de flores silvestres que aroman casi todo el año los campos de cultivo y hasta los centros de los bosques, y si a esto agregamos la variedad de lucidas y atrayentes flores que se cultivan en los jardines y en los curiosos maceteros, por manos de jóvenes niñas que se parecen a las mismas flores, tendremos que decir como el poeta:

“ Aquí todo es encantador,
en cada espacio hay una flor”.

Por último, la construcción del malecón, esta obra de varonil aliento que vendrá a dar extensión y ancho campo a la estación del ferrocarril y su maestranza, será a la vez el mejor atracadero para las embarcaciones, por su resistencia y solidez, sobre todo en las quietas y altas mareas.

Nos falta relatar, como conclusión, una coincidencia que sólo se presenta raras veces y esta es la que vamos a referir.
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Cupo al gran político y jurisconsulto, don Manuel Montt, en el período de su administración presidencial, decretar la fundación de la colonia de Llanquihue, haciendo traer de diferentes pueblos de Alemania, un contingente de ciudadanos laboriosos y honrados, dotados de los mejores conocimientos y cualidades para poblar el valle más conveniente y adecuado del Seno de Reloncaví, empresa que desde el primer momento tuvo muchísimos inconvenientes, a causa de la guerra que se le hizo tanto en Chile como en el extranjero.

Tenaz don Vicente Pérez Rosales en la prosecución de la gran empresa confiada a su honor y a su persona, sin que nada lo arredre, consiguió su objetivo y tuvo la dicha de ver quince años después, coronada su obra, recibiendo el premio de sus desvelos, con un asiento en el Senado de la República, en representación de la provincia de Llanquihue.

En esta visita que hizo Pérez Rosales a Puerto Montt, fué muy visitado y atendido por casi todos los vecinos de la ciudad y de los campos. Una tarde se hacía recuerdos del pasado en uno de los salones de la casa del Intendente; entonces sacó el dueño de casa de su gran cartera, una carta de don Antonio Varas que recuerdo decía las siguientes palabras: “Perseverancia amigo: llegará un día que nos harán justicia y entonces como ahora, aquí o allá, unidos en común abrazo, repetiremos: no nos pesa porque hicimos un gran bien”.

Y la verdad, no pudo el gobierno de aquella época, haber hecho una obra mas valiosa para los intereses generales del país.
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Calbuco, 6 de agosto de 1910